Monarquía o república

Vídeo mapping sobre los 40 años de Constitución en la fachada de las Cortes. :: E. R./
Vídeo mapping sobre los 40 años de Constitución en la fachada de las Cortes. :: E. R.

Crónica de un referéndum informal celebrado en Madrid

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

El domingo, en Madrid, junto a la estación de Metro y Cercanías de Delicias, unos jóvenes de entre 30 y 40 años celebraban un referéndum informal. Había que escoger entre república o monarquía. Entregaban una hoja contando de qué iba la consulta y razonando por qué era un buen momento para optar entre los dos regímenes políticos.

Yo iba camino del 'Matadero', donde se celebraba un mercado de productos de cercanía del que me habían hablado muy bien. Llevaba un gorro de lana, unos viejos pantalones grises de corte vaquero y un anorak marrón de Decathlon, es decir, mi atuendo era normal y pocas pistas podía dar sobre mí. Sin embargo, algo debieron de interpretar dos de los organizadores de la votación porque uno le dijo al otro: «A ese no le des información».

Me dejaron un tanto sorprendido. ¿Tanto se me nota en la cara que soy hijo del régimen del 78? ¿Denotan mis gestos que aquella Constitución me emocionó porque suponía vivir en libertad y significaba que mi país cambiaba por fin el paso uniforme y militar por otro más libre y diverso? ¿Tengo mirada de republicano o tengo mirada de monárquico? Según aquellos muchachos, más hombres maduros que chicos jóvenes, debo de parecer un integrado con pocas ganas de cambios sustanciales. Será la edad, pensé. O quizás sea algo más.

El sábado antes de esta anécdota del referéndum informal, una camarera me echó de una taberna porque no quería cenar a las siete de la tarde y gracias a ella pude asistir a una proyección sobre la Constitución. La verdad es que caminaba bastante molesto tras ser expulsado del bar por pedir solo una cerveza sin alcohol y paseaba sin rumbo fijo, camino de la Carrera de San Jerónimo, cuando escuché una música poderosa y el aviso de que comenzaba una proyección conmemorativa del 40 aniversario de la Constitución.

Aceleré el paso y pude llegar ante el palacio de las Cortes para unirme a un gentío que asistía al espectacular vídeo mapping de la foto, que proyectaba sobre las columnas y la fachada del Parlamento una historia audiovisual de los últimos 40 años. Al acabar el repaso a este periodo de Constitución, uno de los más largos y tranquilos de la historia de España, aplaudí tan emocionado como el resto del público, lo hice a mi manera, claro, golpeando mi mano sobre una pierna, pero aplaudí como el que más.

Sé que los errores recientes del rey emérito han sido graves, pero no olvido que cuando tenía 18 años, mis amigos y yo, todos rabiosamente rebeldes, recién expulsados de un colegio mayor y rechazados por los padres de nuestras novias por revoltosos, vimos en don Juan Carlos una barrera contra los intentos de cerrar las ventanas recién abiertas de la democracia, sentimos que el aire fresco, que nos hacía tan felices que preferíamos perder las novias a perder la ideología, llegaba, en gran parte, gracias a él y entendimos que la monarquía no era nuestro régimen ideal y que España mañana sería republicana... Pero mañana, cuando fuera necesario e imprescindible, no entonces y, quizás, tampoco ahora.

Supongo que todo eso vieron en mi cara los activistas del referéndum. De todas maneras, se equivocaban. Por un lado, deberían haber adivinado que, aunque mis emociones y recuerdos de juventud me hagan pragmática y sentimentalmente monárquico, la lógica me aparta de ese camino. Algo de eso debió de entrever otro animador del referéndum unos metros más adelante porque me miró detenidamente y acabó entregándome el folleto. Me gustó el gesto, me pareció muy... constitucional.

 

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