TÚ AL PUEBLO, YO A LA PLAYA

La playa más famosa de Extremadura

Complejo Playa Costa Dulce, en Orellana, y detrás los apartamentos de la Junta. Vista desde la playa Costa Alegre, en Campanario. :: a.a./
Complejo Playa Costa Dulce, en Orellana, y detrás los apartamentos de la Junta. Vista desde la playa Costa Alegre, en Campanario. :: a.a.

Orellana, la única playa de interior del país con bandera azul, atrae en verano a bañistas de media España

Antonio J. Armero
ANTONIO J. ARMEROCáceres

Los apartamentos 'Embalse de Orellana' son lo más parecido que tiene Extremadura a un complejo hotelero de costa, con el permiso de Marina Isla Valdecañas, el resort de lujo y amenazado de derribo que está junto a Navalmoral de La Mata. Dos señoras muy amables que viajan en un Volkswagen Golf blanco han reservado una noche aquí, y aunque al llegar están sin duda un poco perdidas y se han pasado la recepción, una hora después bajan la cuesta a buen paso con sus vestidos de ir a la playa y sus sombreros de ala ancha bien colocados, que hoy el sol atiza. Son de Salamanca, y en sus vacaciones por la región tienen contratados alojamientos en Guadalupe, Trujillo y aquí, en Orellana, donde está la única playa artificial de la región con bandera azul y donde hay un chiringuito que en su pizarra publicitaria informa de que despacha el plato de langostinos a cinco euros y el de gambones a seis.

Con seguridad, no los han pescado en el embalse, porque esta tierra es más de lucios del tamaño de dinosaurios. A la una de la tarde, hay quien ya ha cogido sitio cerca de la orilla y va calentando el sistema digestivo con una cerveza fría. El aperitivo lo tomaron hace ya un rato cuatro matrimonios de pensionistas llegados en excursión desde Monesterio todos sentados en sillas de camping alrededor de una sombrilla. Han pagado cada uno doce euros por el viaje en autobús, más seis -divididos entre las cuatro parejas, a osea, uno y medio cada una- por el alquiler de una mesa en la que sentarse a comer. Los ocho debutan en la plaza.

Un «cachito de playa»

«Nos gusta la familiaridad con la que la gente nos trata», comenta una pareja bilbaína que pasa aquí 15 días por segunda vez

«Este cachito de playa no la conocíamos ninguno, pero está muy bien», opina Antonio Garrón. «Está muy limpia -amplía-, no tiene arena, pero bueno, para qué quieres la arena, para que se te meta en los zapatos...». ¿Y la temperatura del agua, está a su gusto? «Al haber cemento, es mejor, porque el agua está más caliente», razona Pedro Mateos. «Y nos han dicho que aquí se come muy bien», añade Isabel Vázquez.

Completan el grupo amabilísimo y feliz Antonio Ramallo, Trinidad Torrado y Maricarmen Calderón, que resume la experiencia en un par de frases. «Nos ha gustado el ambiente que hay y cómo está el agua, y también que haya muchos chiringuitos, y todos los servicios que tiene». Esto último es precisamente lo que más ha pesado para concederle a Orellana la bandera azul, un distintivo de calidad del que no puede presumir ninguna otra playa de interior española. Además de restaurantes y aseos -hay quien cree que hacen falta más baños, porque los fines de semana hay tanta gente que se forman colas-, hay alquiler de embarcaciones, zona para practicar windsurf, columpios flotantes, rutas senderistas que parten desde allí...

Una oferta que seduce no solo a quienes lo tienen más cerca. Isa y Alain son de Bilbao, y es el segundo año consecutivo que reservan dos semanas en los apartamentos, que son de la Junta y los gestiona la empresa pública Gebidexsa. Hay 24, y en temporada alta cuestan 90 y 100 euros diarios los de un dormitorio -según sea para dos personas o para más- y 130 el de dos. Los principales clientes son extremeños, madrileños y castellanoleoneses.

Pero queda claro también que hay vascos. La pareja bilbaína viaja con Naroa, su hija, a la que el verano pasado llevaron a conocer Guadalupe, Mérida, Don Benito y Villanueva de La Serena. El guión de sus vacaciones extremeñas establece mañana playera, comida en el apartamento, un poco de siesta y vuelta a la playa por la tarde. Esto explica que a las dos, y con el sol dándole la razón a las dos amigas salmantinas, Isa, Alain y Naroa enfilen la calle empinada que comunica el recinto hotelero con el playero. «Nos gusta el sitio por varios motivos. Uno es la comodidad de no tener que andar mucho para llegar desde el apartamento hasta la playa y otro es el precio, aquí vale ocho lo que en otros sitios vale catorce». Y cita el treintañero vasco una tercera razón, quizás una de las cualidades de Extremadura como destino turístico. «Nos llama la atención la familiaridad de la gente. El camarero del chiringuito te ve tres veces y a la cuarta te ve llegar y te saluda de una manera... Se acuerdan de ti, y esto, la verdad, es algo que gusta».

 

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