Una lucha que sume

Una lucha que sume
Ana B. Hernández
ANA B. HERNÁNDEZ

Soy más material que espiritual, mucho más concreta que abstracta y, por eso, tiendo a inquietarme cuando no entiendo bien lo que se me plantea. Ya me pasaba en el cole cuando un profesor encargaba un trabajo, pero no explicaba con claridad qué era exactamente lo que quería. Y es lo que me ha pasado estos días cada vez que he acudido a una rueda de prensa para conocer, y después contar en el periódico, los motivos del 8-M. Entiendo la necesidad de celebrar el Día Internacional de la Mujer, sé que será fantástico cuando no sea preciso, y estoy convencida de que queda aún un camino por recorrer, a pesar de los muchísimos logros conseguidos, para que hombres y mujeres, para que todas las personas, tengamos la misma igualdad de oportunidades que haga posible que cada cual viva la vida que elija independientemente de lo que marquen los cromosomas. Y que, mientras no llegue esa igualdad, el 8-M debe continuar.

Porque es preciso que la maternidad no suponga un obstáculo para el desarrollo profesional y que la conciliación haga posible de verdad compaginar el trabajo con la vida familiar, y que la capacidad y el deseo de la persona, nunca su género, determinen el acceso a los puestos de dirección y que las mujeres que se ven abocadas a cuidar solas de sus hijos o de sus familiares tengan esa ayuda que les permita vivir y no sobrevivir, y que nunca más un desalmado agreda a una mujer.

Pero de la misma forma entiendo que los hombres aborrecen igualmente a los desalmados, tienen derecho a disfrutar de la paternidad y a conciliar como las mujeres y tener ayudas si son ellos quienes se ocupan de hijos en solitario o de personas mayores que tengan a su cuidado. No creo que haya que ponerles de frente sino al lado, ni convertir una lucha por la igualdad en una batalla de géneros. Me desconcierta cuando un amigo me dice que a veces siente que tiene que pedir perdón por el solo hecho ser hombre, me molesta que, cuando una mujer no alcanza el objetivo profesional que se propone, la excusa sea que compite contra un hombre o que ni siquiera lo intente porque ya da por hecho que va a perder la competición, y me chirría de igual forma ver gobiernos con mayoría de hombres que con mayoría de mujeres. Yo quiero un gobierno de los mejores.

Quizás por eso cuando escuché a una de las organizadoras de los actos reivindicativos que el objetivo de la huelga era demostrar que «sin las mujeres ni se produce ni se reproduce», sentí que estábamos más en la batalla que en la lucha, porque las consecuencias serían idénticas si los hombres parasen. Y lo peor de todo es que igual que hay hombres que sienten que tienen que pedir perdón por el hecho de serlo, hay mujeres que no se atreven a decir que no están de acuerdo con un movimiento que nos lleva a una batalla contra los hombres en lugar de a una lucha de todos y todas por la igualdad. Porque parece que la consigna es conmigo o contra mí.

Yo creo que esta sociedad sería muchísimo mejor con más mujeres trabajando y liderando, porque somos capaces de todo sin dejar de ser diferentes a los hombres. Pero quiero una lucha por la igualdad de oportunidades que sume y deje de restar.