Pactos

MATILDE MURO

Acaban de constituirse los ayuntamientos de España a trancas y barrancas, porque así hemos votado todos. A nadie nos ha gustado cómo han pactado los unos con los otros, porque todos hubiéramos querido que «los nuestros» capitanearan los barcos que van a presidir nuestras vidas cercanas, pero ya ves lo que son las cosas: los que han recibido los votos se las han arreglado para componérselas y subirse al carro de la política.

Estas elecciones, como todas, son el fiel reflejo de nuestra sociedad, y en ellas hemos de vernos retratados sin enfadarse, sin insultos y sin desprecio al que le hemos otorgado el mando. Ahora, cuando se sienten por primera vez en la mesa del poder, acaricien el borde, se amarren a los brazos del sillón y respiren hondo, veremos si no tienen un golpe de tos que les ahoga, porque la responsabilidad que han adquirido es enorme.

La política se ha transformado, por fin, en una profesión de mucha enjundia. No digo que no haya vagos, aprovechados, malandrines y vociferantes, como en todas partes de la sociedad, pero el que se ha creído que ese sillón que acaricia le va a devolver el mimo, está muy confundido.

Hace pocos años no andaba la gente teléfono en ristre retratando todo lo que se mueve, haciendo de los autorretratos composiciones de entregas de premios, o de las palabras de la Primera Comunión del niño, el discurso de su vida. Ahora sí. Ahora vete tú a la calle a creer que eres el más campechano, el mejor edil, la mejor alcaldesa o la más cariñosa del orfanato. Te equivocas: allí está el pueblo llano con el móvil, su cuenta de Facebook, el hilo de twitter y el dedo rápido para el correo electrónico y te asa. No digamos ya los nuevos funcionarios salidos de la Universidad, convencidos de que sus conocimientos van a cambiar la humanidad a fuerza de inseguridades y te dicen que por ahí, no. Que «eso era antes», «que las cosas ya no se hacen así», «que todo está bajo control», «que no te separes del móvil día ni noche y que a bregar, o no te pasan las nóminas del personal», «que la nueva ley de contratos no deja contratar», «que la nueva norma de Seguridad ciudadana impide que los ciudadanos sean protegidos», «que los nuevos colegios han de ser desalojados porque hace calor o frío», y se te empieza a poner la cara verde, porque ese sillón al que te amarraste nada más llegar al despacho, te da calambres.

Eso es lo que les espera, señores ediles, diputados, concejales, consejeros, directores generales, asamblearios. como quieran definirse. Son unos valientes y yo les deseo aguante, serenidad y alegría, porque sé que, si se hubieran enterado antes, lo mismo los pactos se habían quedado en nada. O lo que hubiera sido mejor: como no sabían a lo que se enfrentaban, no deberían de haberse presentado sin información previa. Es lo que tiene la ignorancia.