Los Putines, los Botines y los Pitoduro

Hombres charlando en la plaza Mayor de Ceclavín. :: E. R./
Hombres charlando en la plaza Mayor de Ceclavín. :: E. R.

Los motes no son algo exclusivo de Extremadura, ya se estilaban en la Florencia renacentista

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

En los pueblos de Extremadura, no eres Juan Pérez ni Carmen Domínguez, sino Juan el Belloto, hijo del Berraco y primo hermano del Bienhablado, y Carmen la Bolluela, la nieta de la Boquica y el Boquiqui, casada con Brazo Jierro y compañera de fatigas de la Breva, la Buena, la Burra, la Cabruna y la Bollera.

Así son de crueles, unos, de divertidos, otros, y de inexplicables, la mayoría, los motes que se pueden encontrar en los pueblos de Extremadura. Y no me he inventado ninguno, todos los anteriores están sacados de relaciones de motes que me han ido facilitando amables lectores a lo largo de los años.

«Vota Boti. Boti, alcalde». Con este eslogan, Antonio Riscado 'Botines' llegó a la alcaldía de Cedillo en 1987 y ahí sigue. Una vez le pregunté por la razón del mote y me lo explicó: «Cuando yo era un niño, una de las veces que fue mi madre a Cáceres, me compró unas botas camperas. Llevaban un remachito y sonaban cada vez que iba andando. Mi madre me mandó a misa y cuando entré, con toda la gente en silencio, se escucharon las botas: toc, toc, toc. Un primo mío empezó con lo de Botines, Botines, Botines y ahora ya soy Boti para todos».

En realidad, en Cedillo y en casi todos los pueblos de Extremadura, nadie se llama como le pusieron en la pila bautismal, sino según esta o aquella ocurrencia popular. Así, Boti es hijo del Esgatello, está casado con la hija de Chilo y su equipo de gobierno municipal estaba formado en tiempos por el Gordo, Goico, Simón Panadero, Pili Chilo y Róber.

Cedillo se hizo famoso por haber confeccionado una guía telefónica de motes. Me aclaraba el alcalde la razón: «En una misma calle, viven dos Gonzalo Faustino Riscado. ¿Cómo se les distingue? Pues uno es Cutubío y el otro es Sarangoña, que son dos pájaros portugueses. La guía con los motes la hicimos en el ayuntamiento en 1997 porque la gente mayor llegaba con el tocho de la guía telefónica y no se enteraba bien. Pero no era algo gracioso, tenía un carácter social. La gente mayor ya no se confundía: si quería llamar a Cutubío, llamaba a Cutubío, no le salía Sarangoña».

En ese punto, he de intervenir para aclarar que, en realidad, el inventor de la guía de motes fue mi abuelo Pedro Núñez de Sande, responsable de Telefónica en Ceclavín, que inventó las 'páginas amarillas' y las guías de apodos: varios folios de ese color en los que escribía el nombre del abonado, el mote y su número telefónico. Así, cuando él se iba a tomar café y yo estaba en su casa pasando unos días, me podía dejar a cargo de la central con toda tranquilidad. Porque en Ceclavín, los abonados llamaban y no pedían que les pusieran con el 32 o con el 54, sino con Chochulo, con Caballero Cubierto, con Culo Contento o con Macho Mangafuego. Y allí estaban las páginas amarillas de mi abuelo para facilitarme las conexiones.

Esto de los motes siempre se ha entendido como algo exclusivo de paletos, incluso hay quien cree que es una costumbre muy extremeña. Pero se equivocan, se trata de algo muy antiguo y de paleto, nada de nada. Porque no solo la carnicera Guiña o los taxistas Pelillo y Clavija en Ceclavín tenían mote. También en una ciudad tan elegante como Florencia y en un periodo tan refinado como el Renacimiento tenían motes los artistas.

El gran Botticelli no se llamaba así, sino Mariano di Vani Filipepi, alias Barrilete, o sea, Botticelli. Domenico di Tommaso Curradi di Doffo, otro gran artista, era apodado Fabricante de Guirnaldas, es decir, Ghirlandaio. A Donato di Niccolo di Betto Bardi empezaron a llamarlo el pequeño Donato y así lo conocemos hoy: Donatello. En cuanto al sublime Tommaso di Ser Giovanni di Monte ha pasado a la historia del arte como Masacio, un mote tan irrespetuoso como los ceclavineros Pitoduro o Lechivieja: Masacio significa gordo o torpón.

El otro día se me acercó un alumno y, para que yo lo situara, me confesó que descendía de la familia de los Putines de Ceclavín, cuyas matriarcas eran la Patro Putina y la Clementa Tía. Y lo situé de inmediato. Por cierto, Putín es un mote entrañable de origen portugués: significa niño pequeño.