Un hombre con un pantalón corto por toda vestimenta estira los músculos de las piernas y a su lado, un perro que ni ladra ni huele ni mira a los desconocidos que acaban de llegar se entretiene saltando entre las rocas que rodean al charco Campesino. El hombre, que viene de correr, conoce la zona, y quizás porque busca tranquilidad, ha pasado de largo de la piscina natural de Villanueva de La Vera, que queda un par de minutos en coche más abajo. Este hombre y este perro, a las once de la mañana de un día laborable, además de dar envidia insana, podrían figurar en un diccionario ilustrado junto a la palabra felicidad.

La pena es que no tiene pinta de que el asador que hay justo al lado vaya a abrir este año, como tampoco lo hizo el verano pasado. Anuncia cochinillos al horno, que podrían ser disfrutados a la sombra de un enorme castaño que hay en el jardín. En fin, el paraíso no siempre es perfecto. Lo que no le falta al sitio son un par de nombres evocadores, palabra sonoras con su punto enigmático que calienten las ganas de viajar hasta allí para conocerlo. Una se la regala la cascada del diablo, que queda cerca, y la otra la garganta en la que está la piscina natural: Gualtaminos. Se accede a ella desde la carretera que atraviesa La Vera (la EX-203), está bien señalizada, y una vez que se llega, no queda mucho más que hacer que relajarse.

Piscina natural de Villanueva de la Vera, en la garganta de Gualtaminos. El lugar tiene una zona de césped, y al lado, un chiringuito con una amplia terraza. También hay socorrista y duchas. Al sitio se accede desde la carretera que atraviesa la comarca de La Vera (Ex-203). Está bien indicado. / David Palma

Es una piscina natural de las más cuidadas y equipadas de la comarca. Tiene, de hecho, lo que no tienen muchas: duchas, socorrista, zona de césped y un arenero por el que tienen querencia los niños. Y también un restaurante con terraza en el que una ración de gambón a la plancha cuesta 12,50 euros y unos huevos rotos, ocho; cinco euros una hamburguesa y tres un perrito caliente.

Cruza el puente que hay sobre la piscina un hombre en una bici de montaña, bien equipado, lo que da la pista de dónde estamos: un punto de salida, de llegada o intermedio, según se quiera, para rutas andando o pedaleando. Y un lugar rodeado de pozas, charcas, saltos de agua, baños... Esto es La Vera, algo así como el edén de las gargantas, del agua fresca y el bosque. Bien lo sabe el perro tranquilo.

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