Máximo Pereira: «Con lo que era Almorchón, cómo lo tenemos que ver ahora»

Vecinos de Almorchón; en el centro, Máximo Pereira. :: brígido/
Vecinos de Almorchón; en el centro, Máximo Pereira. :: brígido

J. S. MÉRIDA.

Las obras de renovación de la línea Ciudad Real-Badajoz suponen una esperanza para la actividad de Almorchón, pero también una amenaza para su futuro. Así lo teme Máximo Pereira, quien llegó a ser alcalde de esta pedanía de Cabeza del Buey que hoy apenas tiene medio centenar de vecinos. Como indica, la modernización de las vías puede llevar a la desaparición definitiva de la estación y del núcleo urbano que se creó a su alrededor.

Una placa del parque de Almorchón recuerda su creación en 1866. Además de la línea de Ciudad Real a Badajoz, este punto acogía el inicio de una línea a Córdoba, lo que hizo del lugar un importante nudo ferroviario con talleres, fragua y decenas de trabajadores.

Máximo Pereira señala que cuando nació, en 1952, se entregaron 72 nuevas viviendas. En esos años asegura que Almorchón llegó a 3.000 habitantes. Había más de 200 niños en la escuela, economato, hotel, restaurante, médico y practicante y cuartelillo de la Guardia Civil.

En aquellos años Almorchón era la vía de salida de las minas del norte de Córdoba. Pero el cierre a los viajeros de esta línea supuso el inicio del declive. Hoy solo pasan al día tres trenes por sentido, y la vía a la capital cordobesa culmina en La Alhondiguilla para dar servicio a la central térmica de Puente Nuevo, en Espiel. Ya tiene fecha de cierre, en junio de 2020. Una herida más para Almorchón.