Quiénes y sus motivos importan

BEATRIZ MUÑOZ

La Junta de Andalucía ha entregado los datos solicitados por Vox sobre la situación de las personas que trabajan en las Unidades de Valoración Integral de Violencia de Género y en los Equipos de Familia y las reacciones en contra no se han hecho esperar. En realidad, desde el mismo instante en que se realizó la solicitud a través de la Mesa del Parlamento Andaluz, partidos políticos y organizaciones sociales expresaron su preocupación.

Al sociólogo alemán Max Weber le interesaba el sentido que las personas dan a sus acciones, de tal forma que este define la naturaleza de la acción social. Lo ilustraré con un sencillo ejemplo. Imaginen dos parejas que deciden casarse mediante el rito católico. Una de ellas lo hace porque, siendo creyente, comparte la idea de que el matrimonio debe ser santificado por la Iglesia; la otra decide hacerlo porque la catedral de su ciudad o la ermita de su pueblo resultan ser un «marco incomparable» especialmente si se compara con el salón, menos vistoso, del juzgado o del ayuntamiento también de su ciudad o pueblo. En el primero de los ejemplos la razón para el matrimonio religioso se sitúa en un sistema de creencias, valores y normas religiosos; en el segundo, en valores estéticos, de manera que dos acciones que, inicialmente y en apariencia eran iguales, resultan ser distintas porque responden a razones distintas.

Los motivos, por tanto, son sustanciales y es por ello que detrás de la entrega de estos datos se hayan desencadenado la polémica y las quejas. Nadie con dos dedos de frente negará la necesidad de que quienes trabajan en la prevención de la violencia de género y en la intervención con las víctimas sean personas cualificadas para ello. Si el motivo es la mejora, nada hay que objetar; pero en el caso que nos ocupa, la solicitud ha venido precedida de indicios en forma de discurso político en torno a la violencia de género y las desigualdad también de género, que conducen a la sospecha sobre los verdaderos motivos: negación de las cifras de violencia de género, negación de la violencia de género invisibilizándola bajo otras denominaciones, negación de la existencia de las desigualdades de género reduciéndolas a una mera cuestión de ideas. en fin, negación de la realidad social y empírica. Me temo que aquí no cabe la equidistancia salvo que sea resultado de obviar lo que acabo de indicar. La mirada se ha focalizado en primer lugar en la atención a las víctimas de violencia de género y, al hacerlo, se traslada la idea de que esta ha sido y es «el gran chiringuito del país». No se trata de atacar a quienes trabajan con las víctimas, sino de atacar especialmente a todo el sistema de protección convirtiéndolo en una gran burbuja creada por los intereses espurios del lobby feminista bla bla bla. de esta manera, a su vez, se desdibuja la realidad y el problema. Importa el quiénes y sus motivos. ¡Claro que importa!

Me comentan que los Colegios de Médicos de Andalucía elogian la petición de datos de Vox sobre violencia de género porque es una garantía para todos los ciudadanos y para toda la sociedad sin que suponga ir contra las mujeres o los trabajadores. Ignoro hasta qué punto es ese pronunciamiento, si lo ha habido oficialmente, pero sin desmerecer la labor de forenses y otros especialistas de la medicina, quizá habría que escuchar también lo que dicen los Colegios Profesionales de Trabajo Social, Psicología, Sociología, Educadoras y Educadores Sociales, Terapeutas Ocupacionales. al fin y al cabo trabajan igualmente en el ámbito de la violencia de género, en su prevención e intervención, con conocimiento de la raíz del problema cuya naturaleza es, no olvidemos, sociocultural.