En Montánchez ya tenemos molinos

Horadar la sierra para realizar los parques eólicos supondría un brutal impacto ecológico de incalculables consecuencias

JUAN CALIXTO GALÁN CÁCERESFiscal-jefe en Badajoz

Vaya por delante que nos mostramos favorables a las energías renovables y de bajo coste. Otra cuestión es que ello repercuta realmente en la factura de la luz, algo que por el momento no deja de ser una quimera pese a la realidad de un panorama eólico y fotovoltaico bastante consolidado en el territorio español.

Somos conscientes de que, en algunos casos, la energía eólica ha sido una tabla de salvación para muchos municipios de Castilla León y también de la comunidad manchega por los moderados ingresos en materia de impuestos de actividades económicas y el de bienes inmuebles. Del mismo modo en Galicia y Andalucía existen un buen número de parques eólicos que convierten a estas 4 regiones en los líderes de esta tipología energética.

Basta una somera mirada a muchos de estos enclaves eólicos para darse rápidamente cuenta que los mismos se han construido sobre colinas o morras yermas, con muy escasa vegetación, en muchos casos en terrenos baldíos, y con ínfimo valor paisajístico, es decir, preservando una interacción muy razonable con el medio natural de muy parca incidencia.

Sinceramente, y todos lo sabemos, no es el caso de la Sierra de Montánchez que tiene un valor ecológico de formidables dimensiones por su diversa y rica vegetación (vides, olivares, castaños, huertas, almendros, dehesa, pastorías…) a la que se añaden un buen número de manantiales y senderos que proporcionan un enclave natural muy privilegiado por su diversidad de flora y fauna. A esto se une un patrimonio visual tan rico y extendido que hace que la sierra sea para los montanchegos y para miles de visitantes, un lugar ideal para el senderismo, el paseo, el ocio y el esparcimiento y un patrimonio consolidado a sus vivencias más personales e imprescindibles.

Pero defender la sierra en su estado natural no es meramente una cuestión sentimental o de apostar por la belleza, no ciertamente; es mucho más que eso.

Montánchez va indisolublemente ligada a su sierra, como la sierra al pueblo. Son partes de una misma cosa. Hablar de Montánchez es hablar de su sierra y de todo el ecosistema que compone la misma, y que implica un concepto de turismo sostenible que ha proporcionado más de 200 plazas hoteleras.

Por ello entendemos que la transformación que supondría acometer el parque eólico es totalmente incompatible con el modelo que tenemos acuñado, y que reconocemos que es francamente mejorable desde la perspectiva social y medioambiental con proyectos e ideas como el que defendió en su momento el antiguo y fallecido alcalde de Montánchez, Juan Rosco, que pretendía hacer de la sierra –sin alterar su naturaleza– un enclave de desarrollo deportivo a gran escala, con un emprendimiento empresarial que favorecería el turismo y la creación de puestos de trabajo, u otras que puedan surgir respetuosas con su original configuración.

Acometer los molinos eólicos es fracturar y perforar la sierra. Solo para trasladar los molinos hay que hacer unos viales de extraordinarias dimensiones. Finalizada la cirugía con el empleo obrero temporal, el personal se marcharía a su finalización y el control informático del parque no rebasaría los 5 puestos de trabajo, que se llevarían a distancia. El daño se habría consumado con la naturaleza arrasada y en el horizonte inmensas aspas con interferencias electromagnéticas en los sistemas de telecomunicación, tanto de telefonía como de televisión, y un impacto acústico de considerable calado a una población anexada a nuestra sierra.

El derecho al disfrute al medio ambiente y el deber de conservarlo nos corresponde a todos, personas e instituciones, e igualmente los poderes públicos deben velar por la utilización racional de los recursos naturales, como se consagra expresamente en nuestro texto constitucional en su Art. 45, pero este ámbito de protección genérico que hemos expresado y de vinculación colectiva parece avanzar ahora, y desbordar su carácter de principio rector constitucional a adentrarse de pleno en el marco de los derechos fundamentales.

Así lo ha afirmado ahora mi compañero Javier Ródenas (fiscal decano de Medio Ambiente de Las Palmas) en el digital de El Mundo del 10 de agosto de 2019, cuando expresa: «El progreso debe evolucionar al compás de un armónico equilibrio con nuestro entorno. Si se desnivela el desarrollo en detrimento de nuestro medio ambiente, nos dañamos todos un poco más».

Y parafraseando a Caballero Bonald «somos el tiempo que nos queda», y seremos el medio ambiente que conservemos.

Estamos seguros que esta instalación será mejor enclavada y muy bien recibida en otros lugares de nuestra querida Extremadura, cuya producción energética por cierto, ya de por si es francamente valorable.

En Montánchez ya tenemos molinos, alrededor de una quincena, de agua, en la preciosa ruta de los molinos que es recorrida a diario por multitud de personas.

Que el viento nos sea favorable… Por el bien de todos.