Luchar contra los elementos

Luchar contra los elementos
JOSÉ LUIS GIL SOTO

Tal día como hoy partió la Gran Armada (luego se dio en llamar Armada Invencible), del puerto de Lisboa rumbo al canal de la Mancha. Hemos hablado en Viento del Este de ese episodio, ya saben, el proyecto de Felipe II de bloquear el Canal para que pasaran a Inglaterra los tercios de Flandes y que se dieran un paseo por Londres para dar un escarmiento a la que había sido su cuñada, Isabel I Tudor.

Después, cuando ocurrió el desastre y sus barcos se estrellaron contra los acantilados irlandeses empujados por un terrible temporal, quedó para la Historia una frase que en realidad no está demostrado que Felipe II dijese nunca: «no mandé a mis naves a luchar contra los elementos».

La dijese o no la dijese, la sentencia ha quedado grabada para siempre en el imaginario colectivo español y es siempre utilizada cuando alguien quiere poner paños en la frente de su propia derrota atribuyéndola a agentes externos que nada tienen que ver con sus propios errores. Es, por así decirlo, el máximo exponente de la ausencia de autocrítica.

Eso debieron pensar el domingo por la noche muchos de los dirigentes políticos en las más diversas demarcaciones, tanto en lo que se refiere a las elecciones autonómicas como a las municipales y, en mucha menor medida, las europeas. Por un lado, el Partido Popular, salvado por los pelos gracias a Madrid y a algunos pactos de carambola, identifica los elementos con la aparición de Vox y la sangría de votos desperdiciados en un proyecto que se ha desinflado bastante desde las autonómicas andaluzas hasta las del 26M.

En clave regional caber preguntarse qué elementos son los que han llevado a Vox a despeñarse y quedarse sin diputados con veintitantos mil votos que no han sido suficientes. La fragmentación, tan advertida, ha servido para dar la mayoría absoluta a Guillermo Fernández Vara, pero. ¿solo la fragmentación ha sido la causante?

Después del desastre de la Armada Invencible, lo de los elementos fue la culpa externa pero cuando los historiadores han analizado convenientemente aquel episodio coinciden en que, si el Marqués de Santa Cruz no hubiera perecido en Lisboa, la cosa hubiese pintado de otra manera. Lo había sustituido el Duque de Medina Sidonia y a su torpeza e inexperiencia como marino atribuyen buena parte de la culpa que no tuvieron los elementos.

Es cierto que en este país el mejor amigo del hombre es el chivo expiatorio, pero no lo es menos que las cosas no ocurren por casualidad. Y es que la culpa siempre es de otros o de las circunstancias o, como decía Flaubert en 'Madame Bovary', de la fatalidad. Aunque sea de puertas para adentro, la autocrítica debería ser en los próximos meses el mejor amigo del hombre, entendiendo por hombre el líder político, porque salvo Sánchez y los suyos, ninguno de los demás ha hecho otra cosa que lamentarse de no haber mandado sus naves a luchar contra los elementos.