«Tú reparte, que ya pago yo la multa»

Coches aparcados en doble fila en una calle de Cáceres. :: HOY/
Coches aparcados en doble fila en una calle de Cáceres. :: HOY

Las elecciones municipales reavivan los debates sobre tráfico y baldosas sueltas

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Las elecciones municipales son diferentes. Fíjense en Pontevedra, la ciudad de Rajoy, voto conservador de toda la vida, pero que desde 1999 tiene alcalde del Bloque Nacionalista Gallego, es decir, nacionalista y de izquierdas en una ciudad de tradición conservadora donde la fiesta más importante del año era el baile de debutantes del Casino y donde los cadetes de la Escuela Naval de Marín eran la fuente de todos los suspiros. Esa ciudad levítica, militar, señoritinga y conservadora se fue al garete cuando las carambolas de la política llevaron al poder a Miguel Anxo Fernández Lores. Y del garete resurgió Pontevedra para ser hoy referencia mundial de ciudad sostenible.

El doctor Lores gobierna en Pontevedra desde hace 20 años y el ordenanza Francisco Guarido, militante de Izquierda Unida, gobierna Zamora desde 2015. Que en Zamora, ciudad de derechas de toda la vida, mande un comunista es otra demostración de que las municipales son distintas. Para mí que las ciudades son como almas en pena en busca de un alcalde que las remueva, las cambie y les inocule entusiasmo. Es cuestión de suerte. Fíjense en Vigo: desde siempre, un ciudad sin mayorías, con concejales casi violentos y divisiones cainitas en los partidos. Pero de pronto ha aparecido Abel Caballero, al que conocí soso, serio, austero y sobrio y ahora no reconozco tan marchoso, ocurrente y mediático. Aunque lo importante es que ha cambiado el espíritu colectivo de su ciudad, que lo premia con mayorías tremendas nunca vistas en Vigo.

Esto de las mayorías absolutas en los ayuntamientos es un arma de doble filo. Pueden provocar despotismo y distanciamiento de la ciudadanía y de sus anhelos o pueden facilitar que vaya adelante un proyecto sensato que sirva de estímulo y desarrollo. La experiencia me dice que detrás de las ciudades-referencia, hay o hubo un gobierno sólido sin socios de gobierno que pusieran palos en las ruedas. Me temo que este no va a ser el caso en las ciudades de Extremadura así que habrá que soñar con equipos bipartitos o tripartitos que trabajen sin celos ni dogmas. ¡Uf!

Que las elecciones municipales son distintas lo noto paseando por las calles de Cáceres. Nunca me había parado tanta gente para comentarme dos cuestiones que no son de alta política, sino cotidianas, casi mínimas. Una es que las baldosas de las aceras se mueven, que son causa de múltiples esguinces y que, cuando llueve, te ponen perdidos los zapatos. Que esto lo comenten una o dos personas es normal, pero que te lo digan en una esquina, en un café, en la cola de la frutería o en el último pasillo de un bazar oriental pues ya te hace pensar que vivimos tiempos municipales y que mucha gente espera que llegue este domingo para exigir que las baldosas se estén quietas y no bailen ni provoquen salpicaduras.

Pero si el tema aceras con trampa es trending topic en el Twitter callejero, lo del aparcamiento en doble fila y el estacionamiento en las esquinas es clamor popular en estos días preelectorales. Se podría pensar que quienes me cuentan estas historias de repartidores que aparcan en doble fila y cuando los regañas te dicen que el jefe les ordena repartir como sea, que ya paga él las multas... Se podría creer, digo, que son opositores al actual ayuntamiento, pero me consta que no, que incluso son votantes fijos de quienes hoy mandan en Cáceres. No se trata de política, me dicen, se trata de aparcar y de no hacerse un esguince con una baldosa. Y tienen razón porque aunque todo es política, la verdad es que tras los detalles cotidianos de la municipalidad no hay partidismo ni sectarismo, sino el día a día, las cosas de la vida: conducir el coche y caminar por las aceras. Por eso las elecciones municipales son distintas.

Mi suegra medía la eficacia de los alcaldes por las cacas de perro que veía por la calle. Su dictamen en esta campaña es que se ven menos cacas por Cáceres, aunque duda si se debe al ayuntamiento o a que los dueños de los perros están mentalizados. Sea como fuere, el domingo votaremos pensando en Extremadura, pensando en Europa y pensando en baldosas, dobles filas y cacas de perro.