Del reggaeton al himno

Esperanza Aguirre luce la bandera de España en su reloj. :: HOY/
Esperanza Aguirre luce la bandera de España en su reloj. :: HOY

La Marcha Real y la bandera de España no acaban de normalizarse

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Que unas muchachas de 16 años, caminando en pandilla por el centro de Cáceres, escuchen reggaeton, rap o canciones de Rosalía parece lo más normal del mundo, pero que vayan escuchando el himno nacional de España resulta sorprendente. Me sucedió durante el puente de la Constitución. Salía de un supermercado en la avenida Virgen de Guadalupe, escuché las notas del himno de España y reparé en un grupo de seis chicas de entre 15 y 16 años.

Venían por la acera con la alegría desmadejada y sin control de las muchachas de la ESO. Es decir, muchos gritos, muchas risas, mucho vacile, quitándose la palabra las unas a las otras y con un altavoz en la mano. Es algo que ahora está muy de moda entre los adolescentes: salen a la calle con unos bafles pequeños, pero potentes, que conectan al móvil y así caminan escuchando música. Suelo encontrármelos mucho por el parque de El Rodeo, en pandilla, pero siempre escuchando música de moda. La diferencia del caso que me ocupa es que aquellas muchachas amenizaban sus conversaciones deslavazadas sobre chicos, sobre experiencias, sobre planes con el himno nacional español sonando a toda pastilla.

¿Se ha puesto de moda el himno nacional entre las chicas de la ESO o es una variante más de la moda VOX? Todo puede ser, pero la extrañeza que me provocó aquella música encierra algunas reflexiones. La primera es por qué asociamos inmediatamente el himno escuchado por unas jovencitas o las banderas de España en la correa de un reloj con la extrema derecha. Decía Errejón, candidato de Podemos a la comunidad de Madrid, que le había gustado ver el respeto que se tenía a la bandera en Francia y que le encantaría que en España pasara algo parecido. Pero no es así.

En España, la derecha se apropió de la bandera y del himno y, lo que es peor, la izquierda hizo dejación de estos símbolos y los convirtió en un anatema ridículo. En un país normal, llevar la bandera en la solapa, en la pulsera o en los tirantes no sería una señal de ideología política. En España, es la principal señal para situarte en la derecha. Con el himno, sucede lo mismo: suena y para algunos parece que resucita Franco. Menos mal que el fútbol y la selección lo han normalizado hasta cierto punto. Solo hasta cierto punto porque abuchearlo en una final de Copa se ha convertido en el principal signo de afirmación de quienes proclaman su rechazo al estado, al sistema y a la idea de España.

Somos raros, hemos de reconocerlo. Tenemos un himno sin letra que cantamos al estilo 'lalalá', una bandera y un himno que nos emocionan cuando se izan y suenan porque han ganado Carolina Marín o Marc Márquez, pero que utilizamos como elemento de adscripción y prejuicio si lo vemos en un llavero o lo escuchamos en el móvil de unas muchachas.

Y lo peor es que se suceden las generaciones y no crean que la situación mejora. Como elemento colectivo, bandera e himno están bastante aceptados, pero como elemento de afirmación personal, la división derecha-izquierda sigue viva.

Unos buscan autoafirmación en estos elementos patrióticos e intentan acapararlos y otros sienten un rechazo visceral que no tiene sentido a estas alturas de la historia. Falta normalidad y no va a ser fácil alcanzarla. Unos compran una correa rojigualda como si fuera un acto de fe y los otros no llevarían un reloj con esa correa ni por todo el oro del mundo, aunque, ya digo, unos y otros se emocionen al ver ondear la bandera y al escuchar el himno tras la final de Roland Garros.

Hay que reconocer que ir por la calle a los 16 años al son de un himno nacional mueve a la curiosidad. Por eso seguí disimuladamente a aquellas chicas por la avenida Virgen de Guadalupe hasta que las escuché hablar de VOX y mi gozo se fue a un pozo. No se trataba de normalidad, se trataba de moda e ideología incipiente. No tenemos remedio. Por ahora.