Que reflexionen ellos

Que reflexionen ellos
ALFREDO LIÑÁN

ME siento a escribir en el vértigo habitual de garrapatear dignamente el folio en blanco y cuando me planteo cómo hacerlo un lastimero aviso me advierte: hoy es día de reflexión. ¿Otra vez? Sí, otra vez. Parece que al fin nos hemos convertido en el país más reflexivo del universo mundo. Al menos sobre el papel porque, ya tras el 11-M del año 2004, Alfredo Pérez Rubalcaba, recientemente elevado a los altares, nos enseñó que se puede reflexionar de muchas formas, incluso organizando caceroladas y hasta asaltando las sedes del partido contrario. Y sin embargo sería fantástico que un día, al menos un día, nos dedicáramos a reflexionar, pero de verdad. A volvernos hacia dentro y contemplarnos en la desnudez del silencio, sin cascarrias, farfollas ni viejos prejuicios. Olvidándonos incluso de la vergüenza colectiva de un Parlamento convertido en el teatro de Manolita Chen -y que me perdone tan ilustre y benéfica dama-. Y una vez reflexionados a modo podríamos preguntarnos y preguntar a nuestros conspicuos líderes «constitucionalistas» cómo han llegado a la conclusión de que han sido elegidos exclusivamente para jugar a pechiliebres negando no ya el apoyo sino la mismísima abstención a quien, por nuestros pecados, ha ganado las elecciones dejándole así el camino expedito para abrazarse a separatistas, filoetarras y cuanto malandrín encuentre a mano.

Que al señor presidente en funciones y pronto presidente efectivo nadie en su sano juicio le compraría un coche de segunda mano parece algo incuestionable. Que Yahvé cuando envió a Egipto sus siete plagas se hubiera ahorrado seis enviando a Pedrosánchez, también. Que da jindama imaginar a qué despeñadero intentará llevarnos el padre fundador del Sanchismo, por supuesto. Y que todo eso se complica exponencialmente si le consentimos pactar con los bolivarianos vergonzantes de Unidas Podemas y sus confluencias cerrándole otros caminos posibles, una certeza. Porque resulta que el habla pueblo habla no lo ha considerado así y, aunque por la mínima, le ha dado su confianza. Y sí, los pueblos también se equivocan, como los políticos; pero resulta que en democracia la única equivocación sería llevarle la contraria, porque el pueblo es soberano hasta para equivocarse. Pero Casado prefiere hacerse el loco y darle un pellizco de monja a Rivera -«que pacte el de ciudadanos que le va la marcha»-. Y Rivera-Arrimadas optan por ponerse dignos asegurando que los españoles no les eligieron para eso. Pues ¿para qué entonces? ¿Para intentar eternamente 'sorpassar' a Casado?

Yo, como mi tocayo Rubalcaba, tengo mi propia idea de lo que significa eso de la reflexión. Y no. No me da la real gana dedicarme a reflexionar como un tontaina mientras quienes deberían no solo reflexionar sino cubrir sus cabezas con ceniza y dedicarse a hacer penitencia en el desierto se dedican a meterse el dedo en el ojo y a pregonar obviedades en tono solemne. Que reflexionen ellos. O tampoco. Yo me conformo con que Martínez Mediero derrame una lagrimita. Dónde va a parar.