Las mujeres mueven los pueblos extremeños

En Extremadura hay más de 800 colectivos femeninos repartidos por todo el territorio y cerca de tres centenares desarrollan su labor en el ámbito municipal

Las mujeres mueven los pueblos extremeños
José M. Martín
JOSÉ M. MARTÍN

En la región hay más del doble de asociaciones de mujeres que municipios. El registro de la Junta de Extremadura suma 808 de las primeras, que se encuentran repartidas por todo el territorio.

Sus integrantes son las principales responsables de la dinamización social y cultural en el mundo rural, porque de las acciones que organizan se acaba beneficiando el conjunto de los vecinos. Sus actividades suelen están abiertas a todas las personas, aunque en su mayoría son mujeres las que participan. «Muchos hombres son reacios a asistir a estas cosas, creen que son cosas de mujeres», dice Esperanza Lozano, presidenta de la asociación Amigas 1931 de Almendralejo. «Ojalá asistieran más», puntualiza.

No siempre el pensamiento es el mismo, las componentes de la Asociación La Guinda, de Navaconcejo, prefieren acudir solas a las acciones que programan. Solo en los viajes de fin de semana se permite que acudan familiares de las socias, pero en el resto de citas se restringe la presencia. Son muy activas y la agrupación tiene unas 300 integrantes, según confirma su presidenta, Mari Carmen Castro. Organizan clases de baile, deportivas y de manualidades en las que hay profesores que dirigen las sesiones.

En los últimos años se han multiplicado las entidades que se definen feministas y que se crean para luchar por la igualdad y contra la violencia de género

Estas actividades, como sucede en otros municipios de la región, llegan también a los más pequeños. La Guinda tiene su propio calendario de clases extraescolares que repercute en numerosas familias.

Esta entidad es una de las casi 300 que desarrollan su actuación en el ámbito local de ambas provincias. Su presencia en los municipios, sobre todo en los más pequeños, ayuda a que los vecinos dispongan de alternativas de ocio más allá de las que ofrecen las empresas privadas, que normalmente no ven rentables estos mercados. Por ejemplo, Navaconcejo supera por muy poco los 2.000 habitantes, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), y el colectivo de mujeres ayuda a suplir las carencias que hay de cara a que sus conciudadanos ocupen el tiempo libre y que estos no tengan que desplazarse a localidades de mayor tamaño para participar en talleres formativos, cursos o charlas.

La cultura es, precisamente, uno de los sectores a los que dedican gran parte de sus esfuerzos las asociaciones de mujeres. Viajes para conocer ciudades y museos son algunas de las actividades puntuales más comunes. «Hay personas que no habían salido del pueblo para temas de ocio», indica Mar Costa, presidenta de la Asociación Clara Campoamor Nuevos Retos de Don Benito, que reconoce que es más fácil llenar un autobús para estos desplazamientos que un salón de actos para una conferencia. Nuevamente, de estas citas se benefician personas ajenas al colectivo que las propone y versan sobre temáticas muy diferentes.

Las mujeres de la asociación Clara Campoamor no faltaron a la manifestación contra la violencia de género de Don Benito. :: E. DOMEQUE
Las mujeres de la asociación Clara Campoamor no faltaron a la manifestación contra la violencia de género de Don Benito. :: E. DOMEQUE

Pero estas entidades no solo son responsables de los viajes fuera de los pueblos, también de los eventos que llegan a sus localidades. «Hay citas culturales que no se celebrarían en los pequeños municipios si no fuera por las asociaciones de mujeres», señala Catalina García, presidenta de Fademur Extremadura, una federación que agrupa a medio centenar de asociaciones de toda la región y que representa a más de 5.000 personas.

En un buen número de casos, los ayuntamientos se apoyan en estas entidades a la hora de organizar algunos puntos concretos de las fiestas locales.Eventos como los mercadillos medievales que se desarrollan en numerosas localidades o festividades destacadas, como Navidad, Halloween o el día de Reyes, tienen en los colectivos de mujeres el motor para salir adelante. «Colaboramos en las celebraciones y llevamos dulces o las manualidades que hacemos a lo largo del año en los talleres», expone a modo de ejemplo Juana María Gibello, presidenta de la Asociación de Mujeres Sansueña de Aliseda, que tiene cerca de 90 socias.

Ayuda y solidaridad

Con un objetivo diferente se creó hace ya cinco años Amigas 1931. «No queremos entretener a las mujeres, buscamos ayudar y hacemos proyectos destinados a aquellas que tienen problemas en la sociedad», en palabras de su presidenta, que añade que entre las intenciones del colectivo están promover la igualdad, la libertad y la solidaridad de toda la ciudadanía y desarrollar los valores del feminismo.

Sí es cierto que para cumplir con estas ideas se apoyan en acciones culturales. En uno de sus proyectos, dirigido a las cuidadoras de grandes dependientes, programaron clases de teatro en las que las usuarias conseguían desconectar de sus quehaceres diarios al menos un día a la semana. «No podemos ocultar que es algo muy arraigado en nuestra cultura que sean las mujeres las que se encargan de cuidar a sus familiares», comenta Lozano, que añade que ahora hay activo un programa pensado para mujeres con discapacidad y con la música como base de trabajo.

Una constante en los últimos años es la multiplicación de las asociaciones de mujeres comprometidas con la igualdad social y en contra de la discriminación por motivos de sexo y de la violencia de género. Menos de diez meses tiene Renacer, un colectivo villanovense que nació para «visibilizar a las mujeres, crear una red de apoyo, de información y acompañamiento, con atención integral», según la exposición que se hizo en su acto fundacional y que pretende incorporar a los hombres en su camino hacia la igualdad.

La presidenta de la asociación Clara Campoamor tampoco duda a la hora de afirmar que su entidad se define como feminista y que la fundación estuvo motivada por la necesidad de responder a la «desigualdad existente en la sociedad». En este sentido, la inmensa mayoría de los colectivos se sumaron a la conmemoración del Día Contra la Violencia de Género, que tuvo lugar el pasado viernes 25 de noviembre. «Somos guerreras y reivindicativas y hacemos concentraciones por las mujeres que son asesinadas o ante cualquier injusticia social», confirman desde Amigas 1931.

Algunas componentes de la Asociación de Mujeres La Guinda, de Navaconcejo, en una actividad en Aldeanueva del Camino. :: DAVID PALMA
Algunas componentes de la Asociación de Mujeres La Guinda, de Navaconcejo, en una actividad en Aldeanueva del Camino. :: DAVID PALMA

En Aliseda, las integrantes de Sansueña también estuvieron presentes en los actos con motivo del 25 de noviembre. «Es cierto que en los últimos años se ha vivido un repunte de las actividades relacionadas con la igualdad y la violencia de género», reconoce Gibello.

Tampoco faltan las acciones solidarias en las que las asociaciones de mujeres desarrollan tareas fundamentales. En ocasiones, su participación en eventos como las marchas rosas o su presencia en otros fuera de la comunidad arrastran a más personas. Raro es el mes en el que no haya una cita gastronómica que sirva para recaudar fondos para alguna entidad o causa benéfica en la que las asociaciones de mujeres no se impliquen, ya sea elaborando migas, preparando chocolate con churros o vendiendo papeletas. «Para el voluntariado estamos las primeras, pero cuando hay fondos que manejar nos relegan», se queja García.

Comarcales

En un ámbito comarcal, siempre según el registro de Consejería de Hacienda y Administración Pública, desarrollan sus actividades 39 asociaciones de mujeres, solo once en la provincia de Badajoz y 28 en la de Cáceres.

Algunos colectivos locales se agrupan en entidades de mayor tamaño y presencia. La Guinda de Navaconcejo forma parte de la asociación comarcal de mujeres del Valle del Jerte, en la que hay más de 650 personas de los once pueblos de la comarca. Así, además de llenar de actividades las jornadas en sus municipios y hacer más agradable la vida en estas localidades, celebran reuniones periódicas para fomentar la unión y llevar acciones a todas las poblaciones.

Allaris, la asociación de mujeres progresistas de Llerena, se incluye en la Federación de Mujeres de la Campiña Sur. Su programa de actividades se centra en materias que conocen sus socias. Ellas son las que enseñan a sus compañeras, por lo que las clases se desarrollan en un ambiente muy cercano. «Somos unas 30 y todas tenemos más de 60 años», dice su presidenta Manuela Pardo, que también es secretaria de la federación comarcal.

La elevada edad media de las componentes de los colectivos es una constante en muchos de ellos. Por eso, uno de los retos que tienen por delante es implicar a las mujeres jóvenes. «Se van a estudiar fuera y no tienen la visión de que las asociaciones cumplen un papel básico y son las que dinamizan los pueblos; les tenemos que enseñar que son importantes», en palabras de la presidenta de Fademur, que también reconoce que habría que intentar rejuvenecer esta federación.

En una situación diferente se encuentra Amigas 1931, que ha buscado desde el primer momento contar con gente joven. La idea es que sean ellas las que en breve tomen las riendas del colectivo y continúen con la labor iniciada. «Estamos personas de todas las edades, pero hay un buen número de jóvenes, que deben tomar conciencia de que es necesario que luchen por su futuro», informa su presidenta.

El mayor número de municipios que hay en Cáceres puede influir en que haya casi el doble de asociaciones cuyo ámbito de actuación es local o municipal en esta provincia. Sin embargo, en Badajoz son mucho más numerosas las entidades provinciales.

«Las asociaciones de mujeres cumplen un papel básico; son las que dinamizan los pueblos»

«Las asociaciones de mujeres cumplen un papel básico; son las que dinamizan los pueblos» catalina garcía | fademur

«Hay personas que nunca habían salido del pueblo para temas de ocio»

«Hay personas que nunca habían salido del pueblo para temas de ocio» mar costa | clara campoamor

«No queremos entretener, buscamos ayudar y dirigimos los proyectos a gente con problemas»

«No queremos entretener, buscamos ayudar y dirigimos los proyectos a gente con problemas» Esperanza Lozano | amigas 1931

Con esa vocación, algunos de los colectivos proponen y organizan actos para los ciudadanos de varios municipios de su provincia. Los más habituales son los formativos e informativos. Un ejemplo es el proyecto que el colectivo Clara Campoamor tiene previsto comenzar en enero del próximo año. En coordinación con las ampas se desplazarán a 13 institutos de la provincia de Badajoz, la mayoría de la comarca de Don Benito, para impartir charlas y talleres sobre violencia de género e igualdad. Las acciones están dirigidas a alumnos de 12 a 16 años y a sus familiares. Han previsto que sea en horario de tarde para poder llegar a más gente.

Sobre una temática similar trabaja Amigas 1931, que realiza charlas en centros educativos, institutos o colegios. De estas ponencias se benefician tanto los estudiantes como los profesores que son los que, en ocasiones, demandan las conferencias para saber cómo enfrentarse a situaciones que se encuentran en sus aulas.

Regionales

Un total de 172 asociaciones reflejan en los estatutos que su ámbito de actuación es toda la comunidad autónoma. El número es muy parejo en ambas provincias, igual que sucede con el número total de colectivos de mujeres.

La Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (Fademur) también cuenta con un número cercano de entidades en Cáceres y en Badajoz. En funcionamiento desde 2007 en Extremadura, este colectivo busca que el mundo rural y sus mujeres tengan las mismas oportunidades que hay en otros espacios. «El objetivo principal que perseguimos es fijar población al territorio; las mujeres se van de los pueblos porque no tienen las mismas oportunidades», según su presidenta. Para acabar con esta desigualdad, uno de los principales puntos de presión de Fademur es trasladar la visión rural a la legislación y a los legisladores.

Sus caballos de batalla en este sentido son múltiples. El desarrollo de las infraestructuras, la apertura de líneas de transporte o el mantenimiento de farmacias, oficinas bancarias o centros médicos en las pequeñas poblaciones ocupan buena parte de sus reivindicaciones. «A quienes más afecta la desaparición de estos servicios es a las mujeres», apostilla la presidenta regional de Fademur, que considera que no se trata de ser heroínas por vivir en los pueblos, sino de hacerlo con comodidad.

Por ello, uno de sus primeros programas en la región consistió en la prestación de servicios de cercanía a través de cooperativas. Guarderías, cocina a domicilio o atención a la dependencia se enmarcan en este planteamiento. Así, más allá de la formación reglada, con la que pretenden ofrecer oportunidades profesionales a las mujeres independientemente de su lugar de residencia, desde Fademur también se apuesta por una docencia más lúdica y por fomentar la creación de empresas. «En esos cursos surgían ideas de negocio y pensamos que se podía generar empleo en los pueblos; nosotras asesoramos y acompañamos para ayudar a su puesta en funcionamiento», certifica la presidenta de la federación.

Con todas estas iniciativas, el conjunto de asociaciones de mujeres que desarrollan su labor en la región, no solo dinamizan la vida social y cultural de los extremeños, también son una herramienta para luchar contra la despoblación. Y por la evolución del sureste español, de la Raya y de Extremadura parecen más necesarias que nunca.

El reto de la formación en el ámbito rural

Los cursos y talleres que se desarrollan en los pueblos cumplen dos objetivos. Por un lado, ofrecen alternativas a la hora de ocupar el tiempo libre, pero también sirven para facilitar salidas profesionales a sus alumnos. «Creemos que la formación tiene que ser reglada y que sirva para obtener certificados de profesionalidad», manifiesta Catalina García, presidenta de Fademur.

Esta federación imparte formación en el ámbito rural que está prioritariamente dirigida a mujeres, aunque en algún caso aislado también acuden hombres. «Los certificados exigen que se imparta la formación en aulas homologadas y no es fácil, porque hay pueblos en los que solo hay un espacio y no se pueden homologar las aulas en más de una especialidad», lamenta García, que entiende que si eso no se arregla, es imposible que la formación de calidad llegue a todos los pueblos.

Las temáticas son muy variadas y van desde medio ambiente a prácticas sostenibles en agricultura y ganadería, pasando por cocina o huella de carbono, y en muchos casos responden a las demandas que hay en los municipios y a las peculiaridades del sector agroalimentario de cada zona.

 

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