Orgullo de padre

JORGE MÁRQUEZ

Salimos los tres hacia Badajoz con nuestra aureola de chicos del coro; pero rebasada la primera curva, y a un grito unánime, pusimos a tope el Dancing Queen de Abba. Y empezó el desmelene. Entre carcajadas y codeos discotequeros fuimos saliendo de la crisálida pueblerina para transformarnos en mariposas cosmopolitas dispuestas a comerse la fiesta de Los Palomos. Acabada la metamorfosis, nos admirábamos unos a otros. Luigi comentó: «Si me viera mi padre, le daba un chungo». «¡Pues el mío para nada! —negó Mario, embutido en su camiseta de malla negra—. A mí el mío, si me ve, me chilla ¡Te como!».