Portugal se queja por tener que pagar para navegar por el Alqueva español

Barco portugués de navegación recreativa en las aguas de Alqueva. :: hoy/
Barco portugués de navegación recreativa en las aguas de Alqueva. :: hoy

Las embarcaciones de recreo lusas deben solicitar autorización y abonar una tasa a la CHG para entrar en aguas españolas

Miriam F. Rua
MIRIAM F. RUA

«Si voy a Isla Cristina con mi barco puedo atracar en el puerto deportivo sin ningún problema, pero si quiero cruzar de Juromenha a Villarreal tengo que ir a Badajoz a solicitar un permiso y pagar una tasa. No tiene sentido, Alqueva es agua internacional y deberíamos utilizar las mismas reglas que tenemos en el mar». Lo dice Humberto Nixon, gerente de Alquevatours, una empresa portuguesa dedicada a hacer paseos culturales en barco por el lago Alqueva.

Las embarcaciones recreativas portuguesas tienen que pagar para entrar en las aguas de Alqueva que pertenecen al reino de España, que ocupan 33 kilómetros cuadrados de la provincia de Badajoz, de los 250 que tiene el área del lago.

Al contrario, los barcos españoles pueden navegar por las aguas lusas libremente. Esta es la situación de la que se quejan las empresas turísticas que operan en Alqueva, el lago artificial más grande de Europa.

La diferente legislación entre países puede ser un freno al desarrollo turístico de Alqueva, según los empresarios portugueses

Según la Ley de Aguas española, detalla Samuel Moraleda presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG), «en aguas continentales, la navegación recreativa está sometida a declaración responsable». Esto se traduce en que los barcos que quieran entrar en las aguas interiores españoles, en este caso de Alqueva, tienen que solicitar a CHG la matriculación de la embarcación, pagar la tasa de matrícula, el canon de utilización de las aguas y, en el caso particular del Guadiana, pagar una tasa de desinfección de las embarcaciones para la lucha contra las especies invasoras.

Al contrario, confirma Moraleda, «en Portugal la navegación es libre, pero cuando una embarcación llega a territorio español tiene que tener autorización para navegar». De lo contrario, los barcos se exponen a una multa. La CHG tiene un convenio con el Seprona, que es el que se encarga de velar por el cumplimiento de esta ley y de interponer los expedientes sancionadores. Según los datos facilitados por la Confederación, entre 2009 y 2015 (último año del que se tienen datos), se han puesto 23 sanciones a embarcaciones portuguesas por entrar en las aguas españolas de Alqueva sin autorización.

Ante esta situación, los portugueses piden las mismas reglas de juego para un lado y otro de la frontera. Nixon apuesta por armonizar la legislación de los dos países siguiendo el modelo portugués. «Nuestro plan de ordenación de la presa de Alqueva es muy simple: tener la documentación y los medios de salvamento en regla y el tipo de motor de la embarcación. Aparte de eso, lo único que hay que hacer es levantar la bandera española cuando se entra en sus aguas».

Moraleda también es partidario de unificar los criterios de navegación. «Sería deseable en Alqueva y en las zonas fronterizas del resto de cuencas. Pero en tanto en cuanto no haya un acuerdo, no podemos hacer excepciones».

Pedro Salema, presidente de la empresa de Desarrollo e Infraestructuras de Alqueva (EDIA), apunta que la indefinición de la frontera en las aguas de Alqueva es un problema añadido para la navegación. «Portugal ha construido un embalse que ocupa una parte de territorio español y las reglas de navegación de recreo no son las mismas en un país y en otro. El problema es que la frontera está en medio del lago y no está definida y es muy fácil entrar en aguas de España sin darte cuenta».

La falta de señalización de la frontera, afina Salema, «afecta al tramo entre Mourão y Villarreal que está frente a Olivenza». A este respecto, añade: «Olivenza es un problema de hace 200 años, no debería serlo ahora». El presidente de la CHG, sin embargo, niega que la frontera en las aguas de Alqueva no esté clara: «Entiendo que la zona está perfectamente delimitada, incluso hay pasillos de balizamiento que se pusieron en su momento para facilitar el acceso a la parte portuguesa desde la parte española».

En todo caso, para los empresarios portugueses, estas trabas son un freno para el desarrollo turístico de Alqueva y su entorno. «Puede dificultar la explotación turística», confirma Nixon, quien el 90 por ciento de sus paseos en barco se hacen en aguas portuguesas. «Si unos clientes me dicen que quieren dar un paseo de Moura hasta la playa de Cheles y para eso tengo que pagar por un permiso, no lo hago».

Salema opina igual: «A la hora de invertir en Alqueva, la diferente legislación de navegación genera desconfianza y en las empresas que ya hacen paseos la falta de frontera provoca mucha inseguridad. Es injusto y no tiene sentido que solo podamos navegar en la mitad del lago». Para él, la solución pasa porque ninguno de los países cobre por navegar en las aguas que comparten.