Manual del buen pacto

Manual del buen pacto
MANUELA MARTÍNBadajoz

Las elecciones del 26M nos trajeron algunas sorpresas: una mayoría absoluta de Guillermo Fernández Vara en Extremadura que ni los socialistas esperaban y una derrota del Partido Popular en las ciudades de Cáceres y Badajoz que abre la puerta a un cambio en sus alcaldías. En ambos casos decide Ciudadanos. Si se inclina por la derecha, gobernarán Francisco Fragoso y Rafael Mateos; si lo hace a la izquierda lo harán Ricardo Cabezas y Luis Salaya.

¿Por quién se van a decantar? Los periodistas no dejamos de preguntarles por sus preferencias, pero hasta hoy no hay nada cerrado. Probablemente lo único seguro es que la decisión se tomará en Madrid. Serán Rivera, Villegas y Girauta quienes al final 'elijan' a los regidores de las dos capitales extremeñas. Con el añadido de Almendralejo, que está también pendiente de pactos.

Ciudadanos es un partido vertical (¿y cuál no?) en el que las decisiones importantes se toman por la dirección nacional. Su coordinador regional, Cayetano Polo, ya ha advertido que los pactos no tienen por qué ser todos en el mismo sentido. Podrían apoyar a un alcalde del PP en Cáceres y del PSOE en Badajoz. O viceversa. Ya no hay líneas rojas que impidan acuerdos con el PSOE. El veto a Pedro Sánchez del que hizo bandera Rivera en su campaña de las generales no rige para los aspirantes a alcaldes o presidentes de comunidad. Ahora lo que de verdad angustia a los dirigentes de Cs es la decisión sobre si pactar o no pactar con Vox. Temen que eventuales acuerdos con el partido de Abascal les pringue con el tizne de la ultraderecha y les dañe sus expectativas electorales a medio plazo. La firmeza de Manuel Valls, su candidato en Barcelona, en rechazar cualquier acuerdo con Vox les reduce el terreno de juego y les inquieta sobre manera porque no saben cómo acertar. ¿Entrando en gobiernos de coalición en los que se siente también Vox? Tendiendo un estricto cordón sanitario para ni siquiera rozarse con Abascal y sus concejales y diputados?

Rivera y su partido tienen las llaves que dan y quitan alcaldías y comunidades (como Castilla y León y Aragón), pero son llaves que les queman en las manos. Si dan paso a gobiernos que incluyan a Vox les van a acusar de abrirle la puerta a la derecha extrema; si pactan con el PSOE tendrán votantes decepcionados porque se alían con la izquierda. Es la maldición del partido bisagra. Nunca va a contentar a todos.

Lo que sí tienen derecho a exigir los vecinos de Cáceres, Badajoz y Almendralejo, sea cual sea su voto, es que sus alcaldías no sean el resultado de un cambio de cromos dentro de un tablero nacional. «Yo te doy Murcia y tú me das Badajoz y Cáceres»; o Albacete por Almendralejo más Villafranca.

Aunque el acuerdo se acabe firmando en Madrid deberían ser los candidatos de cada ciudad y las direcciones de los partidos en Extremadura los que midan y negocien los pactos. Y, por descontando, la negociación debería ser con transparencia. Que sepamos quién apoya a quién, por qué lo hace y a cambio de qué.

En España no estamos acostumbrados a los pactos políticos. Quizá por eso siempre que se produce alguno se desliza la sospecha de que detrás hay compensaciones inconfesables. La transparencia en la negociación y en su resultado es, además de una obligación democrática, la única manera de evitar que los electores pensemos que ha habido un chalaneo en el que se han puesto en juego contrapartidas que nada tienen que ver con el interés publico o, peor aún, que van contra él. Los vecinos queremos saber por quién se decantan quienes tienen la llave de los gobiernos municipales y qué programas respaldan. Sin trapicheos ni pactos bajo la mesa.