Una mina a cielo abierto junto al Rocío

Por unos años de expolotación minera no podemos venderlo todo: el entorno, el santuario, la salud, el patrimonio, e incluso el turismo. Lo que quieren vender es pan para hoy y hambre para mañana. Es destruir lo poco, o mucho, que Cáceres ya tiene ganado

ANTONIO L. DÍAZ GARCÍA

Una mina a cielo abierto a 600 metros del santuario del Rocío no se concibe, la Junta de Andalucía nunca hubiera iniciado tal procedimiento. Una mina a cielo abierto a 600 metros del santuario de Montserrat también es impensable, nadie se plantearía tal situación en Cataluña A esa distancia del santuario de Covadonga, el Gobierno del Principado de Asturias no hubiese permitido nunca que se plantease una mina a cielo abierto. Por las diferentes figuras de protección que tienen estos parajes como parques naturales o nacionales. Pero también por lógica y por el fuerte vínculo espiritual con sus gentes. Por eso en ningún caso la ciudadanía lo hubiese permitido. Lo mismo sucede en el entorno del santuario de la Virgen del Puerto de Plasencia. Está declarado como Paisaje Protegido, pero aunque no lo fuese, nadie concebiría una mina a cielo abierto a 600 metros de la ermita del Puerto, en Valcorchero, junto al hospital placentino.

En Cáceres sí se concibe una mina a cielo o 'a infierno abierto' a 600 metros del santuario de la Montaña y junto al núcleo urbano, a un kilómetro y medio del nuevo hospital, o de la residencia de ancianos. O al menos sí la concibe la Junta de Extremadura que desde el primer momento ha dado vía ancha al proyecto de mina de litio 'a infierno abierto', junto al santuario, junto a la ciudad.

En un principio también veía bien el proyecto el grupo municipal del PP que gobierna la ciudad de Cáceres. Después rectificó amparándose en que el Plan Urbanístico de Cáceres (PGM) no permitía ese tipo de explotación en ese lugar y a esa distancia de Cáceres. Lógico, el PGM protege unos parajes que tienen valores ambientales, paisajísticos y culturales. Y también por su estrecha relación con la ciudad, tal y como dice el PGM. El entorno está protegido urbanísticamente, con menos categoría que en Montserrat, en Covadonga o incluso que en el Puerto de Plasencia. Por tanto puede desprotegerse más fácilmente, tal y como buscan los promotores del proyecto y parece que espera la Junta de Extremadura.

Sin embargo estamos convencidos de que junto al santuario del Puerto de Plasencia, de la Virgen del Ara en Fuente del Arco, de la Virgen de Bótoa en Badajoz o de la Virgen de las Cruces en Don Benito, ni los ayuntamientos competentes ni la Junta de Extremadura nunca permitirían, ni siquiera tramitarían una solicitud de explotación minera a cielo abierto, 'a infierno abierto'.

No hace mucho el presidente de la Junta de Extremadura declaró respecto al proyecto de explotación de una mina de litio en el paraje de Valdeflores, en la Montaña, que «las cosas no se hicieron bien desde el punto de vista del planteamiento, desde el primer momento» y que «una mina pegada a tu ciudad no la quiere nadie».

Si las cosas no se han hecho bien desde el primer momento el presidente de la Junta estaría a tiempo de rectificar. En uso de las competencias que tiene sobre explotación minera, la Junta debería paralizar cuanto antes este desatino. Sin embargo la nueva consejera de Economía e Infraestructuras, en declaraciones a la prensa, sigue apostando, al igual que el anterior consejero, por que se desarrolle todo el procedimiento administrativo y ver qué puede suceder. La desprotección urbanística es difícil pero no se puede decir que imposible: los promotores de la mina aún tienen esperanzas.

Por unos años de explotación minera no podemos estar dispuestos a permitir la destrucción del entorno de la Montaña, las continuas explosiones y vibraciones y los ruidos junto al Santuario, junto al hospital nuevo, junto a la residencia de ancianos y otras infraestructuras. El polvo contaminante y peligroso para la salud. Las posibles afecciones a la Muralla de Cáceres.

Por unos años de explotación minera no podemos venderlo todo: el entorno, el santuario, la salud, el patrimonio e incluso el turismo. Lo que nos quieren vender es el pan para hoy y hambre para mañana, es destruir lo poco, o mucho, que Cáceres ya tiene ganado: un destino turístico consolidado, un entorno natural rico, una cierta calidad de vida. Es jugárnosla a una carta destruyendo el resto de la baraja, de lo que tenemos.

Un proyecto como este no tiene cabida ni en Montserrat, ni en Covadonga, ni en el Rocío, ni el Puerto de Plasencia, ni el entorno de la Virgen de Bótoa o de las Cruces. Una mina a infierno abierto tampoco puede tener cabida en la Montaña de Cáceres, junto al santuario, junto a la ciudad.

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