Pregón semanasantero

Pregón semanasantero
JULIO SAAVEDRA GUTIÉRREZ

Cuando lean este mi pregón habrán sido declamados aquellos otros que anuncian estas celebraciones que marcan una semana de vacaciones para unos y trajín y penitencias para otros.

Como lo que más nos va a llenar estos días, poco o nada va a tener que ver con la liturgia «semanasantera», y sí mucho con lo que ayer comenzó, la campaña oficial para las próximas elecciones generales, no daré yo más pábulo a lo que nos tiene con tal empacho, que van a conseguir, que quienes estuvimos cuarenta años llorando por poder hacer -ejercer el derecho al voto- y que en los últimos ocho años, hemos votado cuatro veces para el Congreso de los Diputados, amén de Locales y Autonómicas, lo aborrezcamos.

Así que, ahí les dejo con los programas de gobierno de las distintas opciones políticas y pónganse a discernir sí la tortilla de patatas la hacen con o sin cebolla.

Yo tiraré por esto último, la gastronomía de vigilia, y me dedicaré a disfrutar esta semana venidera de lo mucho y bueno que nos ofrece. Aquello que hace algún tiempo era una imposición, y que hoy me hace recordar sabores y aromas heredados que salían de una cocina rural con una dedicación despaciosa y exigua en su elaboración, pero que enmarcaba desde el Miércoles de Ceniza al Domingo de Ramos.

Aquello que hoy puede ser plato ordinario sin ninguna periodicidad marcada, el potaje, era lo que llenaba los platos todos los viernes del periodo de vigilia; plato con productos tan al alcance de conseguir como los garbanzos, la espinacas, alguna judía blanca y el bacalao desalado, de los pocos pescados de uso común por aquellos entonces; imprescindible como segundo la tortilla de patatas, acelgas o en ocasiones de espárragos o criadillas.

Otros platos que marcaban aquellos días singulares de la cocina de mi villa, eran los escabeches, se solían hacer con bollos de patatas o el susodicho bacalao rebozado, hoy llamado a la romana, este era muy socorrido para después de las procesiones y otros actos litúrgicos tenerlos en la fresquera y reponer las fuerzas gastadas. Indispensable el «botiborrillu», plato de cuchara en el que la base volvía a ser la patata y en este caso acompañada con acelgas. Los múltiples rehogados de espárragos, acelgas, espinacas, cardillos –tagarninas en otros lugares-…, todos ellos con su buena porción de ajos y como condimento, el pimentón.

Mi madre solía hacer como plato especial, por su elaboración, huevos rellenos que luego rebozaba, freía y los bañaba en una salsa caliente, eran mis preferidos.

Qué decir de los múltiples postres, indispensables las torrijas, y la gran variedad de derivados lácteos: natillas, «los flamines», la leche frita, el arroz con leche, repápalos...

El Domingo de Ramos se rompían todas las reglas, lo habitual era que el plato principal fuera carne, cordero o cabrito, solía acompañarse con el chascarrillo: «comi carni, comi carni, quien no coma carni que coma potaji».

No era mi intención hacer de Pavlov, si no distraeros y haceros la semana más llevadera.