Reto demográfico y equilibrio territorial

Hemos propuesto que las distintas administraciones puedan, por ejemplo, implementar medidas de incentivo fiscal para los territorios concretos donde los problemas se manifiestan con mayor intensidad, además de medidas de estímulo y apoyo al desarrollo de proyectos empresariales en el territorio

MARÍA MERCEDES VAQUERAPresidenta del Consejo Económico y Social de Extremadura

El pasado martes se presentaba en la Asamblea el informe 'Reto Demográfico y Equilibrio Territorial en Extremadura', un informe elaborado a iniciativa del Consejo Económico y Social que arroja interesantes conclusiones que serán ampliamente debatidas en el Foro del Reto Demográfico que se celebra hoy en Caminomorisco.

Unas conclusiones que arrojan que la incorporación de la mujer al mercado laboral y la larga crisis económica, desencadenada hace ya diez años, han provocado una bajada de la natalidad que traerá como consecuencia un descenso de la población que comenzará a mediados de este siglo.

En la actualidad, la población extremeña se encuentra estabilizada en términos cuantitativos, aunque en un proceso de deterioro estructural. Este deterioro podría suponer un riesgo para el mantenimiento de los índices de población, sobre todo una vez que la generación del 'Baby Boom' haya completado su ciclo biológico. Las razones de esta situación hay que buscarlas en un cambio de tendencia vegetativa que parece relacionarse con el cambio cultural y económico que ha experimentado la sociedad durante los últimos treinta años.

En este contexto, las políticas natalistas han supuesto una escasa incidencia sobre el problema, por lo que una de las soluciones la encontramos en la recepción de población inmigrante en el medio plazo, para lo que habrá que arbitrar políticas que posibiliten su integración en el mercado de trabajo en condiciones que justifiquen su llegada. Acciones que deberán completarse con políticas que auspicien la retención y el retorno del talento de quienes optaron por buscar un futuro fuera de esta región, así como con la implantación de medidas que favorezcan el aumento de la natalidad y que contribuyan a garantizar la igualdad en materia laboral y la conciliación familiar.

En Extremadura se están sentando las bases legales para que puedan desarrollarse proyectos empresariales que generen empleo y fijen la población al territorio en el futuro, no solo en las zonas urbanas, sino también en las rurales. Sin embargo, sigue existiendo una tendencia a la concentración de población en las ciudades que pone en peligro la viabilidad demográfica en el mundo rural, que representa una gran parte de nuestro territorio.

Para mantener la población en los núcleos rurales es necesario que se fortalezcan las cabeceras comarcales mediante el mantenimiento y la mejora de los servicios esenciales, y también de la producción agraria, de la fijación de su valor añadido en el territorio y, además, del desarrollo de una industria transformadora.

Para conseguirlo, hemos propuesto que las distintas administraciones puedan, por ejemplo, implementar medidas de incentivo fiscal para los territorios concretos donde los problemas se manifiestan con mayor intensidad, además de medidas de estímulo y apoyo al desarrollo de proyectos empresariales en el territorio que permitan a los ciudadanos desarrollar en ellos sus proyectos de vida.

Sin embargo, nada de esto será eficaz sin el desarrollo de infraestructuras de transporte, comunicaciones y abastecimientos adecuadas a nuestro siglo y al modelo económico actual. Las distancias hoy han dejado de medirse en kilómetros, y son los tiempos de desplazamiento los que hacen viable o inviable un territorio.

Con todo, el informe presentado por el CES, con la colaboración de la Universidad de Extremadura, concluye que esta comunidad, a diferencia de lo que ocurre en la mayor parte del interior peninsular, mantiene la práctica totalidad de sus pueblos habitados, dispone de una base agrícola que se mantiene viva, de un medio natural de indudable riqueza y diversidad, y de un patrimonio cultural que permite sustentar su desarrollo.

Por ello, debemos ser conscientes de que no estamos ante el peor de los escenarios. La situación no es buena, pero no es la peor, no es catastrófica. Estamos a tiempo de revertirla si asumimos la responsabilidad de afrontarla mediante un debate juicioso y sereno y la firme voluntad de extraer de él las conclusiones que nos permitan reorientar nuestros pasos hacia la solución.