Los motoristas de la Guardia Civil se examinan para custodiar a Valverde

Agentes motoristas de toda España se examinan en la Escuela de Tráfico para escoltar a los ciclistas en la Vuelta

Un aspirante se examina en el trébol de conos. :: / Brígido
Antonio Gilgado
ANTONIO GILGADOBadajoz

Hay que salir limpio del trébol. Girar los 360 grados sobre un cono naranja con la BMW 1.200 de trescientos kilos como si fuera una bici de juguete.

Moverse sin poner pie a tierra. Los cuarenta aspirantes van pasando con su peto dorsal blanco encima del uniforme. Los instructores toman nota. Cronometran, anotan cada apoyo indebido, los pivotes al suelo en los giros, la salida en seco en la rampa. «Todos los que vienen son muy buenos, pero tenemos la obligación de elegir a los mejores».

Felipe Pérez es capitán director de la Escuela de Tráfico de Mérida. Este miércoles le tocó ejercer de examinador. La Guardia Civil selecciona estos días entre sus motoristas a los integrantes de la unidad móvil de seguridad vial para la próxima Vuelta Ciclista a España.

Limpiar de tráfico las carreteras secundarias, acompañar a los coches, escoltar al pelotón, esquivar a los aficionados en los puertos... Mil peligros y agentes voluntarios de toda España para cumplir la misión. Pero solo hay plazas para veinte.

Tras al temido trébol, los aspirantes muestran su habilidad en ruta. Una vuelta completa al circuito de la Escuela siguiendo a un instructor y con un examinador detrás observando cómo trazan y maniobran.

Antes, han pasado por un examen tipo test sobre la reglamentación que rige La Vuelta y para finalizar una entrevista con el psicólogo de la agrupación.

El agente Dorado es uno de los tres extremeños que aspira a entrar. Pasión desde la cuna. Hijo y hermano de motoristas de la Guardia Civil ya le seleccionaron hace años. Renunció a última hora por razones personales. Repite para desquitarse. «Van los mejores y tú quieres probarte con los mejores».

De Don Benito llegó Óscar Pizarro. Quince años por las carreteras de La Serena. Siempre ha escuchado a los más veteranos hablar con orgullo de sus participaciones en la ruta ciclista y quiere probar.

Ha entrenado el pilotaje a poca velocidad. «Son motos muy voluminosas y cualquier error te penaliza».

El sargento Gavira seguía las pruebas sin perder detalle. El año pasado se integró en el equipo de La Vuelta y en verano repetirá como enlace con los medios de comunicación.

En total, aclara, se necesitan 58 motoristas para la prueba pero van entrando en grupos de veinte cada año. Se renueva un tercio en cada hornada para mantener el equilibrio entre agentes experimentados y debutantes.

Los mandos de cada unidad y los jefes provinciales, cuenta Gavira, animan a sus mejores motoristas a que se presenten. «Viene gente con muchos kilómetros y con fortaleza física suficiente para aguantar jornadas de catorce o quince horas pilotando».

Gavira ha integrado unidades en la Volta a Catalunya, en la Vuelta a Andalucía y en muchas pruebas ciclistas menores del sur de España.

Por su larga trayectoria sabe que la vida deportiva discurre por un mundo paralelo al de los agentes. Hay cientos de amenazas a tener en cuenta. No solo limpiar de obstáculos o comprobar que ni los más despistados interfieren en el paso de las caravana, también hay que vigilar, por ejemplo, los pasos de ganado, la señalización o el público.

A los 58 agentes en moto, se suman otros cuarenta del grupo de reserva y seguridad – protegen en las zonas de mucho público–, un helicóptero con cinco componentes y desde el año pasado un grupo antidrones. Todos quieren la foto aérea del pelotón en la carretera. Los drones empiezan a ser un problema y los agentes mandan una avanzadilla para evitar desgracias. «Somos una unidad de élite y no se improvisa nada».