Portugal, por qué te quiero tanto

En un mundo global presidido por el inglés, quizás la Junta podría plantearse aplicar en Extremadura la fórmula portuguesa para la emisión de programas en versión original sobre la televisión en la que tiene competencia

JESÚS PARRALEJO AGUDOExperto en Comunicación Empresarial y Política

Recuerdo haber oído referir en alguna tertulia de fragua, en aquellos otoños lluviosos de cuando chico, la audaz y brutal fórmula que usaban los contrabandistas del café y el tabaco en la frontera hispano portuguesa para pasar los alijos de origen colonial, burlando al fisco. Según el relato, usaban mulos a los que daban palizas de muerte vestidos de guardia civil.

Resuelta la singular doma, ataban con firmeza la carga sobre sus lomos y les soltaban en el lado español de la frontera, donde pastaban tranquilamente hasta que divisaban a la pareja del tricornio en su patrulla habitual. Los animales corrían entonces como alma que lleva el diablo hasta ser rescatados por los receptores del botín.

Cruzar a Portugal me trae a un tiempo el recuerdo de esta historia y la reflexión sobre la vigencia de la frontera de siempre. Cierto es que Portugal tiene frontera con cuatro regiones españolas, pero por su posición central, que emboca hacia el Atlántico por Lisboa, quizás sea Extremadura la que tenga la conexión más convivencial entre ambos países, tan cercanos y tan distantes.

Después de tantos siglos, La Raya sigue delineada con la misma precisión con que se trazó, más allá de sucesivos ajustes a lo largo de la Historia. Pero en un mundo global, y compartiendo un lugar geoestratégico tan privilegiado como la Península Ibérica, no es fácil entender las escasas sinergias de alcance generadas entre ambos países para rentabilizar un posicionamiento de valor conjunto en el mundo.

Mirar a los vecinos portugueses por encima del hombro es moneda de uso corriente en los mismos países desarrollados donde se entona con normalidad 'Grândola, Vila Morena', una canción de amistad arropada por los claveles del 25 de abril. La aportación romántica de Portugal a la recuperación incruenta de la democracia. Incluso para la España que ambiciona sentarse a la mesa de los países más pudientes (G 8) sin lograrlo.

El problema es que objetivos tan altos –a los que no hay que renunciar–, pueden nublar expectativas más realistas en el corto y medio plazo. Expectativas a fraguar con el país vecino en el tablero geopolítico europeo, o en el logístico y comercial con latitudes de ultramar. En ambos casos, las posibles sinergias ibéricas de carácter estratégico deben adquirir visibilidad y fortaleza en el seno de una maltrecha Unión Europea, que necesita recuperar la cohesión interna.

Como zonas poco desarrolladas, tanto Extremadura como Portugal tienen la obligación de aspirar a mirarse en el espejo de países situados en el top ten del Estado del Bienestar, por ejemplo Noruega, Finlandia u Holanda. En ese afán, el país lusitano ha logrado que gran parte de su población hable con fluidez, y sin acento, el idioma que más cuenta para las cosas de comer. De este modo, el inglés y el español son idiomas de uso común en el país hermano. ¿Cuántos españoles hablan portugués?

Saberse pobre empuja a sobrevivir y en Portugal hace ya muchos años que la televisión lusa se emite en versión original, con lo que la lengua inglesa ha pasado a formar parte del ADN educacional del país vecino que, abocado al Atlántico, ha desarrollado una querencia anglófila cuya traducción inmediata es el huso horario de Greenwich. Como en Londres, en Lisboa y Elvas hay una hora de diferencia con Madrid y Badajoz.

En un mundo global presidido por el inglés, sin perjuicio para los planes de estudio regionales, y a pesar del papanatismo de los sucesivos gobiernos de España en esta materia, quizás la Junta podría plantearse aplicar en Extremadura la fórmula portuguesa para la emisión de programas en versión original en inglés (pelis incluidas) en las televisiones sobre las que tiene competencia regulatoria: autonómica y locales.

Alguien tiene que abrir brecha en un tema hipotéticamente impopular para un político, pero contribuir a aprobar esta asignatura es tarea que urge. Porque durante las próximas décadas, la economía mundial, la investigación científica y los desarrollos tecnológicos más relevantes seguirán hablando inglés. Es tal el potencial desarrollo económico y social que ofrece esta oportunidad a medio y plazo, que debería incluirse en algún programa electoral y cumplirlo.

Este puede ser un punto de connivencia importante. Basta con preguntar al otro lado de la frontera cómo lo han hecho, porque en España las sucesivas fórmulas del mal llamado bilingüismo en inglés siguen cosechando altas cotas de fracaso. Va a ser verdad que 'Spain is different'. Basta recordar los presidentes de Gobierno que nos han representado en el mundo por medio de intérpretes.

Quizás sea hora de que Extremadura tome ejemplo del país hermano y empiece a sacudirse los complejos de región poco desarrollada. De huir hacia adelante en temas que pueden redundar en el interés general de la región y posiblemente del país. Sobre todo cuando 'Extremadura se ahoga', según el titular de un documentado reportaje publicado hace pocos días por un influyente periódico nacional. Porque al no tener mucho que perder, será más fácil reconocer 'Portugal, por qué te quiero tanto'.

 

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