El 'peido' portugués

Señal de prohibido ventosear en un bar de Beira (Marvão), al otro lado de la frontera. :: E. R./
Señal de prohibido ventosear en un bar de Beira (Marvão), al otro lado de la frontera. :: E. R.

En Portugal se ven carteles que prohíben tirar ceniza, ir borracho, dar voces o expeler gases

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

En Portugal, he visto carteles prohibiendo echar a la basura cenizas del brasero de picón en un punto limpio de Campo Maior y he leído carteles donde se prohibía entrar borracho en el hogar del pensionista de Serpa. En Lisboa, avisaban en Alfama a los españoles de que no dieran gritos y si no les quedaba más remedio que berrear y llamarse a voces, se volvieran a España y en Caminha, en la frontera del Miño, donde desemboca el río, se pedía en los paneles publicitarios que los viandantes bajaran la voz y no provocaran contaminación acústica, algo muy necesario en un pueblo tan visitado por españoles eufóricos que van de compras y de comilona.

Lo que no había visto nunca era un cartel tan escatológico como el que aparece en la fotografía: una señal muy explícita en la que se prohíbe el lanzamiento de gases, ventosidades, cuescos o como quieran llamarlo. En Extremadura, al aire expelido del vientre por el ano lo llamamos peo, que es palabra tan rotunda como fea, pero tiene la gracia de lo evidente, de lo que no recurre a eufemismos ni a medias tintas: esa incidencia aerofágica es desagradable y fea y la palabra también lo es. Punto.

En el resto de España, el peo es pedo y ahí entramos en unos terrenos de disimulo y cursilería que no van con nuestro estilo claro y directo. Llamar pedo al peo siempre nos ha parecido afectado y propio de petimetres. Aunque si pasamos al portugués o al gallego, entonces ya llegamos al colmo del lirismo escatológico con ese vocablo, 'peido', que parece más volatilidad poética que putrefacción gaseosa.

Todo lo que tienen los portugueses de reservados, educados y discretos en las costumbres, lo tienen de claros, terminantes y rudos en los carteles, ya sean escritos, ya sean meramente visuales como el de la señal de prohibición de la foto. Lo encontré en un bar de Beira (Marvão). El lugar es también restaurante y hay que tener muy pocos complejos para poner un aviso así en un lugar donde se come porque es una ley no escrita que solo se prohíbe lo que se hace o es posible que se haga. Cuando en los bares españoles se avisa de que no se fía y de que en ese lugar no se escupe ni se blasfema, es porque hay clientes que tienen la mala costumbre de pedir prestado, de menospreciar lo sagrado o de lanzar esputos cuando les peta. Y si se prohíbe ventosear es porque se hace y si se hace, pues ya me dirán qué ganas vamos a tener de entrar a comer en un restaurante donde los clientes tienen hábitos tan gaseosos.

No crean que Beira es un pueblo portugués perdido donde se conservan costumbres bruscas y animalescas, en absoluto. Beira fue hasta hace nada una especie de Valencia de Alcántara en pequeñito del otro lado de la frontera. En Beira acababa la línea ferroviaria portuguesa y aquí, al amparo del Lusitania Exprés y de los 'comboios' se levantaron palacios y negocios. Durante la II Guerra Mundial, en Beira fraguaron golpes de mano y el pueblo era un hervidero de agentes de las potencias europeas, que manejaban el transporte del wolfram, el paso de espías y el intercambio de ilustres detenidos.

Pero a los hosteleros tradicionales portugueses les gusta recurrir al humor provocador más allá de que por la estación del pueblo pasen reyes camino del exilio o del trono.

Además de esta prohibición en un bar de Beira de expeler 'peidos', recuerdo que en el Kanimambo, una conocida y humilde casa de comidas de Oporto, había un muñeco cuyo pene se erguía cada vez que abrías la puerta del baño de caballeros y en un popular pub de la periferia de Lisboa, sonaban jadeos muy estimulantes si dejabas propina. Portugal es un país delicado en el fado, en Pessoa y la 'saudade'... Pero también es un país con retranca donde no se pierde el toque irónico ni en el turbador trance del 'peido'.