Noche mágica en Torrejoncillo

El estandarte de María Inmaculada es el centro sobre el que gira la Encamisá. :: Lorenzo COrdero

La Encamisá volvió a llenar las calles de la localidad cacereña de jinetes, hogueras y coquillos

CHRISTIAN MORENO TORREJONCILLO.

Diez de la noche. Miles de personas se agolpan a las puertas de la iglesia de San Andrés esperando la salida del estandarte de María Inmaculada. Un instante que esconde muchos preparativos y del que disfrutaron anoche gentes procedentes de los lugares más variopintos de la geografía española. Todos ellos llegaron hasta Torrejoncillo con la idea de conocer una fiesta, unas costumbres, una devoción mariana que emana de las emociones de los oriundos del lugar que esperan con ansia la salida del estandarte.

Este año la organización de la fiesta ha recaído en la asociación de Paladines de la Encamisá, quienes han delegado la responsabilidad de procesionar el estandarte en la figura de Miguel Ángel López. Tocaba elegir al portaestandarte por sorteo entre todos los socios de Paladines de la Encamisá que se apuntaran al mismo. La fortuna recayó en Luisa Martín, cediendo esta la responsabilidad a su hijo Miguel Ángel, quien estuvo acompañado por Javier López y Pedro Luis López. Para todos ellos es una responsabilidad pero a la vez ha sido la consecución de un sueño que llevaban persiguiendo durante varios años. El año 2018 quedará marcado en sus vidas para siempre.

Durante toda la jornada de ayer en la localidad se respiraba un ambiente festivo. Los vecinos se preparan para vivir una noche especial. En sus casas no faltaban las mejores viandas para ofrecer a propios y a extraños. Como viene siendo tradición, el olor al dulce típico, el coquillo, impregna los hogares. En las plazuelas se agolpaban los troncones de encinas que dieron calor al visitante en esta noche fría de invierno. El trasiego de gente realizando el acto de andar La Encamisá fue intenso durante todo el día.

Este año, la organización de la fiesta ha recaído en la asociación de los Paladines de la Encamisá

Caía la tarde y se empezaba a ver a los primeros jinetes a lomos de sus caballos. Esto indicaba que se acercaba el inicio de la fiesta. Las sábanas blancas que cubrirían a los encamisaos estaban listas para ser colocadas. Las hogueras comenzaban a encenderse y en torno a ella se agolpaban los vecinos. Se abría la sede de los Paladines de la Encamisá donde a Miguel Ángel, Javier y Pedro Luis les iban colocando todo el atuendo. Por allí irían pasando los alrededor de 200 jinetes que procesionaron para recoger el farol que portaron durante todo el recorrido.

Según cuenta la leyenda, el origen de la Encamisá se debe a la batalla de Pavía donde varios torrejoncillanos participaron. De ahí todos aquellos elementos bélicos que caracterizan la festividad.

Cuando el reloj se encontraba cercano a las diez de la noche, en la plaza se agolpaba una multitud a la espera de vivir un momento único, la salida del estandarte. Hasta allí llegaban Miguel Ángel y sus acompañantes encabezando al nutrido grupo de jinetes. Allí también esperaba el grupo de escopeteros, que no paraba de lanzar salvas. Se calcula que se dispararon unos 45.000 salvas en honor a María Inmaculada.

Y llegó el momento álgido de la fiesta, el reloj marcó las diez y el repique de campanas anunciaba la salida del estandarte. Entre la multitud, la directiva de Paladines de la Encamisá consiguió hacerse hueco y llevar hasta la posición de Miguel Ángel el estandarte de María Inmaculada. En el trayecto se sucedían los vivas de todos aquellos que viven la fiesta de una manera muy especial y demuestran así su devoción a la patrona.

Y por fin el estandarte llegó a Miguel Ángel, momento especial que guardará para siempre en su retina. Después de ofrecerlo al pueblo, lo pasó a Javier y a Pedro Luis. Arrancaba de esta manera una procesión por algunas calles de la localidad. Durante todo el recorrido los balcones lucen abarrotados de gente impaciente por ver pasar el estandarte. Entre vivas y salvas la procesión transcurría como viene siendo habitual. En las hogueras se agolpaba el gentío llegado hasta Torrejoncillo, muchos de ellos testigos de reencuentros de amigos y familiares que no dudan en acudir un año más a esta celebración.

El portaestandarte ha sido Miguel Ángel López, al que acompañaron Javier López y Pedro Luis López

Como comentaban en una de las hogueras de la calle Don Lorenzo Díaz, La Encamisá es algo especial que cada torrejoncillano lo vive de un modo distinto. Es una noche llena de recuerdos y añoranzas por aquellos que ya no están, por aquel familiar o amigo que ayer no pudo estar pero cuya esencia se encuentra en cada una de las calles de este municipio. Calles con puertas abiertas de par en par para recibir a aquellos que vienen a conocer la fiesta y que se van con un muy buen sabor de boca.

La procesión seguía su ritmo natural, atravesando callejuelas por las que no caben más de dos caballos, ejemplo de entramado urbanístico de otra época. Al paso de esta se veía también uno de los emblemas de la fiesta, la quema de jarchas que los vecinos habían preparado en los prolegómenos de la misma. Y poco a poco fue llegando a su fin.

A su llegada a la plaza, Miguel Ángel hizo entrega del estandarte a los Paladines de la Encamisá. Estos consiguieron hacerse paso entre la multitud y llegar con él al altar de la iglesia donde una multitud esperaba impaciente su llegada. Los vivas se sucedían uno tras otro, siendo este otro de los momentos especiales de la fiesta. Miguel Ángel y su familia habían cumplido con creces la labor para la que habían sido requeridos. Una vez finalizada tuvo lugar la tradicional degustación del coquillo y el vino de pitarra con el que se obsequió en la sede de los Paladines a todos los asistentes.

Arranca la cuenta atrás para volver a vivir una fiesta que marca la idiosincrasia de todo un pueblo.

 

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