Oliventinos que marcan tendencia

Oliventinos que marcan tendencia
Antonio Tinoco
ANTONIO TINOCO

Me dirán que es apenas un gesto que además no cambiará el curso de la Historia; que se trata de un asunto que no trasciende el ámbito personal y sentimental de sus protagonistas; que no va a escapar de su órbita privada ni influir, ni mucho ni poco ni nada, en la política de los Estados. Aun admitiendo todo esto, reconociendo que no pasa de ser una atractiva anécdota, no dejo de mirar con simpatía y un puntito de envidia a ese medio millar de oliventinos que por primera vez tuvieron ocasión de votar, merced a su doble nacionalidad adquirida al amparo de los cinco siglos que Olivenza perteneció a Portugal, en las elecciones de ese país el pasado domingo. Porque, puestos a pensar, es una iniciativa que, de pronto y seguramente sin pretenderlo, apunta en la dirección correcta de lo que debería ser una Unión Europea más unida, que es lo que nos conviene.

Lo contaba el pasado sábado este periódico, que sacaba en su portada la imagen de cuatro vecinos de Olivenza mostrando cada uno de ellos, con un orgullo que no podían disimular, su Documento Nacional de Identidad español en una mano y su Cartão de Cidadão portugués en la otra. Uno y otro los acreditaban como sujetos del censo electoral de cada uno de esos países y, por eso, ciudadanos con derecho a elegir a sus representantes.

Todos ellos expresaban a la periodista Miriam Fernández Rua lo contentos que estaban por poder votar en las elecciones legislativas de la República Portuguesa, amparados en la misma legislación que reconoce a los judíos sefardíes como ciudadanos de pleno derecho tanto de España como de Portugal, en justa reparación a la expulsión que sufrieron sus ascendientes hace más de cinco siglos. ¿Pero y si ese gesto que pone tan contentos a los oliventinos fuera, en realidad, algo más que un motivo de alegría particular? ¿Y si fuera un hallazgo para hacer más integrador el futuro de la Unión Europea? ¿Y si fuera un modo de alentar la mezcla de las nacionalidades, de tal manera que todos pudiéramos ejercer de ciudadanos españoles y portugueses y franceses y alemanes a la vez y votar como nacionales de esos países y de cualesquiera de la Unión en las elecciones a sus Parlamentos?

Sería un procedimiento imaginativo e integrador de ir borrándonos las patrias que tanto nos limitan y de paso lograr la confusión de los nacionalismos, mandando al trastero a esas ideologías basadas en la supremacía nacional, cuya matraca tanto gustan de dar, en unión y compaña aunque no lo parezca, a los abascales y a los puigdemontes que habitan estos pagos (y de la que me temo que, al cabo de muy pocos días, tendremos ración y media).

Así que yo quiero ver en eso de votar en dos países distintos, como hacen los oliventinos españoles y portugueses al mismo tiempo, una actitud que anuncia el futuro que a mí me gustaría, y que podría ser el primer paso para la multiplicación de nacionalidades al gusto de cada quien para desembocar en un gozoso 'totum revolutum', en una Babel de naciones cuyo resultado fuera hacerlas cada vez más postizas, cada vez más prescindibles. Viviríamos en paz.