Estamos pre-parados

Estamos pre-parados
JAVI MORENO

Pertenezco a la generación del «estudia para ser alguien en la vida», la primera a la que no le ha faltado de nada; esos que estábamos destinados a hacer cosas grandes, o eso nos decían. Fuimos criados con la convicción de que debíamos ser mejor que nuestros antecesores; aquellos que lucharon por un cambio siempre encaminado a un futuro mejor, para que nosotros -sus hijos- pudiéramos aspirar a una vida digna y en igualdad de oportunidades; vinieras de donde vinieras, y fueras quien fueras.

Posiblemente, fruto de aquel esfuerzo por darnos más de lo que ellos mismos pudieron tener, y sentir que así ha sido, parece haberse instalado en la sociedad la convicción absoluta de que la actual generación de jóvenes es la mejor preparada de la historia.

Mejor que. ¿nuestros padres o abuelos? Seguramente, pero, ¿hay mucho mérito en ello? Y en todo caso, el mérito sería precisamente de aquellos que nos procuraron un sistema educativo mejor. Bajo mi humilde punto de vista estas comparaciones históricas sirven de muy poco, y desde luego no sirven de nada a la hora de encontrar un empleo. Por poner un ejemplo, ¿estamos los jóvenes de hoy mejor preparados en idiomas o tecnología e informática que los de épocas anteriores? Sin duda, faltaría más. Pero, ¿lo estamos también en lengua, matemáticas o ciencias? El debate acabaría seguramente en empate.

Sinceramente, no creo que en esfuerzo, motivación, trabajo en equipo, compromiso con lo que se hace y con la sociedad, o liderazgo, los jóvenes estemos ahora mucho mejor preparados que en épocas anteriores. La comparación realmente fundamental, en el momento concreto que nos ha tocado vivir, es si estamos mejor -o al menos, suficientemente- preparados para competir. Por ejemplo, ¿estamos mejor preparados que nuestros vecinos europeos para rivalizar por un puesto de trabajo en este mundo indiscutiblemente globalizado?

Porque no deberíamos confundir alumnos, aquellos que están matriculados en el sistema educativo, con estudiantes, esos otros -algunos menos que los anteriores- que tienen ganas de estudiar y aprender. Cierto es que los periodos de escolarización son hoy en día más largos y, en países desarrollados como el nuestro, alcanzan al 100% de la población en su fase obligatoria. Este es el primer paso para lograr una mejor formación, sin lugar a dudas; pero de ahí a dedicarnos a mirarnos el ombligo y pensar que tan sólo con esto estamos asegurando una mejor formación puede ser- directamente- una insensatez.

Lo que necesitamos son jóvenes -y muchos- bien preparados para competir globalmente. Esta semana, este mismo diario, publicaba esto: «El desempleo juvenil, en cifras absolutas, descenderá en los próximos cinco años, aunque los jóvenes que sólo tengan una formación básica tendrán graves dificultades para encontrar empleo en el próximo lustro». Por eso, no necesitamos jóvenes que se conformen con estar mejor preparados que sus antepasados; sino los mejores -y con la mejor preparación- para hacer frente a problemas nuevos que van a exigir soluciones nunca antes inventadas.