Parar, templar, mandar

Desde hace 20 años la Escuela de Tauromaquia forma de manera discreta a hombres y mujeres en esta complicada profesión

Parar, templar, mandar

EL legendario Juan Belmonte siempre tuvo a bien utilizar una leyenda que tan aplicable era para el coso como para la vida, el arte ante el toro nacía desde tres tiempos fundamentales en la lidia: parar, templar y mandar. En los tiempos que vivimos peligrosamente no hay sector social que no esté en una situación de transformación y debate sobre la misma. Ejemplos son la política, la economía e, incluso, el fútbol, con la introducción del vídeo arbitraje. Y el mundo de los toros no iba a ser menos, el cual convive en este momento con un sentimiento amenazante ocasionado por varios motivos: por un lado, el acoso cada vez más duro de los antitaurinos, los que están en su legítimo derecho para protestar, a veces apoyados por algunas instituciones que buscan segregar todo lo que se identifique con la tradición española. Por otro lado, la sobreexplotación que, por parte de algún empresario taurino, lleva a cabo con los toreros. Y por último, la bajada masiva de asistencia a las corridas de toros.

Es oportuno reivindicar el trabajo que instituciones como la Diputación de Badajoz llevan a cabo a través de la escuela provincial de Tauromaquia. Grandes figuras que han revitalizado la tauromaquia como Miguel Ángel Perera, Talavante, Ginés Marín, e incluso un jovencísimo Roca Rey pasó por esta escuela atraído seguramente por su prestigio. Todos ellos y muchos más dan buena fe de la extraordinaria labor que los profesores realizan. Quizá, lo más importante no es el triunfo de figuras del calibre como los antes mencionados, lo más importante es el valor esencial de dicha escuela que no es otro que el de dar formación gratuita a quien quiera formarse. Sea hombre o mujer, de Badajoz o de Puebla de Sancho Pérez.

Desde hace 20 años forman de manera discreta a hombres y mujeres en esta complicada profesión, dotándolos de conocimiento y valores necesarios tanto para el arte del toreo como para desenvolverse en la vida. 20 años en el que una administración socialista ha contribuido en la formación de la que posiblemente sea parte de la mejor generación de toreros de los últimos 40 años, con permiso de la generación de Curro Romero y José María Manzanares. Mi reivindicación tiene como objetivo lo contrario de lo que parece, ya que creo que el primer gran paso para recuperar los años gloriosos de la llamada fiesta nacional es abstraerla de debates ideológicos, con la unidad de los que amamos el toro podremos garantizarle un futuro, si se permite que haya gente que reparta carnets de buen taurino y mal taurino, malos resultados traerá consigo. Ni todos los seguidores de la tauromaquia son de derechas, ni todos los antitaurinos son de izquierdas. Como todo lo que ocurre en los tiempos que vivimos, nada es sencillo, ni se mueve entre el blanco y negro. Si queremos preservar la tauromaquia y garantizarle un futuro, hay que aunar esfuerzos y evitar sectarismos rancios y anacrónicos. Los toros son de todos sus aficionados y aficionadas.