Mi primer Manolito

Manolito con chocolate blanco y negro, en su cajita cuca. :: A.T./
Manolito con chocolate blanco y negro, en su cajita cuca. :: A.T.

Los cruasanes de los futbolistas Morata y Busquets llegan a Cáceres antes que a Barcelona o Miami

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Se besaban. Estaban ante el mostrador de la pastelería y se besaban sin rubor y con empeño. La cola para comprar era larga y los clientes entretenían la espera con aquel despliegue de picos, morreos y carantoñas que provocaba risas nerviosas en las adolescentes, incomodidad en los mayores, indiferencia en las madres agobiadas con niños y una pizca de envidia en casi todos. Cuando le tocó el turno a la pareja de los besos exhibidos, pidieron una caja de dulces, la recogieron y exclamaron: «!Qué guay, nuestro primer Manolito!».

¿Nuestro primer Manolito? ¿Qué Manolito? ¿El primer hijo? ¿Por eso se besaban y acariciaban con tanta emoción, porque habían tenido su primer hijo y lo habían llamado Manolito? Entre el público de la cola, se deslizó alguna tímida sonrisa, ya se sabe que en las colas, la gente se pone muy seria y risas, pocas, que la alegría relaja la tensión y en la espera hay que permanecer alerta para que nadie te quite la vez.

¿Pero quién era Manolito? Pues no, no era un niño, sino un pastelito. Más concretamente, un cruasancito pequeñito que puede ser cruasancito a secas o que puede venir rebozado en hilos chocolateados blancos y negros. ¡Ya ha llegado a Cáceres Manolo Bakes y está la ciudad que no cabe en sí de gozo! Las parejas se acarician sin rubor, las abuelas hacen cola sin que les duela la pierna, los padres aguantan impertérritos a pie de mostrador y los ejecutivos, los brokers y los CEO ponen cara de estar a punto de cerrar una operación millonaria cuando simplemente están a punto de abrir una caja de pastelitos.

La capital extremeña de las pijadicas, la ciudad donde mola lo cuco, lo chachi y lo chic está como loca porque en Primo de Rivera, la avenida de la discordia porque dicen que Primo era franquista cuando solo era un dictador con licencia propia... En la avenida dedicada a ese señor que puso tren a Villanueva porque tenía allí una novia (la relación no fructificó y el tren se paró) y al que en Ribera del Fresno consideraban paisano («bienvenido Primo de 'Ribera' al pueblo que le vio nacer», rezaba una pancarta en su honor)... En esa avenida, ha abierto una cafetería cuya gracia fundamental es vender unas monerías de cruasán en unas cajas tan chulas que parecen joyas antes que dulces.

En Cáceres, todo lo 'pitifrú' bien presentado como que nos encanta, así que allí estamos haciendo cola de la mañana a la noche para llevarnos a casa la fruslería del mes. Si lo piensas bien, esos cruasancinos son como los que te regalan en los bares con el café. «De eso nada, saltan indignados los 'manolitólogos', estos son más consistentes, más sabrosos, distintos«. Y sí, efectivamente, los Manolito no son unos cruasancinos cualquiera, tienen su punto. Pero son chicos, eso no lo puede negar nadie. Y no sé, que no acabo yo de ver claro eso de que haya atascos para comprar miniaturas.

De todas maneras, más allá del sabor, del tamaño y de la presentación en cajitas lujosas, el hecho de que la empresa Manolo Bakes haya elegido Cáceres para instalar una de sus tiendas exclusivas de mini cruasanes viene a corroborar que esta ciudad no destacará en industria ni en desarrollo, pero en cuestión de sutilezas delicadas impecables, o sea, lo pijo, somos lo más.

El Manolito no es un cruasán francés al uso, sino el fruto de un error: al pastelero se le fue la mano con la mantequilla y salió lo que salió, que como es pequeño, no asusta y comes varios sin culpabilidad. Su toque borracho lo convierte en adictivo y la figura de algún socio de la empresa como Álvaro Morata, lo convierte en dulzura transversal: del Madrid al Atleti sin complejos.

En la capital de los dulces exclusivos y grandes (la bamba de Almodóvar, la rosca de Málaga, la sopa de la reina), el cruasán chiquitín de los millennials ha entrado como un tiro. Algo debe de tener el alma pija de Cáceres para que, después de las nueve Manolo Bakes madrileñas, la franquicia haya escogido esta ciudad para seguir expandiéndose antes de ir a Barcelona, Sevilla, A Coruña, Miami, Londres, París y Munich.