Luego no te quejes

JAVIER FIGUEIREDO

Desde la más tierna infancia hemos escuchado advertencias, generalmente de personas más experimentadas, y que pretendían avisarnos de las consecuencias de nuestras decisiones o de nuestra dejadez para tomarlas. «Ya lo verás», «ya te enterarás» o «después no vengas con que no te lo advertí», son algunas de esas expresiones que no soportamos que nos mencionen cuando somos demasiado jóvenes y que un día nos sorprendemos cantándoselas a los demás, en ese momento en el que el reposado bagaje de lo vivido pesa más que el ímpetu de adolescencias prolongadas en el tiempo.

He vuelto a escuchar esas frases e imagino que volveré a oírlas durante los once días que restan hasta las próximas elecciones generales. Reconozco que alguna vez las pronuncio pero que hago un esfuerzo deliberado por no sermonear, porque las personas adultas tienen derecho a equivocarse, a estar hartas y a mostrar su frustración o indignación en forma de papeletas o de abstención, una forma tan legítima de actuación política ciudadana y que en ningún caso inhabilita para reclamar derechos posteriores.

En infinidad de ocasiones he escrito sobre situaciones paradójicas como que un folleto publicitario de una carnicería o de una agencia de viajes tenga valor contractual y que, en cambio, un programa electoral no lo tenga. Si me reparten un papel en la calle con una oferta de viaje a Menorca por 300 euros o dos kilos de chuletas por 9 euros, puedo ir a la oficina de consumo y me acabarán dando la razón. En cambio, si un partido me promete una tarifa plana para autónomos o un aumento del SMI a 1.000 euros no puedo ni acercarme a un juzgado en caso de incumplimiento porque en esa publicidad está permitido engañar.

Así que, mientras se legisla para que los partidos políticos no puedan mentir impunemente, es recomendable estudiar por encima las medidas que vamos a votar para que no nos cojan desprevenidos. Si crees que los sueldos están demasiado altos, vota a quien prometa bajarlos; si piensas que hay demasiados impuestos, confía en quien quiera quitarlos; si no te llega ni para pagar impuestos, a lo mejor no te interesa tanto que quiten tributos y que te hagan pagar la próxima vez que vayas al médico; si quieres que estudiar en la Universidad sea casi gratis como en Alemania o te endeude para media vida como en Estados Unidos, seguro que tienes opciones en las papeletas para optar por un modelo u otro.

Aún así, también nos pueden acabar defraudando incluso aquellos con los que estamos plenamente de acuerdo. De esa no nos va salvar nadie. Pero dejarse llevar por la ira o el hartazgo a la hora de depositar un voto puede tener contraindicaciones que no caben en el mayor de los prospecto. Que no te cieguen el color de las banderas porque esto no es una final de fútbol, y mira bien si aquello que apoyas es lo más justo y lo que más te beneficia. Y en ese orden.