«Los pueblos somos un estorbo»

Parque en el centro de Valverde de Burguillos (Badajoz, 289 habitantes), donde todos saben que nacerá un bebé en octubre. :: HOY/
Parque en el centro de Valverde de Burguillos (Badajoz, 289 habitantes), donde todos saben que nacerá un bebé en octubre. :: HOY

La despoblación de Valverde de Burguillos es objeto de estudio en la Universidad de Sevilla | Más de una decena de universitarios han ido a este pueblo cercano a Zafra para hacer trabajos sobre un patrimonio que muchos vecinos ignoran

J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

José Luis es padre de María, que todavía va en sillita porque tiene un año y medio. Es la única niña de su edad en el pueblo y cada adulto se para a hacerle alguna carantoña. Todos saben que en octubre nacerá otro bebé, probablemente el mayor acontecimiento este año en Valverde de Burguillos, pueblo del sur de Extremadura situado a poco más de un cuarto de hora de Zafra.

«Antes jugaban en la pista de fútbol sala, pero ya no hay niños suficientes y nos han pedido que les pongamos una Play Station en la Casa de Cultura». La frase, demoledora, es del alcalde, Carlos Delgado, nacido en 1982 y único habitante de su generación.

Como tantos pueblos, Valverde de Burguillos se está despoblando. Es un fenómeno imparable en la Extremadura rural, que en verano bulle de alegría con emigrantes retornados, pero durante el resto del año sus calles son un páramo.

Se ha creado una plataforma, Activa Valverde, para atraer a nuevos pobladores Han venido alumnos de Arquitectura a descubrir que las fachadas y sus materiales son únicos

La diferencia es que en este pequeño municipio de menos de 300 habitantes esta sangría demográfica está siendo objeto de estudio desde la Universidad de Sevilla, donde alumnos de varias áreas de conocimiento -Biología, Agroecología, Arquitectura...- han elegido este pueblo para desarrollar sus trabajos de fin de máster o de grado. Se puede decir que han llevado a esta población extremeña a una especie de laboratorio académico. El fin último es la repoblación.

El alcalde, Carlos Delgado, describe con orgullo cómo hasta once universitarios de variada procedencia se han alojado en casas del pueblo durante un mes o mes y medio en los últimos tres años para realizar sus trabajos de campo. En este pueblo han conocido prácticamente a todos sus vecinos y han impartido talleres donde han compartido con el pueblo sus apreciaciones como investigadores universitarios. Algunos de ellos han sabido que en sus casa hay restos romanos, otros que la alberca con la que su padre regaba su huerta tiene que ver con un asentamiento masivo de moriscos expulsados, o que el material y el diseño de la fachada de su casa es único, por eso ha despertado el interés de futuros arquitectos.

El primer estudiante que puso la lupa en este pueblito del sur de la región fue un norteamericano procedente del Estado de Maine que en 2014 vino hasta aquí para analizar el espárrago silvestre, un producto famoso en una zona donde cada temporada se recoge por toneladas.

Otros estudios han versado sobre plantas comestibles, turismo, la memoria colectiva o la gastronomía. Y entre los últimos, hay un trabajo de fin de grado sobre la arquitectura vernácula, otro sobre la cultura del agua en este enclave donde la huerta es un elemento característico, o un máster que ha culminado con decenas de folios sobre el desarrollo agroecológico del río Bodión para Valverde de Burguillos.

«Queremos que la ciudadanía tome conciencia de su patrimonio y que así tenga recursos para llamar a otra población», resume Victoria Domínguez, del Departamento de Construcciones Arquitectónicas I de la Universidad de Sevilla y cuyos alumnos han recalado en este pueblo extremeño.

En general, este goteo de universitarios ha hecho que los valverdeños se reencuentren con sus tradiciones. En algunos casos ha sido de manera inesperada, como aquella actividad en la que se les proporcionó a cada uno de los participantes una ficha en la que a partir de los cinco sentidos (vista, olor, gusto, tacto y oído), tenían que reflejar aquellos elementos que les identifican con Valverde.

Cuestiones como la gastronomía (matanzas, el pan, dulces, espárragos.), los sonidos de los pájaros, el olor a campo o tierra mojada o la personalidad de los valverdeños fueron otros elementos que dieron pistas sobre las peculiaridades y singularidades del patrimonio de este lugar, hasta ahora no reconocido y a partir del cual se va a elaborar un mapa del pueblo desde el punto de vista de los sentidos, cuenta entusiasmado José Antonio Domínguez, al frente de la plataforma ciudadana Activa Valverde, creada en 2014 para idear y activar estrategias que frenasen la desaparición de su pueblo.

Según este maestro jubilado, «los pueblos se han convertido hoy en un estorbo. Salimos caros para la administración porque nos tienen que poner determinados servicios. Pero es que este despoblamiento implica otras cosas, como la degradación del paisaje. Aquí ahora la dehesa no la cuida nadie».

Otro profesor implicado en el despertar de Valverde es Rufino Acosta, del Departamento de Antropología Social de la Universidad de Sevilla. Él fue el primer responsable de que los universitarios hayan hecho de este pueblo su lugar de estudio. Acosta, además, tiene una visión que huye de tópicos sobre el despoblamiento rural. Hace unos días, en una Tribuna publicada por este diario, señalaba, entre otras cuestiones, que las comunicaciones por carreteras o autovías no son ya un impedimento para instalarse en el mundo rural.

En este sentido, José Antonio Domínguez pone un ejemplo claro: «Aquí estamos a una hora y veinte minutos de un aeropuerto internacional como el de Sevilla. Este tiempo es el mismo que se emplea desde muchos puntos de Madrid para llegar a su aeropuerto». Por contra, el alcalde reconoce que una dotación como la fibra óptica para mejorar las telecomunicaciones sería ideal para atraer empresas.

Los objetivos de la plataforma se pueden resumir en dos: «que se mantenga la gente en el pueblo porque pensábamos que la ciudad era la panacea, ya que los servicios están aquí todos y las redes nos tienen en contacto con el mundo; y atraer a nuevos pobladores», resume su presidente, que tiene en la cabeza una manera de evitar que los ancianos se marchen a residencias geriátricas creando un servicio de atención domiciliaria al que solo le falta la financiación adecuada, inalcanzable en un pueblo cuyo presupuesto anual ronda los 400.000 euros.

Activa Valverde tiene varias comisiones. «Una de ellas de vivienda para ver cómo podemos hacer que varias de las que están vacías puedan ser ocupadas, porque ocurre que aquí en verano hay 900 personas, por eso no se pueden usar esas casas que están vacías todo el año. Barajamos distintas ideas, como reformar los doblados, pero no sabemos aún cómo hacerlo», explica el alcalde Carlos Delgado.

Otra comisión trata de buscar huertos tradicionales para nuevos pobladores. «La población es BIC (Bien de Interés Cultural) relacionado con el agua, ya que tiene una antigua fábrica electroharinera, fuentes, lavaderos o albercas», dice este joven regidor al frente de un Ayuntamiento que ya ha conseguido editar folletos en inglés y español que describen a Valverde como 'El pueblo del agua'.

Según cuenta Delgado, se ha dado la paradoja de que en su pueblo se apostó por que los jóvenes estudiaran una carrera universitaria y esto precisamente supuso su marcha del pueblo. Por eso, la plataforma también existe 'on line' y sirve de punto de encuentro de todos los emigrantes, ya que hay chavales universitarios criados en las calles y huertas de Valverde de Burguillos y que en estos momentos viven en Lyon, Dublín, Londres o París. Si alguno de ellos decidiera regresar, trabajar desde su pueblo y criar aquí a sus hijos, todos los trabajos realizados cobrarían pleno sentido.

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