La Rioja extremeña

Villoslada de Cameros, pueblo de los López Montenegro. :: E.R./
Villoslada de Cameros, pueblo de los López Montenegro. :: E.R.

Visita a los pueblos cameranos de donde emigraron a Cáceres y Zafra

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Soria, Numancia, puerto de Piqueras, carretera en descenso llena de curvas, cruce a la izquierda y llegamos a Villoslada de Cameros. Un cartel anuncia que el ayuntamiento de este pueblo riojano «es un interesante edificio de influencias extremeñas con un balcón en esquina». ¿Qué hace una ventana en ajimez, tan trujillana, tan cacereña, en este pueblo perdido en el Parque Natural Sierra de Cebollera?

La ventana es la perla que corona una villa preciosa que desciende por la ladera hacia el río Iregua, cruzado por un puente medieval. Villoslada de los Cameros: casonas, palacios y mansiones que recuerdan el tiempo en que la comarca de Los Cameros tenía la renta por habitante más alta de Europa gracias a la lana y a las ovejas. Aquello fue en la Edad Media, hoy, Villoslada tiene 379 habitantes y es uno más de la veintena de pueblos de esta comarca ignorada, despoblada y bella.

Hemos llegado hasta aquí para conocer los pueblos desde los que llegaron a Extremadura cameranos que hicieron historia en Cáceres como la familia López Montenegro, propietaria del palacio de los Golfines de Arriba y anfitriones del general Franco en 1936. José Joaquín López Montenegro fue un importante ganadero trashumante que llegó desde Villoslada de Cameros a finales del siglo XVIII. Su descendencia ocuparía la Alcaldía y la presidencia de la Diputación de Cáceres.

Seguimos carretera adelante unos kilómetros y entramos en la provincia de Soria para conocer el único pueblo camerano de Castilla y León. Se llama Montenegro de Cameros y es una aldea con categoría de municipio, 57 personas y un índice demográfico espectacular: un habitante por kilómetro cuadrado. Desde aquí llegó a Cáceres, en 1775, José García Carrasco, que abrió el primer banco comercial de la ciudad donde hoy está el hotel Albarragena.

Era un hombre avispado y ambicioso. Tras trabajar como dependiente en una tienda de tejidos, fue protegido por la marquesa Cayetana de Ovando y Ulloa, con quien entra de sirviente en el palacio de la Generala para acabar, sin tener estudios, de Procurador de la Audiencia, enriquecerse, convertirse en el empresario más poderoso de Cáceres, abrir el banco y construir un barrio para sus trabajadores: las casas de Carrasco en Camino Llano. Pero dejamos la aldea de Montenegro y por una carretera empinadísima subimos hasta los 1.700 metros, descendemos por laderas escarpadas y llegamos a Viniegra de Arriba (1.181 metros de altitud, 42 habitantes, uno por kilómetro cuadrado) y a Viniegra de Abajo (887 metros, 78 habitantes, uno por kilómetro cuadrado). De las viniegras vino a Cáceres en 1805 otro camerano, Tomás Muñoz de San Pedro, que llegó siendo un trashumante más y enseguida se convirtió en respetado hidalgo, concejal influyente y empresario poderoso centrado en el comercio del ganado y la lana.

En Viniegra de Abajo, comeremos en el restaurante Casa Irene una menestra, unos caparrones con chorizo y tocino y un rico bacalao a la riojana antes de llegar a nuestro destino: el monasterio benedictino de Valvanera, que acoge desde la Edad Media a la patrona de La Rioja, Nuestra Señora de Valvanera, virgen muy venerada en los Cameros, tanto que trajeron su devoción a Extremadura, en este caso a Zafra, donde la Virgen de Valvanera es venerada en la colegiata de la Candelaria y los cameranos fueron protagonistas importantes de la vida comercial y política segedana.

En la hospedería del monasterio de Valvanera, rodeados de bosques y montañas, culminamos el viaje. En su claustro, unos paneles informan de que los frailes tenían en el año 1565 un total de 3.870 cabezas de ganado trashumante y un monje destinado en Extremadura para administrar ese ganado, que pastaba en las dehesas de Cáceres y pagaba la mitad del diezmo de corderos y lana a la diócesis de Coria. Tiene su punto encontrar tanto de Extremadura en estas sierras imponentes, perdidas y despobladas de La Rioja.