Quien peatonaliza, gana

Casco antiguo de Trujillo, por donde aún pasan los coches. :: E. R./
Casco antiguo de Trujillo, por donde aún pasan los coches. :: E. R.

Dicen las encuestas que los votantes de izquierdas apoyan más las ciudades sin coches

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

En todas las ciudades donde he escrito, he publicado el mismo reportaje: el ayuntamiento decide peatonalizar una calle o una plaza, los comerciantes de la zona se sublevan, los vecinos se quejan por las obras y al cabo de un año, todos son felices porque la peatonalización les ha traído ventajas y comodidad. Además, los alcaldes, ya fueran de Santiago de Compostela, ya lo fueran de Cáceres, ganaban las elecciones municipales a pesar de que la oposición, los agoreros y los resistentes a los cambios, que en provincias suelen ser casi todos, vaticinaran una debacle electoral para el temerario alcalde que peatonalizó sin tener en cuenta la felicidad de comerciantes, vecinos y ciudadanos en general.

Una reciente encuestas de Ipsos dice que dos de cada tres españoles están a favor de restringir el tráfico en el centro de las ciudades. Los datos del trabajo arrojan resultados curiosos como que los votantes de PSOE (76%) y Unidos Podemos (73%) apoyan mayoritariamente la peatonalización, mientras que los de Ciudadanos (61%) y PP (52%), aunque también la apoyan, lo hacen de manera más tibia. Otro dato a interpretar es que los menos convencidos de la peatonalización son los españoles que tienen entre 30 y 39 años: un 47% se opone, aunque siguen siendo mayoría los favorables.

No entiendo que si eres de derechas no te guste tanto pasear por calles sin coches como si eres de izquierdas. Quizás lo de tener 30 años tenga que ver con que a esa edad es cuando más flipas con los coches o tienes niños y quieres llevarlos a la puerta de todo. No sé. Lo único claro es que la peatonalización gusta y es irreversible que el centro de las ciudades sea un espacio para los viandantes y no para los conductores.

Otra cosa es que tengas suerte y te toque un alcalde valiente o no. En Cáceres, hubo alcaldes que teniendo a punto la peatonalización de la parte antigua, se echaron atrás porque la noche anterior a tomar la decisión recibieron una llamada amenazante de un representante de las fuerzas vivas. En mi ciudad, los alcaldes no han sido muy valientes peatonalizando y tardaron años en prohibir el acceso de coches a la parte antigua. Y no digamos lo del estacionamiento en la plaza Mayor, que escandalizó a los turistas durante lustros hasta que se decidieron a cerrarla al tráfico cuando ya era una vergüenza tener aquel lugar sagrado lleno de turismos.

Una ciudad con madatario valiente es Pontevedra. Su alcalde desde 1999 es Miguel Anxo Fernández Lores, militante del BNG, o sea, un partido nacionalista y de izquierdas. Su política más destacada ha sido la peatonalización total del centro urbano, unida a un embellecimiento de las plazas y las calles. Pontevedra ha recibido premios internacionales de urbanismo, es puesta como ejemplo en congresos y las visitas de equipos de urbanistas de medio mundo son constantes.

Los pontevedreses, que son iguales que los cacereños o los emeritenses, están orgullosos de su ciudad paseable, los turistas se enamoran del casco viejo, antes feo y lleno de coches y hoy agradable y sosegado, y el alcalde nacionalista radical gana elección tras elección en una ciudad conservadora que vota a la derecha siempre excepto cuando hay que votar al alcalde que peatonalizó.

El viernes pasado, hacía muy buen tiempo y medio Cáceres estaba en la calle. Cantaba Pablo Milanés en el Gran Teatro y la aglomeración en la calle San Antón era apoteósica. Los paseantes tenían que echarse al asfalto con gran peligro y hasta Gracia Querejeta, la directora de cine, descendía desde Cánovas esforzándose en sortear peatones sin dejar la acera. En fin, un dislate que parece no tener remedio o que solo lo tendrá cuando ocurra un accidente.

La calle San Antón de Cáceres acabará siendo peatonal y, al igual que el casco antiguo de Trujillo, verá llegar un día en que los turistas y los nativos se hagan cruces recordando el tiempo lejano e irracional en que San Antón y la almendra monumental trujillana no eran peatonales. Y no olviden la máxima infalible: quien peatonaliza, gana.