Necesitamos inmigrantes

Con la natalidad cayendo en picado, la única manera de mantener la población en Extremadura será con personas llegadas de fuera

Parque infantil en Valverde de Burguillos/CASIMIRO MORENO
Parque infantil en Valverde de Burguillos / CASIMIRO MORENO
Pablo Calvo
PABLO CALVOCáceres

El título que acaba de leer no es una provocación, tal y como está el patio electoral con el ascenso de fuerzas políticas como Vox, poco cariñosas con los inmigrantes si son pobres y de otras culturas; se trata de la conclusión de una realidad estadística que apunta que Extremadura, por varios motivos, necesita de personas de otros países para poder subsistir.

El primero y principal es el saldo negativo vegetativo, esto es, fallecen más personas de las que nacen, y no tanto por la primera parte de la ecuación sino por la segunda. Dicho de otra forma, puede ser muy arriesgado abrir una tienda dedicada a artículos infantiles porque cada vez nacen menos niños en la región.

El dato conocido esta semana es contundente, con una natalidad similar a la de 1941, que como es conocido ni fue el año más alegre de la historia de España ni el más holgado. En los seis primeros meses hemos tenido una caída superior al 10 por ciento, que además es casi el doble que en el conjunto del país.

No va a ser nada fácil revertir esta situación. Extremadura tiene una población envejecida que poco puede contribuir al crecimiento demográfico. Los jóvenes, por su parte, se enfrentan a las complicaciones económicas y laborales de la sociedad actual.

Esta semana también se ha dado a conocer una estadística que ha pasado más desapercibida que la demográfica, pero que influye en lo que estamos hablando. Se trata de las cifras de movilidad laboral, que el pasado año dejaron un saldo negativo de casi tres mil personas en Extremadura: se marcharon a trabajar fuera 5.300 y solo vinieron 2.300 de otras comunidades.

La mejor política de natalidad es que las personas tengan un trabajo que les conceda suficiente estabilidad para afrontar proyectos vitales, y si hay que salir fuera para conseguir un empleo, no se avanza en el camino correcto para crecer en población.

Pero los jóvenes que se quedan no lo tienen mejor. La precariedad de los contratos no solo les impide diseñar un horizonte a medio plazo, sino que a menudo ni siquiera les permite independizarse de la casa de sus padres. En el mejor de los casos, el panorama laboral no se les aclara lo suficiente hasta pasados los 30 años, y en esos momentos topan con otros obstáculos como la conciliación con el trabajo conseguido, que en el caso de ellas, además, temen perder o quedarse atrás profesionalmente si hay embarazo de por medio.

Con esta carrera de obstáculos, el plantearse tener hijos es una decisión que se va relegando y que supone en la práctica casi una heroicidad.

Pero la caída de la natalidad no solo responde a las dificultades de distinta índole que conlleva, que en mayor o medida se han dado en todas las épocas, aunque en la actual sean muchas. Tener hijos nunca ha sido barato. Obedece también a lo que se dice un cambio de paradigma, al convencimiento de las nuevas generaciones, y de las mujeres principalmente, de que no hace falta tener hijos para ser feliz ni sentirse plenamente realizados.

El crear una familia como signo de madurez es un concepto al que le pesa mucho el paso del tiempo, y ya no es mayoritario entre los millennials porque su orden de prioridades y valores ha cambiado al mismo tiempo que ha evolucionado la sociedad en este punto. Así que, hay que ir haciéndose a la idea de que muchas parejas, por muy estable económicamente que sea su situación, decidirán no procrear, con el mismo derecho y libertad que las que deciden y pueden convertirse en familia numerosa.

Que la natalidad, en fin, está en retroceso en zonas como Extremadura es un hecho que solo se ha visto aliviado en años anteriores por la convivencia entre nosotros de miles de inmigrantes, procedentes de sociedades donde el concepto de familia tradicional y numerosa aún está arraigado, que se marcharon luego durante la crisis.

La buena noticia es que están volviendo, y han conseguido que durante el primer semestre de este año ya entraran en nuestra región más personas de las que se marcharon. Va a ser la única manera de que crezca la población en Extremadura e incluso de que mejoren los índices de natalidad. Realmente se les necesita.