La mala versión de los pactos

Los ayuntamientos ya se han constituido, pero en Badajoz y Cáceres se ha negociado tarde y se ha negociado mal, siguiendo los designios caprichosos y estratégicos de Madrid

Salaya y Mateos, en el pleno de investidura del Ayutamiento de Cáceres. /Lorenzo Cordero
Salaya y Mateos, en el pleno de investidura del Ayutamiento de Cáceres. / Lorenzo Cordero
Pablo Calvo
PABLO CALVOCáceres

Los ayuntamientos echan a andar. 387 en Extremadura si tenemos en cuenta la salvedad de Cordobilla de Lácara, donde habrá que repetir las elecciones municipales. Alguno más, como el de Zalamea de la Serena, había quedado pendiente de tirar una moneda al aire. En otros, como los de Badajoz o Cáceres mismamente, no se ha llegado a tanto, pero no ha sido menor el nivel de incertidumbre sobre quiénes estarían al frente de las alcaldías de las dos capitales de provincia, que se ha prolongado hasta los últimos instantes. En la capital pacense, a Fran Fragoso le han aplicado reducción de contrato y solo estará dos años según el acuerdo alcanzado con Ciudadanos, que le tomará el relevo en 2021 (¿el 15 de junio también?) con Ignacio Gragera. Uno y (en el futuro) el otro se van a sentar esta legislatura en el sillón de alcalde gracias al voto de Vox. En la capital cacereña, el socialista Luis Salaya hace historia y sin embargo comienza con la sensación de ser alcalde por descarte, tras la incapacidad de populares y naranjas para firmar un documento conjunto de gobierno.

Echan a andar los ayuntamientos, digo, y lo hacen especialmente en estos casos con un mal sabor de boca, con la sensación de que a los partidos políticos se les ha visto demasiado la tramoya en su disputa por el poder. Las negociaciones que los ciudadanos les habían encomendado con su voto el 26M han derivado, sin embargo, hacia una mala versión de los pactos y una oportunidad perdida para ver las bondades de los gobiernos sin mayoría absoluta. Cuatro años son mucho tiempo, pero no resultaría extraño que, visto lo visto, en el futuro los votantes se vuelvan a apuntar a las mayorías sólidas, como las que disfrutan Mérida o Plasencia, con gobiernos de distinto signo por cierto, PSOE y PP, y se eviten así los melodramas de última hora.

PP y Cs han protagonizado de forma especial el sainete al que hemos asistido las últimas 48 horas. Se ha negociado tarde y se ha negociado mal, siguiendo los designios caprichosos y estratégicos de las direcciones de los partidos en Madrid, que han unido además los destinos de Badajoz y Cáceres sin atender a sus circunstancias ni a sus características, es decir, faltándoles al respeto a sus ciudadanos, a los que han tratado como una masa informe, tan solo necesarios en la medida que son votantes. Una vez que han tenido su voto, tras el 26 de mayo, se han dedicado al mercadeo atendiendo a sus intereses partidistas.

En este lance, salen especialmente mal parados los cuadros intermedios de estas formaciones, incapaces por lo que se ha visto de sustraerse a las directrices de Madrid, donde estos ayuntamiento solo eran moneda de cambio, peones a conseguir en una partida de ajedrez más amplia.

Y todavía sale más tocada la formación naranja. Cs ha tenido la oportunidad de hacer bandera de la negociación como partido bisagra, y sin embargo ha dado la impresión de verse superado a ratos y en otros pensar solo en los sillones, lo que se supone que venía a cambiar con la llamada nueva política.

En última instancia, en Cáceres las estructuras locales de Cs y PP parecen haber impuesto su criterio de madrugada, pero todo continúa en una nebulosa porque lo que también se ha llevado por delante este episodio de pactos es la transparencia que los representantes públicos, elegidos hace solo 20 días y que ayer tomaron posesión en nombre de esos ciudadanos que les han votado, deben tener con sus convecinos, explicando de forma clara las decisiones que han adoptado y por qué.

Pero los ayuntamientos ya están constituidos, otros de forma peculiar como el de Jerez de los Caballeros, con un tripartito de PP, Cs y alcalde de Podemos, en una extraña interpretación del sentir de las urnas, aunque también cabe preguntarse qué es lo que ha llevado a tres formaciones como las mencionadas a unirse, salvando ideologías y amenazas de expulsión, con tal de no permitir un nuevo gobierno de la ya exalcaldesa socialista, Virginia Borrallo.

La mayor pluralidad de partidos en los ayuntamientos que en general dejaron las urnas del 26 de mayo debería servir para enriquecer la política municipal, no para entorpecer; debería sumar, no solo añadir ruido. Las únicas líneas rojas para los acuerdos deberían ser los intereses generales de la ciudad, las mejoras orientadas a los convecinos.

Por último, un reconocimiento a los cientos de alcaldes y miles de concejales que han dado un paso adelante y dedicarán tiempo y esfuerzo durante los próximos cuatro años en lograr el bien común en sus comunidades. Especialmente para aquellos que desempeñarán su labor en los municipios más pequeños, en los que su trabajo apenas contará con una compensación económica. Lo mejor de la política local es que los municipios son entes vivos que obligan cada día a pasar de las musas al teatro. Toca pasar a la acción y trabajar, con pactos o sin pactos.