Mi nombre es Alía

Pueblo de Magacela, bonito nombre de mujer. :: E.R./
Pueblo de Magacela, bonito nombre de mujer. :: E.R.

En las 'nacionalidades' está de moda bautizar con topónimos

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Es raro que unos padres extremeños bauticen a su hijo con el nombre de Retamal o llamen a su niña Jola, pero eso es lo que está sucediendo en algunas regiones españolas, sobre todo en aquellas con más sentimiento nacionalista, donde los topónimos hacen furor en los registros civiles. Escoger el nombre de un recién nacido ya era una tarea complicada porque el santoral, guía más usual a la hora de bautizar, recoge más de 7.000 nombres de santos mártires, sumemos las vírgenes y tendremos una colección de nombres inabarcable. Pero la cosa se ha complicado porque a estas opciones se han sumado los topónimos de cada región.

En Extremadura, los nombres de los recién nacidos no llaman demasiado la atención y, desde luego, no existe ninguno entre los diez más usados, ya sea en hombres o en mujeres, que tenga carácter no ya nacional, ni tan siquiera regional. No abundan las Guadalupe, las Montaña, las Bótoa, las Puerto ni las Eulalia, sino nombres tan repetidos en el resto de España como Daniel, Manuel, Hugo, Álvaro o Pablo, que triunfan entre los varones, y Lucía, Carmen, Carla, María y Sofía, que lideran la lista en mujeres.

Hay que ir a las regiones con lengua propia para encontrar nombres diferentes a los que triunfan aquí, en Madrid o en Cantabria. Así, en Cataluña, entre los recién nacidos, abundan nombres 'nacionales' de tres letras: Pol, Nil, Jan, Pau, Ona y Noa. Es en el País Vasco, donde más se recurre a los nombres autóctonos en hombres (Markel, Julen, Jon, Oier y Mikel lideran la lista), aunque es en las chicas donde los diez nombres más usados de la lista tienen carácter distintivo: June, Are, Laia, Irati, Maddi, Nora, Noa, Nahia, Izaro y Malen.

Caso aparte es el de Ceuta y Melilla, donde una lista de nombres árabes aparece encabezada en las dos ciudades por los Mohamed y las Amira. Resulta curioso que en Canarias triunfen Dylan y Thiago, además de Izán, un nombre muy usado para bautizar en Galicia. Es en esta comunidad autónoma donde, además de Noa, que parece un nombre de mujer transversal para las comunidades históricas (está entre los diez primeros en Galicia, País Vasco y Cataluña), se han puesto de moda las formas toponímicas y llaman a los bebés Ares, Flavia, Mencía, Xalo, Navia, Aldán, Cíes, Airas o Ézaro.

En Extremadura no tenemos, como en Galicia, 41.374 nombres de lugares, pero contamos con una selección de 388 municipios, más sus pedanías, que brindan múltiples posibilidades de 'extremeñizar' el santoral. Somos poco nacionalistas, incluso somos mayoritariamente antinacionalistas, pero no me digan que no sería bonito llamar a una niña Usagre o a un chaval Belvís.

Esos y otros topónimos harían las delicias de los padres concienciados en Cataluña, en Galicia y en el País Vasco, incluso en Mallorca, Valencia y Navarra, donde también bautizan con mucho sentido de 'patria'.

Hombre, no vamos a llamar a un niño Cadalso, Carabusino ni Carcaboso y mucho menos Bronco, Rubiaco, Cambrón o Cambroncino, ni a una niña Pescueza ni Peñalsorda, pero no me digan que no son bonitos nombres como Aliseda, Deleitosa, Alcollarín, Mirabel o, el que más me gusta, Alía.

Una niña que se llamara Gargüera o Huélaga quedaría raro, además, apocoparían su nombre y sería Gargüi o Hueli, pero llamarse Alange, Cheles, Siruela, Villarta, Ardila, Cíjara, Táliga o Magacela regalaría a la niña un pedigrí autóctono de primera categoría. Hay nombres de pedanías como Guadisa (Alía), Maulique (Toril) o Asegur (Nuñomoral) que triunfarían en Girona o Lleida, pero aquí va a ser que no. Lo dicho, Daniel y Lucía.