Podemos: la negociación y el personalismo

Podemos: la negociación y el personalismo
ANTONIO PAPELL

El documento aprobado por la Ejecutiva Federal del PSOE el pasado lunes, 'España avanza. Propuesta abierta de cooperación para un Gobierno Social, Feminista, Ecologista, Europeísta y Progresista' está muy centrado, como ha reconocido toda la crítica política. En la práctica, la izquierda intelectual periodística y política lo ha calificado de timorato e insuficiente, alejado incluso del programa del 28-A puesto que ya no incluye la derogación de la 'ley mordaza', ni mantiene la propuesta de una ley de Libertad de Conciencia, ni abunda en el laicismo ni siquiera contiene la reclamación a la Iglesia de los bienes inmuebles indebidamente inmatriculados a su nombre (de la revisión de los acuerdos con la Santa Sede tampoco hablaba el programa electoral). Se ha recordado que esta propuesta socialista, que en principio va dirigida a Unidas Podemos, la principal formación que podría garantizar la investidura y la estabilidad posterior, aborda con mucha suavidad las cuestiones de memoria histórica y limita la reforma constitucional a asuntos como el blindaje de las pensiones, la limitación de los aforamientos y la protección de los discapacitados y el medio ambiente.

Los ingredientes progresistas del programa son llamativamente escasos, y de hecho es extraño que no se hayan incluido algunos elementos del discurso socialista que ya eran habituales y que en cierta medida son obvios en su bagaje doctrinal. Cuando es evidente que uno de los grandes temas de la próxima legislatura será el conflicto catalán, ni siquiera se incide en la vocación federalista del partido socialista, que podría servir de puente con los nacionalistas dispuestos a adentrarse por el camino ortodoxo y multilateral de las reformas del modelo constitucional vigente. Parecería que el PSOE ha querido emitir este documento blando para que el otro actor, el minoritario que habrá de componer la minoría suficiente de gobierno, tenga espacio para colocar sus propuestas, más radicales que las socialistas, hasta componer una oferta conjunta que se ubique en la zona media del centro-izquierda. El moderantismo ofertado por el PSOE, amalgamado con el radicalismo propuesto por UP, daría como resultado un proyecto radical-socialista, punzante y templado, compatible con el nacionalismo progresista y capaz de aglutinar a una clara mayoría social (ya se sabe que el eje de simetría ideológico de este país está levemente escorado a la izquierda).

Ferraz afirma que hay en su texto algún guiño a Podemos, concretamente en materias de política de vivienda y transición ecológica. En lo primero, aunque no se accede a limitar los precios del alquiler, sí se acepta destinar una partida de 400 millones de euros para un plan estatal de rehabilitación de viviendas; y en lo tocante al medio ambiente, se implantan criterios más exigentes en todos los sectores productivos y se crea un Consejo para la Seguridad Ambiental para «anticipar y prevenir al máximo los riesgos asociados al cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad». Entre estas concesiones y las que Podemos podría arrancar -las materias susceptibles de debate son claras: renta básica universal, derogación de la reforma laboral del PP, control de los alquileres-, la futura mayoría de gobierno adquiriría unas tonalidades progresistas suficientemente marcadas.

Sucede que este no es el problema: Pablo Iglesias, superviviente de una decadencia que ha dejado en la cuneta a la mayor parte y a lo más valioso de su anterior equipo, que ha roto territorialmente al partido y que le ha desacreditado a él mismo, necesita resucitar personalmente, y ello no lo conseguirá -piensa, quizá erróneamente- si su contribución a la futura etapa no pasa por su protagonismo como ministro, como miembro del Gobierno. Lo que está en juego no es el ideario -de hecho, Iglesias se ha negado a empezar a negociar con los socialistas hasta que no se aclare «lo suyo»- sino el papel que él vaya a jugar en este renacimiento socialdemócrata que Sánchez está encarnando, y que tiene claras repercusiones en Europa. Debe sin embargo medir Iglesias con gran cautela sus movimientos porque un paso en falso podría efectivamente abocarnos a nuevas elecciones, en que los populistas sucumbirían hasta la más completa irrelevancia.