De pactos y chalaneos

De pactos y chalaneos
Tomás Martín Tamayo
TOMÁS MARTÍN TAMAYO

Antes de morir, el emperador Augusto cogió las manos de su esposa y de Tiberio, las apretó contra su pecho y fiel a su teatralidad, se despidió: «Lo que decimos, lo que queremos y lo que pensamos, casi nunca coinciden con lo que finalmente hacemos. La comedia ha terminado». Esta semana pasada hemos conocido el gota a gota de los acuerdos y chalaneos para ayuntamientos y comunidades y, tras el parto de los montes, la comedia ha terminado, pero alguno se han dejado mucha credibilidad en la gatera, porque, al conseguir votos con mentiras, la hipoteca será de alto interés. La «veleta naranja», jugándose los ayuntamientos en un bochornoso deshoje de margaritas, lo pagará. Y si Cayetano Polo logró algún voto con su desparpajo: «Con el PP que ha gobernado estos años Badajoz y Cáceres no iría ni a la vuelta de la esquina», lo devolverá con intereses.

Estuve entre los que celebraron la llegada de «tropas de refresco» a la política española. ¿Nuevas ideas, nuevos caretos, nuevas formas y una manera más fresca de entender la «función pública«? Pensábamos que incluso podían modificar los vicios de los viejos, pero ha sido al revés, porque los recién llegados, Podemos y Ciudadanos, en muy poco tiempo, se han convertido en una copia arrugada de lo anterior. Se han quedado con lo peor de lo que traían y han sumado lo peor de lo que encontraron, de tal forma que los dos se están demostrando prescindibles, porque lo que podían aportar de aire fresco llega contaminado y cargado de pestilencias, fobias y, lo que es peor, de caprichitos. Y los de Vox, tras sus vergonzantes claudicaciones, poniendo la otra mejilla y tragando...

El reparto, tardío y artero que se ha hecho de ayuntamientos y comunidades, ha sido un vómito en la cara de los electores, porque pactar y negociar para sumar mayorías nada tiene que ver con el espectáculo vergonzoso de tratar a nuestras instituciones sin respeto y como si fueran cromos para intercambiar. Y en esto, tal vez por su exigua representación, se salva más Podemos que Ciudadanos, que se ha puesto a repartir y chalanear, contradiciéndose, rectificando y volviéndose a contradecir, para concluir haciendo de los pactos un mercadillo, sin respeto a las instituciones y al electorado.

Si llegaron para emporcar aún más, pase pronto este cáliz, porque o se hacen adultos o acabaremos añorando el bipartidismo que despreciábamos por sus podredumbres internas, donde uno piensa y los demás balan. Además, nos están haciendo ver que el único voto que vale es el que se da «a los de casa», sean regionalistas, nacionalistas, localistas… porque al final estos imponen sus intereses a todos los demás y negocian sus votos a un precio muy alto. Puestos a elegir, menos dañino me parece el capricho de unos pocos desde Extremadura, que el caprichito ignorante de unos señoritingos que se orinan en las instituciones extremeñas desde Madrid.

Son los diputados los que eligen al presidente y los concejales los que deciden quién es el alcalde y eso, cuando no hay mayorías, exige negociaciones y componendas que nada tienen que ver con el espectáculo que se ha dado, poniendo precio a las instituciones, para ajustar el chalaneo a los intereses de partido. Podemos ya baila, a la desesperada, en la misma loseta que el PSOE y PP, C´s y Vox van de la mano, aunque C´s, más cínico y veleta pretende encamarse con Vox, pero sin que se sepa, de tapadillo y sin reconocer a la criatura resultante. ¿No es esto un bipartidismo de bloques, igual al que teníamos? ¡Tanto remar para acabar en la misma orilla!