«No somos una reserva india»

Ana Amores, alcaldesa de Ceclavín, en su despacho. : E. R. /
Ana Amores, alcaldesa de Ceclavín, en su despacho. : E. R.

Ana Amores, alcaldesa de Ceclavín, donde pierden vecinos y buses

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Mientras esperamos, la alcaldesa de Ceclavín atiende en su despacho a nueve personas, que llegan sin estar citadas y plantean problemas variados: colocar un contenedor de basura, chimenea que ahúma la ropa de una vecina, ciudadano al que le aparcan vehículos en la puerta de su cochera, madres que desean que apaguen más tarde la luz del parque para que los niños jueguen más tiempo. Así es el día a día de un alcaldesa de pueblo.

Ana María Amores Rodríguez (San Sebastián, 1974) es alcaldesa de Ceclavín desde las elecciones de 2015. Su padre era temporero hasta que se empleó en las obras del salto de Alcántara. Al acabarse el pantano, la familia emigró a San Sebastián. Su madre trabajaba en un matadero, su padre, en una empresa de la construcción. Regresan a Ceclavín, ella estudia interna en el Sagrado Corazón de Cáceres, después, Badajoz, San Sebastián, Santander y acaba regresando a su pueblo para casarse.

A los 18 años, ya era militante del PSOE. Su padre era concejal socialista en Ceclavín. Tiempos de emociones políticas y mayorías absolutas. Pero sucedió como en tantos pueblos extremeños: una pizca de desencanto, división en el partido y así llegamos a las últimas elecciones municipales, cuando Ceclavín fue el pueblo extremeño más pequeño con más candidaturas: seis. Ana, que es concejala desde 2003, lideró la lista socialista, que consiguió cuatro concejales y gobierna en minoría.

Ceclavín es uno de los pueblos de la provincia de Cáceres que ha sufrido recortes en el transporte público este verano. El autobús del pueblo recibía el paradójico e irónico sobrenombre de 'El Directo': iba de Cáceres a Ceclavín recorriendo media provincia y tardando dos horas y media. Aunque eso era en los años 60. Luego pusieron otra expedición por Acehúche, que los llevaba a Cáceres en poco más de una hora y les dejaba toda la mañana para hacer gestiones. Este verano, han vuelto los tiempos de 'El Directo' (viajes de dos horas y media recorriendo media provincia) y los ceclavineros se han convertido en ciudadanos estresados, que tienen tres horas para ir al médico y hacer gestiones antes de regresar a la una del mediodía en su 'Directo'.

«Eran más rápidas las calzadas romanas», ironiza la alcaldesa. «Ahora, en verano, están aquí los hijos y no ha habido muchas protestas, pero como esto siga así en invierno, va a ser terrible», avisa. «A Coria, tampoco tenemos buena combinación para ir a nuestro hospital de referencia. Tendremos que buscar la manera de crear un transporte de la mancomunidad», propone. «Está muy bien eso de luchar por el tren, pero el día a día de los pueblos es el autobús», desnuda la realidad.

¿Cómo es el trabajo de una alcaldesa en un pueblo rayano y lejano? Ana María responde tajantemente: «Quien nos apoya de verdad es la Diputación. Pero gobernar en este momento es más complicado que nunca por culpa de la ley de contratos y de las normativas y reglamentos, que solo ponen impedimentos e imposibilitan que los jóvenes puedan ser emprendedores».

La alcaldesa de Ceclavín cree que el PER es bueno porque fija la población y le ha permitido disponer de 240.000 euros para dar empleo a 90 personas en esta legislatura. «El problema es que en muchas casas ya hay una tercera generación del PER y, sin embargo, no hay oficios en el pueblo: faltan fontaneros, mecánicos, electricistas. Los jóvenes no pueden conformarse con el PER», intenta la alcaldesa despertar y concienciar antes de mostrar un punto de desesperación: «A veces, no encuentro trabajadores para contratar. Es como si no existiera paro real», señala.

Con las alcaldesas de Zarza y Acehúche, han pedido un ciclo de F. P. relacionado con lo que tienen: la tierra y el agua y su aprovechamiento turístico, ganadero, agrícola, ecológico... «No queremos ser una reserva india. Si quieren que lo seamos, nos tendrán que pagar para mantenerla, pero preferimos que nos enseñen a salir adelante», concluye.

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