Sus relatos

El problema es que todos presentan el mismo guion: «He hecho todo lo posible para que el país tuviera gobierno, pero los demás no lo han querido porque han pensado más en su formación política que en el futuro de España»

Sus relatos
IRENE SÁNCHEZ CARRÓN

Cuando nuestros profesores de Literatura nos explicaban la épica antigua, nos decían que la aparición del género por toda Europa se debía a que, en torno al siglo XII, algunos de los grandes estados europeos se iban creando y necesitaban, antes que el Derecho, la Educación o las infraestructuras, unos héroes con quienes sentirse identificados y formar así una sensación de pertenencia a un grupo con un líder o unos mártires. Daba lo mismo quién fuera el tal héroe, si Rodrigo Díaz de Vivar, Fernán González o el mismísimo Conde de Roldán. Lo importante era construir un relato, es decir, una historia con la que sentirse identificados, independientemente de que los hechos reales hubiesen pasado hacía ya algunos años, o que lo que se presentaba como una guerra sin cuartel fuese como mucho una simple escaramuza en un valle perdido.

Hay muchos otros ejemplos. En la interesante película 'Enemigo a las puertas' (2001) de Jean-Jacques Annaud, basada en el asedio de Stalingrado, batalla crucial en la Segunda Guerra Mundial, un preocupado Nikita Kruschev pregunta a su tropa qué puede hacer para cambiar el signo de la guerra y para que sus hombres no deserten ante la presión del ejército nazi. Algunos le sugieren castigos como la deportación a Siberia o incluso la pena de muerte para quienes se batan en retirada. Sin embargo, es un comisario político quien aporta la mejor idea: crear un héroe para levantar la moral de la tropa. Esta misma idea se llevó a cabo en la Guerra Civil Española por parte de los dos bandos. Lo importante es siempre construir un relato coherente y cargado de ideología que dé sentido a una realidad confusa.

Las historias épicas actuales comparten los mismos patrones. En el último episodio de la última temporada de 'Juego de Tronos', Tyrion Lannister, el tipo más listo de la serie (al fin y al cabo 'La mano del Rey', es decir, un comisario político) propone a su candidato ideal para unir los Siete Reinos, y lo elige no porque sea el guerrero más osado, sino porque tiene una buena historia.

La fuerza de un relato que logre filtrarse en el imaginario de los pueblos es fabulosa. Puede mover las masas, crear estados milenarios y religiones eternas. Por supuesto, las religiones también se fundan sobre narraciones. Otra cosa no son La Biblia o El Corán, un conjunto de cuentos y leyendas con un trasfondo histórico, unidos por un débil hilo narrativo. Pero son grandes relatos que logran unir a los pueblos en torno a un argumento con sentido, a unas creencias, aunque para ello tengan que dar unidad a hechos inconexos o distorsionar la realidad hasta el punto de convertirla en ficción.

La creación de relatos ideologizados no solo afecta al nacimiento de Estados y religiones, sino que se aplica a cuestiones menores como clubes de fútbol ('Más que un club'), conspiraciones tipo JFK o atentados como los del 11M. La tentación de crear ficción afecta incluso a determinados procesos jurídicos en los que los abogados se apuran por crear una narración de los hechos donde todo encaje según sus intereses. El agente siempre es el poder de la ficción, capaz de dar unidad y sentido a lo que quizá no lo tuvo.

Esto mismo, coma aquí o coma allá, es lo que estamos presenciando en las últimas semanas en la política nacional, y lo observaremos aún de forma más clara de aquí al 10 de noviembre.

Sin embargo, a diferencia de los casos citados, ahora el relato ha pasado de ser único a ser múltiple. La misma realidad política, el periodo comprendido entre el 28 de mayo y el 17 de septiembre, ha propiciado discursos que se contradicen y se enfrentan, de modo que cada partido tiene su propio relato. Pero el problema es que todos presentan el mismo guion: «He hecho todo lo posible para que el país tuviera gobierno, pero los demás no lo han querido porque han pensado más en su formación política que en el futuro de España».

Prepárense para lo que se nos viene encima en las próximas semanas en materia de relatos y contrarrelatos. Las grandes formaciones políticas llevan ya varias semanas construyendo ficciones que les otorguen la razón y deslegitimen las historias que cuentan los demás. Es fácil imaginar a los asesores y especialistas en campañas electorales preparando narraciones que llenen, a partir de ahora, los medios de comunicación, los mítines y los mensajes de las redes sociales. Los comisarios políticos, como antes lo hicieran los comisarios de Kruschev, los de la Guerra Civil o el mismísimo Tyrion Lannister, están trabajado duramente para construir el mejor relato.

Pero no nos engañemos, por más que quieran distraernos con historias; solo son ficciones interesadas que pretenden dar sentido a lo que no ha sido sino un cruce de despropósitos y golpes bajos que tenían como único objetivo posicionarse ante las nuevas elecciones y de espaldas a los intereses del país. Hasta en 'Juego de Tronos' los enemigos más irreconciliables fueron capaces de mostrar sentido común y nombrar un candidato de consenso, aunque no le gustara demasiado a nadie, tampoco a los espectadores. Parece que nuestros políticos, algunos tan aficionados a las series, no tomaron nota de lo que vieron en ese último episodio.