Manuel Pacheco se identifica con César Vallejo

Termino convencido de que Pacheco fueel mejor escritor del siglo XX de Extremadura,aunque las envidias de los escritoresburgueses lo excluyeron de sus antologías

ANTONIO VIUDAS CAMARASAMiembro de la Real Academia de Extremadura

Ventiún años sin Manuel Pacheco. Orfandad de un amigo. La lectura me ha llevado a julio de 1937. Valencia. II Congreso de Escritores. El 22 de febrero me entero por Lea Vélez de un poema inédito de Manuel Pacheco dedicado a Antonio Machado en 1959 en la revista censurada 'Acento cultural' que dirigía Carlos Vélez .

Me fijo en Antonio Machado articulista de guerra en 'La Vanguardia' de Barcelona, 'Hora de ESPAÑA' y 'El Mono Azul', defensor de la República con su pluma. Colaboraciones de guerra que buscan la paz. Al fondo «España, aparta de mí este cáliz». Unamuno en danza por las dos Españas, la burguesa y la de la lucha de clases. El gobierno republicano dividido. Los escritores unidos en la memoria del fusilado Federico García Lorca. Fernando de los Ríos (socialista republicano de Pablo Iglesias e institucionista de Giner de los Ríos) afirma ante los congresistas que cinco días antes de su discurso ante Negrín, se ha enterado dónde está enterrado Federico porque se lo han dicho soldados y milicianos en el frente de Granada. A ese Congreso asiste, pero no habla, César Vallejo, porque no le dejan ni José Bergamín, ni Ehrenburg ni Pablo Neruda, ni Rafael Alberti entre otros. César Vallejo se consuela con su amigo troskista León Felipe. Es julio de 1937.

Manuel Pacheco vive la guerra en el orfelinato de Badajoz y ve pasar fusilados por delante del teatro López de Ayala. Cuando cumple 18 años, ni por pobre ni por hijo de viuda, se libera de ser llamado por el ejército sublevado y llena de velas y libros sus cartucheras en el frente de Oyarzún. Pacheco no se entera de la muerte de César Vallejo ni de lo que hacen los escritores militantes de la República en Valencia. Pacheco solo lee, no escribe.

En la década de la posguerra José López Prudencio lo descubre y en la tertulia de Esperanza Segura se hace y lo hacen escritor un grupo de amigos intelectuales de Badajoz. Lee los libros prohibidos en el exilio intelectual de España, incluido Joyce, conoce clandestinamente la obra de César Vallejo e inicia una relación muy estrecha con sus corresponsales epistolares hispanoamericanos, escritores y escritoras.

La 'poesía montaraz' y surrealista de Pacheco se convierte en vallejiana. La poesía del compromiso de Arturo Serrano Plaja que alaba Antonio Machado en 1939 se quimifica en compromiso con el hombre en el verso pachequiano. Gracias a la biblioteca en la que sirve libros y a la librería La Alianza y a sus tan diversas cartas, está al día.

Lee todo, sobre todo literatura surrealista sin olvidarse de los escritores de Valencia, 1937: Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Octavio Paz, César Vallejo, Miguel Hernández, Dámaso Alonso, y al ausente Federico García Lorca y tantos otros. A unos los lee clandestinamente, a otros a golpe de novedad editorial que él mismo pide para la biblioteca pública.

Félix Grande le pide en 1989 un poema y le envía 'Prosema para hablar con la sombra de César Vallejo' y en él se ve, se nota, que César Vallejo y Manuel Pacheco son dos poetas gemelos. Pacheco se identifica tanto con la poesía de Vallejo que, homenajeando al peruano, se perpetúa a sí mismo.

Pacheco identifica la vida de Vallejo llena de penurias con su propia vida ausente de riqueza y a rebosar de pobreza. Ambos con sus lecturas de última moda reflejan su poesía de compromiso que tanto admiraba Antonio Machado en José María Morón Gómez ('Minero de estrellas y otros poemas', 1933) el poeta de los mineros de Río Tinto, y en el poeta militante herido en el Frente de Teruel, Arturo Serrano Plaja, autor de 'El hombre y el trabajo', 1938.

Leyendo treinta años después el prosema que escribió Pacheco recordando a César Vallejo recreo a los dos poetas «porque Dios sigue estando gravemente enfermo», «seguimos aprendiendo a no aprender», «porque venimos del agua blanca y nos vamos con el agua y no tenemos ni un espejo para mirarnos la cara» .

La palabra es el arma de los dos poetas. Pacheco se lo recuerda a Vallejo: «... la palabra se oculta en las raíces del verbo y desnudaste la palabra para que viviera golpeando el cuerpo y el alma del HOMBRE». Pacheco se identifica en el verso de Vallejo: «La cantidad enorme de dinero que cuesta ser pobre». Con buen tino Pacheco afirma que «España, aparta de mí este cáliz» es «lo mejor que se ha escrito sobre la guerra incivil de ESPAÑA: un libro limpio, puro, socialmente SOCIAL...».

Termino este recuerdo convencido de que Manuel Pacheco es el mejor escritor del siglo XX de Extremadura, aunque las envidias de los escritores burgueses lo excluyeron de sus antologías.

Lo que queda es lo que ha escrito Pacheco, no por que lo haya dicho él, pero Pacheco ha escrito que Vallejo «fue un libro blanco donde la vida escribía todas sus RESONANCIAS». Pacheco también es un libro blanco lleno de vida, y muchas resonancias.