O pase o no pasas

Hospital San Pedro de Alcántara o La Residencia. :: HOY/
Hospital San Pedro de Alcántara o La Residencia. :: HOY

En la Residencia de Cáceres, ya no es tan fácil colarse

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

En la Residencia de Cáceres, que es como aquí conocemos al hospital de referencia de la provincia, el San Pedro de Alcántara... En la Residencia, digo, ha cambiado la política de visitas. Hace diez años, o llevabas un pase o no entrabas ni disfrazado de Hipócrates ni poniendo cara de usted no sabe quién soy yo. Pero al poco tiempo, se relajó la cosa y durante el último lustro, allí entrabas como si accedieras al bar 'Montaditos' (sin el 100) de la esquina. Bueno, en el 'Montaditos' había más control porque tenías que pedir en caja y esperar a que te llamaran. En la Residencia, ni control ni nada, llegabas y entrabas. Como mucho, te pedían que salieras al pasillo durante la ronda de consultas de los médicos.

Yo veía aquel panorama, cuando mi padre o mi madre estuvieron ingresados, y hacía votos para no caer enfermo porque aquellas habitaciones y aquellos pasillos parecían más bares de barrio o de pueblo el día de la fiesta del lugar que salas de hospital. ¡Pobres enfermos! Tenían que soportar conversaciones, saludos, risotadas, gritos, exclamaciones de sorpresa y, lo peor, que un montón de desconocidos les pidieran explicaciones sobre su salud, que de tanto contarla, acababan empeorando no por enfermedad agravada sino por agotamiento explicativo.

Era una algarabía festiva que provocaba en los participantes un deseo irrefrenable de volver a la Residencia al día siguiente para poder seguir disfrutando de aquella juerga improvisada en la que hacías amistades, te reencontrabas con viejos conocidos y, de paso, cumplías con la santa misericordia de visitar al enfermo. En resumen, por el mismo precio, tranquilizabas la conciencia, te lo pasabas bien y aumentabas tu lista de contactos en el WhatsApp.

En aquella fiesta de las visitas, había algunas víctimas. La primera, los enfermos, que no sé cómo podían resistir sin que les estallara la cabeza. La segunda, los acompañantes de verdad, los que pasan allí muchas horas y muchas noches, los que darían lo que fuera por cuidar a su convaleciente con silencio, tranquilidad y paz. Pero a ver quién le dice a la familia que es mejor que no visiten, que las visitas agotan, que ya sabemos que están muy preocupados por el enfermo, pero que es mejor que no lo mareen para que se cure antes. A ver quién es capaz de combatir y vencer contra la cultura del cumplir

Después está el tema de la televisión. Pero alma de cántaro, ¿cómo les van a dar el alta pronto a esos pobres ojerosos postrados desde hace días en una cama si les haces ver, aunque no quieran, 'Sálvame Limón', 'Sálvame Naranja', 'Gran Hermano VIP' y 'El horóscopo de Esperanza Gracia' un día sí y otro, también? Siempre he pensado que si enfermo y me meten en la Residencia una semana, saldré peor de lo que entré. Los médicos me curarán de la enfermedad seria, pero las visitas me harán perder la cabeza, la razón y el equilibrio del sistema inmunológico.

Siempre había pensado eso hasta que me he enterado de que la política de acceso a la Residencia ha cambiado. Al fin, ha regresado la seriedad a las puertas de la zona hospitalaria y nadie se cuela si no tiene pase. Esta medida es una garantía de bienestar para los enfermos, aunque sé que provoca la indignación entre el equipo de plañideros, saludadores y correveidiles de pasillo hospitalario, esos que van de habitación a habitación buscando un pretexto o un medio conocido para preguntar: «¿Qué tal está?» Y, de paso, te cuentan qué tal están ellos.

Así que ya saben: o pase o no pasan. Al menos en la Residencia de Cáceres. No sé si en el Infanta (aunque le quiten el nombre y lo llamen Universitario, siempre será el Infanta) se sigue la misma política restrictiva. ¡Ojalá! Tampoco sé si se trata de una orden de arriba o es solo la decisión unilateral de un celador creativo. Da lo mismo. El caso es que, por mucho que duela, se han acabado los festejos de hospital. Así, al menos, no le dolerá o le dolerá menos al que interesa: el enfermo.

 

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