Por qué no fui a la manifestación

CARLOS MARTÍNEZ-BLAY

No acudí a esta manifestación sobre el tren, conscientemente. Porque los partidos políticos convocantes son justamente los responsables de que en cuarenta años de democracia el transporte ferroviario en Extremadura sólo haya ido a peor. No son la solución, sino el problema.

Porque el llamado 'Pacto por el ferrocarril' identifica desde su propio documento fundacional un «tren digno» con una alta velocidad elitista, derrochadora (unos 15 millones de euros por kilómetro) y abocada al déficit mientras permite, por ejemplo, que se sigan levantando las vías de un eje vertebrador milenario como es la Vía de la Plata.

Porque cuando la movilización ciudadana es capitaneada y sufragada por un Gobierno contra sus propias políticas se convierte en una burda caricatura. Que la mayor manifestación de la legislatura en Extremadura haya sido promovida por sus administraciones debería darnos mucho que pensar sobre palabras como servilismo o red clientelar.

Viaje gratis, con bocadillo y parada en Xanadú, o visita posterior al mercado medieval de Cáceres. Esos son los reclamos de aquellos y aquellas a quienes no les importa el qué sino el cuánto. Políticos y sindicalistas «de clase» (alta) sujetando la pancarta, con la mirada puesta en sus respectivas elecciones.

Creo que se ha pretendido movilizar, paradójicamente, para desmovilizar, domesticar, adormecer a una sociedad civil que tolera pacíficamente, mansamente, que esta región continúe teniendo el índice de pobreza más dramático (alrededor del 40% de la población) y los salarios y pensiones más bajas del país.

¿Llegar a Madrid desde Cáceres, en un tren más caro para los pasajeros, en tres horas en lugar de cuatro es solución de algo? Quizá sirva, eso sí, para que la diáspora de extremeños y extremeñas sea algo más rápida.

 

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