Matices

Todas y cada unas de las organizaciones políticas pasadas, presentes y futuras, no mueven un dedo, ni imprimen un solo papel sin pensar en la rentabilidad electoral de lo que están haciendo

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PEDRO DEL PINO

Se me raja el labio de la risa que me da cada vez que escucho a un partido político acusar a otro de electoralista. Este tipo de reproche se da con mucha frecuencia, pero el último, protagonizado por nuestros representantes en la Asamblea de Extremadura a raíz de la propuesta del PP consistente en «trasladar al Gobierno de España el apoyo del pueblo extremeño, a través de sus representantes, a la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española de manera firme, con la amplitud y duración que se requiera, para frenar el desafío independentista catalán.» ha sido tan rocambolesco, exagerado e inverosímil que, días después, todavía me sangran las comisuras.

Todas y cada unas de las organizaciones políticas pasadas, presentes y futuras, no mueven un dedo, ni imprimen un solo papel sin pensar en la rentabilidad electoral de lo que están haciendo. Todas diseñan sus estrategias con el 'fin superior' de obtener el favor de los electores. Si en algunas ocasiones pudiera parecer lo contrario, no lo duden, el motivo no es otro que la torpeza de los políticos de turno o, la mayoría de las veces, que a los intereses electorales de la formación de que se trate se anteponen los propios de los individuos que la lideran.

Vamos, hablando en plata, que lo único por lo que renuncian los partidos políticos al electoralismo son los personalismos. Ahí tienen ustedes a Sánchez como paradigma del todo por mí, que yo lo valgo.

Pero volvamos a nuestra querida y maltratada Extremadura. La iniciativa del PP no está exenta de la habitual busca de réditos, no nos vamos a engañar. Es como si uno dijera que va al trabajo todos los días por amor a la profesión, o por conciencia social para contribuir con el IRPF al desarrollo de esta sociedad, y obviáramos que también nos interesa el sueldo que nos ingresan en la cuenta a fin de mes. La mayoría no somos ni el Padre Rafael, ni la Madre Teresa de Calcuta.

Ahora bien, la postura del PSOE regional, apoyando la propuesta a la vez que la calificaba como trampa, es totalmente contradictoria, además de electoralista, porque el argumento para votarla es «no quedar retratados como una formación que se pone al lado de los independentistas». Vienen a decir que para no caer en la trampa, han decidido meterse en la trampa directamente, cuando la única postura coherente hubiese sido denunciar el ardid, si estaban convencidos de que lo era, y rechazarlo consecuentemente. ¿Falta de valor? Sí, miedo al retrato que los aleje del voto.

Y si faltaba alguien para aclarar tan inexplicable situación, el presidente de la Junta se apresuró a lanzar un tuit que lo embarbascaba aún más: «En la Asamblea de Extremadura se votaba algo sin matices, como es hoy la política en España, y la política territorial está llena de ellos.».

Se le olvidó escribir que el principal matiz que hoy se da en la política extremeña es que él sigue siendo el candidato de su partido a presidirla. Algo que para Vara tiene su importancia, créanme.