El prior

El prior
CHAPU APAOLAZA

A Franco lo puso Sánchez a dar vueltas por Madrid como los muñecos que despiertan de noche en las habitaciones de los niños. Yo mismo he jugado a imaginarlo en sitios: en los baños de los bares de Malasaña de los que la gente tarda tanto en salir, en las salas flamencas donde siempre es la Feria de Abril, Franco patinando en los parques del Sur de Madrid donde patinan chavales vestidos como espectros y también en los gastrobares donde las estudiantes extranjeras -ya menos idealistas- alternan con jóvenes ejecutivos bien vestidos que votan a Ciudadanos, y olvidan a los novios que dejaron en sus países.

Entonces, Franco entró en las urnas, así dobladito en la papiroflexia de una estrategia electoral perfecta. La improvisación, los errores de bulto en el proceso 'carmencálvico' y la posibilidad de que el dictador terminara en la Almudena, dieron una imagen de debilidad de Sánchez y encendieron los ánimos de la derecha nostálgica que, al cabo de las semanas, movilizó a la izquierda e hizo a Sánchez presidente en funciones.

Parecía que el asunto estaba amortizado, hasta que en las portadas ha aparecido el prior de la Basílica del Valle de los Caídos con un aspecto que lo mismo podría ser el de monje montuno que el de un campeón de videojuegos. El prior del Valle de los Caídos prioriza lo sagrado sobre la Ley de los hombres y viene a sostener que Francisco Franco saldrá de la Basílica por encima de su cadáver. ¡Será por muertos! A cabezones y a correr en el coche nadie gana a los curas, porque están convencidos de que el Señor está siempre de su parte. ¡El miedo que he pasado con un cura al volante!

El prior del valle asegura que en su Iglesia no entra ni Dios y contradice a los tribunales y a la Santa Iglesia. No quiere que se lleven el féretro del dictador. Quizás le haya cogido cariño. Me vienen a la cabeza aquellas escenas en las que la viuda se tiraba de cabeza a la tumba del marido difunto, pero no sé por qué. No es que el prior sea franquista, es que se los pasa cerca, y ahora en cerrazón monacal advierte de que en la Basílica no entra ni Dios. El monje se ha plantado de benedictinas maneras ante el Gobierno, ante el Supremo y ante el Papa de Roma, que manda menos que Torra en el balcón del Palau.

El cura ha entrado en campaña, y si se pone muy bruto le va a venir bien a Sánchez, porque Sánchez solo sabe ganar perdiendo. Anda Pedro de plató en plató vendiendo el PER, las pensiones, el 155 y la España de la Reconquista si hace falta, moviendo tanto las manos que en casa por la noche tiene que meterlas en agua con sal. Da la sensación de que cuando uno habla tanto es que tiene poco que decir. Eso mismo le sucedió en las últimas elecciones a Pablo Casado, que ahora habita el silencio. Entre las cosas que ha dicho Sánchez figura la promesa de que ahora va a acelerar la formación de un gobierno. Ahora es un conjuro de resultado inesperado, pues lo mismo remite a que 'al fin' que a que ya es tarde. Ahora... Veremos, porque en las últimas elecciones Sánchez salía a ganar a Colón, a Franco, al trifachito y a Darth Vader. Ahora solo tiene un cura con gafas.