Medio siglo haciendo Extremadura

La Facultad de Ciencias de Extremadura viene cumpliendo con la misión que se le encomendó. En el transcurso de estos 50 años casi 46.000 estudiantes han pisado sus aulas y compartido la impronta singular del claustro de profesores

FRANCISCO J. OLIVARES DEL VALLEPrimer catedrático de Universidad Vernáculo en Extremadura

Yo tengo aquí que decirlo abiertamente. Desde la primera visita, que yo tuve el honor de recibir, al entonces gobernador civil –hoy en Salamanca–, al presidente de la Diputación y al alcalde; no fueron solamente los argumentos y los estudios, sino el tremendo entusiasmo real que reflejaban vuestras palabras, lo que me convenció, y no hubo una sola voz discrepante en el Gobierno cuando se trató del problema de esta Facultad de Ciencias de Badajoz, como no lo habrá el día en que, habiendo madurado esta Facultad, se trate ya de elevarla al rango definitivo de Universidad». Estas fueron las palabras pronunciadas por el ministro Villar Palasí, el 4 de noviembre de 1968, en el acto solemne de inauguración de la primera Facultad universitaria extremeña en Badajoz (Colegio 'Ramón Izquierdo', PP. Salesianos).

Desde entonces han pasado 50 años, en los que un colectivo sistémico, estructurado con innumerables y variados aspectos, sean estudiantes, docentes o investigadores, gestores, recursos y medios, o proyectos, han sabido y podido sostener empatías recíprocas, para beneficio de Extremadura.

No es asunto baladí mantener firme el rumbo de tan nutridos componentes, procurando que, transcurrido un tiempo relevante, la obra hecha embeba, sostenga y proyecte a la sociedad que la gestó. Porque tan complejo es el colectivo de los estudiantes (diversidad, educación, formación, aptitudes y actitudes, intereses, etc.) como el de los docentes e investigadores, predestinados al estudio y a la creación y transmisión del conocimiento. Y en este último caso, sometidos a severos condicionantes temporales, formativos, de preparación y competitivos. Por no hablar de la necesaria capacidad directora y gestora que deben tener los responsables académicos y el personal de administración y servicios, o del acierto y realismo responsable de los mandatarios políticos.

Pero está a la vista que la Facultad de Ciencias de Extremadura viene cumpliendo con la misión que se le encomendó. En el transcurso de estos cincuenta años, unos tras otros, hasta un total de casi 46.000 estudiantes, han pisado sus aulas y compartido la impronta singular del claustro de profesores. 6.500 egresados extremeños se han visto proyectados a la sociedad con el ímpetu que tan acertadamente glosara el profesor Laín Entralgo, Doctor Honoris Causa por la Universidad de Extremadura, «el recuerdo de lo que uno hizo, y por tanto la revisión aquiescente o denegatoria de eso que uno hizo, es condición necesaria para que la ineludible osadía de lanzarse hacia el futuro no sea un salto en el vacío», lo cual implica y resalta una siempre necesaria remembranza del pasado propio, que condiciona, inevitablemente, la estimación de las decisiones que en cada momento uno debe tomar.

Promociones de graduados y licenciados (químicos, físicos, matemáticos, biólogos, ingenieros químicos, enólogos, ambientalistas, estadísticos, biotecnólogos, etc.) pueblan nuestra geografía, procedentes de un Alma Mater común. ¿Podría dudarse acaso de la sustancial función cohesiva que desempeña nuestra facultad en la región extremeña? ¿Proyección a la sociedad? ¿Más?

¿Y qué podría decirse de los docentes? 1.500 han pasado por su claustro durante el medio siglo transcurrido. Hoy, 245 colaboran en la impartición de los 14 títulos en vigor. En su mayoría doctores (90%) con una notable cualificación y reconocimiento (un promedio por profesor de 3 a 5 sexenios concedidos por el MEC en investigación: hoy, 507 en total). El retorno económico obtenido por los investigadores de la Facultad de Ciencias, en concursos competitivos, ascendió a 43'5 millones de euros.

Bien mirado, con detalle y hacia la noche de los comienzos, constata que hubo de crearse, casi todo, desde la nada, a base de imaginación, tesón, minuciosidad y entusiasmo, y pletóricos de esperanzas, rehuyendo siempre el desánimo y la mediocridad, que son patologías frecuentes en toda empresa colectiva, de difícil dirección.

¿Se nos escapa, acaso, que el crecimiento personal y profesional debe compaginarse con el crecimiento simultáneo de un colectivo contextual y de unas infraestructuras accesibles? ¿No es cierto que las influencias culturales y sociopolíticas pueden condicionar severamente el desarrollo natural de un organismo múltiple basado, sustancialmente, en el estudio, la generación del conocimiento y su transmisión a la sociedad que lo sustenta?

Mi más sincera enhorabuena a la Facultad de Ciencias, en su cincuenta aniversario.

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