Pasión y elecciones

Si esta semana está en medio de una aglomeración, a ver si puede saber si está en un mítin, procesión o retención de tráfico

Pasión y elecciones
ANA ZAFRA

ESPAÑA es un país laico. Al menos en teoría. En la práctica, en lo tocante a fiestas religiosas que conlleven vacaciones, seguimos guardándolas con un fervor, si bien más mundano que espiritual, semejante a la adoración divina.

Por eso, que esta recién inaugurada campaña electoral coincida con la Semana Santa ha provocado un 'gataflorismo' entre aquellos quienes, como la famosa gata, si el gobierno anuncia elecciones chillan, y si tarda en convocarlas, lloran.

Sí, a pesar de nuestra sensación de llevar años en campaña, la real empezó hace cuatro días cuando- ¿casualidad o estrategia electoral?- pasamos de los viernes sociales del Gobierno al Viernes de Dolores de la Iglesia.

Pues bien, esta coincidencia ha causado malestar entre algunos políticos. Sobre todo, entre aquellos guardianes de las tradiciones patrias. Entiéndase tradición no tanto referida a la Semana de Pasión como a la pasión por una semana de vacaciones. O sea, aquellos que tenían pensado para estos días un viaje a lugares exóticos y van a tener que cambiarlo por una 'turné' pegando gritos por los pueblos.

O los que, como Teodoro García Egea, tienen que compaginar su posición política con su designación como pregonero de la Semana Santa que, al tener que preparar dos discursos para la misma fecha, temen liarse y terminar proclamando candidata a la mismísima Virgen Macarena.

En realidad, lo de mezclar fe y política ya llevamos tiempo haciéndolo, es decir, lo de creernos lo que no vemos es, a la par que un dogma religioso, el pan nuestro cotidiano. Así, entre el Paraíso Celestial, ofrecido por Dios, y el terrenal de los políticos, uno nunca sabe cuál elegir porque ¿qué será primero, el Juicio Final o el final del Ave en Extremadura? Claramente el primero: los jinetes del Apocalipsis no necesitan tren, vendrán a caballo.

Imagínense que, con el lío, terminamos cambiando las cosas y en las procesiones, en vez de imágenes, paseamos candidatos. Ellos irían soltando el mitin entre saeta y saeta y, en los actos de campaña, aunque fuese por una vez, los representantes políticos serían unos santos.

O que nuestros políticos, en vez de insultar, orasen y, para compensar, los curas hiciesen campaña- cosa que, por otra parte, tampoco sería nueva-. En plena homilía, el párroco anti-catalanista: «alguno de vosotros va a venderme», dijo Jesús, a lo que Judas, traidor, contestó «escolta, Jesús, ¿de cas seré jo?». O, el cura obrero, en la Oración en el Huerto: «Padre, haz que pase de mí este cáliz».

La delgada línea entre Cielo y Tierra también, como todos los años por estas fechas, se difuminará ya que Semana Santa es sinónimo de las ya anunciadas huelgas en los aeropuertos. Está, además, asegurado el potaje de Cuaresma solo que, en vez de garbanzos, será con siglas y llevará promesas en lugar de espinacas. Y ese 40% de indecisos, es decir, los que aún andan en plena torrija dubitativa, en lugar de ayuno y abstinencia, gozarán de un festín de propuestas tan etéreas como la Resurrección de la Carne. De la Santísima Trinidad ya hablaremos tras el 28.

Así que, si en esta semana se encuentra en medio de una aglomeración, cierre los ojos y vea si es capaz de distinguir si está en un mitin, una procesión o una retención de tráfico. En todas, ya sabe, es cuestión de fe y de paciencia.