Cómo luchar contra el acoso escolar

El año pasado se denunciaron 188 posibles casos de acoso escolar, 38 se consideraron reales. :: HOY/
El año pasado se denunciaron 188 posibles casos de acoso escolar, 38 se consideraron reales. :: HOY

En el curso 2017/18 se produjeron 38 casos, once de ellos de ciberacoso | El centro escolar debe formar un equipo para determinar si la denuncia es real y, si es así, imponer medidas disciplinarias

Natalia Reigadas
NATALIA REIGADASBadajoz

Esta semana HOY ha publicado el testimonio de Domingo Rivero y Sara Aparicio, los padres de una estudiante de Badajoz de 16 años que se niega a volver a clase porque dice que tiene miedo a sus compañeros. Finalmente, sin embargo, el colegio concluyó que no había acoso escolar. La denuncia, sin embargo, hizo que muchas familias mostrasen su preocupación por la convivencia en las aulas. Quieren saber que sus hijos van al colegio tranquilos y felices.

Para garantizar esto, la Junta de Extremadura cuenta con un plan de actuación sobre acoso escolar. Incluye medidas de prevención, consejos para detectar estas conductas y un protocolo para actuar ante un posible caso. Este consta de tres fases sin un plazo de tiempo determinado. En el caso de Badajoz, la familia de la afectada se quejó porque no obtuvieron respuesta en mes y medio.

Según los datos de la Consejería de Educación, durante el curso 2017/2018 en los centros educativos de la región se registraron 188 denuncias por posible acoso escolar. Solo 38 casos fueron confirmados como reales, 27 de ellos tipificados como 'bullying' y 11, como ciberacoso. Es decir, de cada 10 denuncias que se realizan, solo 2 son consideradas acoso.

El protocolo incluye cuestionarios para la víctima, el agresor, las familias y los testigos

¿Cómo se toma esta decisión? La primera de las tres fases es la detección. La denuncia puede llegar al colegio o instituto de diversas maneras. Puede darse cuenta un profesor, la víctima pide ayuda, un compañero suyo lo denuncia, sus padres lo detectan o incluso llega directamente de la inspección de educación o de la Fiscalía de Menores cuando hay una denuncia ante la policía.

Inmediatamente se activa la segunda fase: la observación y el análisis. El primer paso es que el equipo directivo se reúna con el tutor de los alumnos implicados, tanto la víctima como el agresor o agresores si es que hay varios. En ese encuentro deben adoptar una serie de medidas preventivas. Por ejemplo, pueden nombrar un profesor que tenga que supervisar a la víctima para que esté protegida. Tras esto, la dirección de la escuela debe informar a todos los afectados: la víctima, su familia, el agresor y la familia de este.

Toda esta fase se realiza, según el protocolo oficial, de forma confidencial para evitar que la denuncia acabe con represalias hacia el denunciante.

A continuación se constituye un equipo de valoración, un grupo que tendrá que investigar y aclarar lo que ocurre. Debe contar con un miembro del equipo directivo del colegio, un orientador (equipos de orientación educativa y psicopedagógica), un educador social (solo en los institutos) y un profesor del centro que conozca bien a los alumnos.

Una vez conformado este equipo, la escuela debe informar del caso a la inspección educativa y comenzar a recoger información. La investigación se realiza entrevistando a todas las partes afectadas. El protocolo incluye unos cuestionarios que el equipo de valoración debe plantear a cada uno.

¿Qué hay que preguntar?

El cuestionario para la víctima incluye unos consejos para los entrevistadores. «Las situaciones de maltrato no suelen evidenciarse ante los ojos de los adultos. El alumno víctima no suele reconocerlo, por ello conviene hacerle saber que esta situación no debe ocultarse, hacerle sentirse seguro, valorado y eliminar sentimientos de culpabilidad». En cuanto a las preguntas, este documento incluye: «¿Qué ha ocurrido?, ¿cuándo y dónde?, ¿por qué crees que lo hacen?, ¿quién conoce la situación?, ¿hay alguien que te protege? o ¿tú, que es lo que haces cuando esto sucede?, entre otras cuestiones.

Hay un modelo ligeramente distinto, también para todos los implicados, cuando hay indicios de ciberacoso. En estos casos se propone a los investigadores preguntar por el medio que usan para difundir la información y si conoce la identidad de los responsables, ya que los ataques pueden ser anónimos.

La guía para consultar a la familia de la víctima y el agresor se centra en preguntarles qué conocimiento tienen de los hechos y qué conductas han observado en sus hijos.

En cuanto al agresor, el protocolo oficial recomienda no hacer preguntas directas y contrastar sus respuestas. «Como los agresores suelen desmentir la acusación que se les atribuye, no bastará solo con preguntarle a él, sino que debemos indagar por otros medios para esclarecer los hechos», dice la guía.

En cuanto a las preguntas, la guía recomienda consultar al acusado: ¿Cómo te va en el centro?, ¿cómo te llevas con tus compañeros?, ¿por qué crees que algunos chicos maltratan a otros?, me han dicho que el otro día hubo un incidente.... o ¿cómo crees que se siente el acosado?, entre otras cuestiones.

Por último, el proceso anima a los investigadores a entrevistar a los observadores, alumnos que, en muchos casos no han participado, pero se han reído o no han ayudado cuando han visto acoso. A estos, la guía propone preguntarles: ¿Consideras que las agresiones entre compañeros son un problema en este centro? o ¿conoces a alguien que recibe burlas o se burla de los demás?

Tras las entrevista se abre la tercera fase, la intervención. El equipo de valoración toma una decisión. Cada miembro debe rellenar un documento detallado, pero la pregunta vital es la última. Deben marcar una de estas seis opciones: 'sí, sin dudar, es acoso o ciberacoso', 'sí, con dudas, es acoso', 'no es acoso', 'no es acoso, es un conflicto serio', 'no es acoso, se trata de una agresión puntual' o 'no es acoso, es un conflicto simple'.

Finalmente, la directiva del centro elabora un informe que remite al Servicio de Inspección Educativa y se informa a los afectados. Si no hay acoso, se cierra el proceso, aunque se recomienda al centro llevar a cabo acciones de prevención y sensibilización.

Si se confirma el acoso escolar, se toman medidas disciplinarias contra el agresor, se establece un plan de intervención y se elaboran medidas específicas para proteger y apoyar a la víctima.

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