EL REGRESO DEL VOTO ÚTIL

El voto útil murió el 15M a manos del voto indignado. Pero, a pesar de que hoy hay más opciones que nunca, también empieza a aflorar la idea de votar para que, por favor, no gobierne ese otro

Imagen de un colegio electoral en los comicios de diciembre del 2015/HOY
Imagen de un colegio electoral en los comicios de diciembre del 2015 / HOY
Pablo Calvo
PABLO CALVOCáceres

Sé que es atrevido decirlo, pero ahí va: el bipartidismo está a la vuelta de la esquina. Es cierto que, por primera vez, hasta cinco partidos de vocación estatal tienen posibilidades ciertas de obtener el 28 de abril un número significativo de diputados. PSOE, PP, Unidas Podemos y sus confluencias, Ciudadanos y Vox lograrán, salvo sorpresa mayúscula, una cifra de escaños relevante y puede que necesaria según los casos para un futuro gobierno.

En la Carrera de San Jerónimo se sientan o se han sentado también nacionalistas catalanes, vascos, navarros, gallegos, valencianos, aragoneses, canarios y hasta andaluces, si no recuerdo mal. Y siempre ha habido, pasada la etapa de la Transición y su sopa de letras, un tercero en discordia, como IU, CDS y luego UPyD, que servía para darle salsa al debate y hacer de Pepito Grillo del bipartidismo. Nunca consiguieron mucho más y desde luego lograron mucho menos que el PNV o la añorada CiU, egoísta como cualquier formación nacionalista, pero sensata cuando tocaba, cuando se imponía el seny catalán, ahora en el barro.

El 28A puede que nos traiga un gobierno de coalición, con más posibilidades en el bloque de la derecha, lo que supondría también la primera vez que más de un partido se sienta en el Consejo de Ministros.

Pero al mismo tiempo que se dibuja esta realidad política, existe una corriente subterránea que empieza a traernos los ecos del voto útil, ese que da prioridad a escoger la papeleta de una formación para que, por favor, no gane y no gobierne ese otro.

El voto útil murió el 15M a manos del voto indignado. Incluso a IU metieron en el pack de la casta, como muleta y cómplice del bipartidismo, aquellos que tomaron primero las plazas y luego las urnas para expresar su cabreo generacional y exigir otro tipo de hacer política y construir la sociedad. Una sociedad distinta.

Podemos absorbió aquella marea de indignados y hoy es Vox el que capitaliza el voto de los enfadados con los derroteros de estos tiempos, incapaces de asumir el protagonismo de las mujeres, la mezcla de culturas y religiones o el hecho de que haya españoles que no se emocionan tanto como ellos al ver la bandera de España.

El ascenso del PSOE en el que coinciden todas las encuestas no es otra cosa que el apaciguamiento del voto indignado de izquierda y el convencimiento de que Pedro Sánchez representa hoy por hoy el voto útil para aquellos que no quieren ver reeditado en la Moncloa el gobierno andaluz. La paradoja de la política es que el fracaso de Susana Díaz engordaría el triunfo de Sánchez.

Los extremeños sabemos mucho de voto útil por la realidad de la circunscripción electoral de Badajoz y Cáceres, con pocos diputados a repartir y, por tanto, donde el voto proporcional se ve menos representado en la asignación de escaños. Bien lo sabe IU, que siempre reclamó el cambio de la ley electoral mientras PSOE y PP se hacían los despistados. Sólo Podemos consiguió en los últimos comicios romper el bipartidismo histórico, pero únicamente en Badajoz. En Cáceres, dependiendo de la participación, lograr un estimable 15% de los votos puede reforzar al partido que resulte más votado, que puede ser de orientación ideológica contrapuesta.

Por eso, el PP ha sacado esta semana la bandera del voto útil, aunque a su manera: le ha dicho a otro partido que no se presente en una veintena de provincias, entre ellas la cacereña, como si ejerciera de hermano mayor de Vox. O de padre. Es fácil intuir que según nos acerquemos a la fecha de las elecciones generales, los populares intensificarán el mensaje del voto útil y la idea de que votarles a ellos es más eficaz si se desea evitar un nuevo gobierno de Sánchez. Y es cierto, a no ser que se produjera al revés, el sospaso de Vox al PP. Es decir, que el voto de protesta se convierta al mismo tiempo en el voto útil.

Lo que resulta incuestionables es el voto útil del que se empieza a hacer llamamientos al electorado conduce al bipartidismo. La cuestión es que gran parte de los votantes no saben a qué altura de la calle se encuentran, es decir, desconocen a día de hoy cuál será su voto el 28A, y en muchos casos lo decidirán la última semana o cuando vayan caminando al colegio electoral. En definitiva, no saben si están cerca o no de doblar la esquina.