La limpieza que nadie se atreve a hacer

Operarios de Limpiezas Extremas limpiando en la calle Afligidos de Badajoz. :: J. V. Arnelas/
Operarios de Limpiezas Extremas limpiando en la calle Afligidos de Badajoz. :: J. V. Arnelas

Un extremeño crea una empresa que limpia en caso de muertes violentas o síndrome de Diógenes | HOY los acompañó en un bajo del Casco Antiguo de Badajoz

J. LÓPEZ-LAGOBADAJOZ.

En la película 'Pulp Fiction', de Quentin Tarantino, hay un personaje interpretado por Harvey Keitel llamado Señor Lobo. Se encarga de limpiar cualquier escenario donde haya ocurrido un crimen y que no quede huella de lo sucedido. Miguel Sánchez Acevedo, de Puebla de la Calzada (Badajoz), 32 años, tiene mucho que ver con el Señor Lobo. La empresa que creó hace ya casi dos años acude a limpiar donde nadie quiere limpiar.

Se le ocurrió porque su pareja es forense y trabajaba en lugares donde había que hacer levantamientos judiciales de cadáveres. «Muchas veces la muerte es violenta y por suicidio, lo que deja rastro de sangre. Otras veces ocurre lo que se denomina muerte natural desatendida, cuando alguien fallece y pasan días o semanas hasta que los vecinos se dan cuenta por el olor. Le pregunté a mi pareja quién limpiaba después estos lugares. No tenía la respuesta y entonces vi un nicho de mercado. Por norma general los familiares no quieren hacerse cargo de esta tarea», explica este emprendedor extremeño que llamó a su empresa Limpiezas Extremas.

Aunque en su tarjeta de visita aparecen categorías como 'Homicidios' o 'Suicidios', principalmente esta empresa de la región se dedica a casos de síndrome de Diógenes, cuando el inquilino acumula enseres y objetos en casa de forma caótica; o síndrome de Noé, en el que hay obsesión por vivir con animales, muchos de ellos desatendidos y que por tanto llenan de heces la vivienda, por citar uno solo de los efectos. Ambos casos están descritos como enfermedades mentales y por eso suelen ser familiares o asistentes sociales los que dan el aviso y contratan el servicio de esta empresa extremeña. En estos días está abriendo delegación en Chiclana de la Frontera (Cádiz) porque principalmente opera en Andalucía, aunque hace presupuestos por toda España.

Su pareja es forense, le explicó el estado en que quedaban algunos lugares y vio un nicho de mercado

Para Miguel Sánchez, el panorama con el que se encuentra antes de iniciar cada encargo no es el más agradable. Entiende las barreras mentales que pueden surgir en propietarios y familiares que tienen que limpiar una casa después de un hecho luctuoso, como una muerte violenta, un suicidio o un incendio. «Yo mismo estoy nervioso la primera mañana cuando toca ir a una casa», reconoce.

Hace unos días un encargo en una casa que había sufrido un incendio en Cádiz y había que dejarla como si no hubiera ocurrido nada, y otro en la calle Afligidos del Casco Antiguo de Badajoz. En este caso HOY acudió a ver cómo trabajaban.

Miguel Sánchez, de Puebla de la Calzada
Miguel Sánchez, de Puebla de la Calzada / J.V. ARNELAS

La vivienda es un bajo lleno de colchones, somieres, una bañera desmontada, restos de comida, chatarra, escombros y basura, en un lugar donde no hay luz ni agua componen el escenario de su trabajo, todo un desafío para cualquier grupo de primos y cuñados del propietario dispuestos a echar una mano. Según cuenta Miguel Sánchez, aquí no se atrevería a entrar una empresa de limpieza convencional. «En estos casi dos años hemos tenido ya entre cuarenta y cincuenta encargos y muchas veces llegamos después de que otros hayan abandonado», afirma.

La tarea que tienen entre manos en la zona antigua de Badajoz son 250 metros cuadrados en los que apenas se ve el suelo. El lugar es seguro porque un técnico municipal lo ha certificado, pero es inevitable sentir miedo al adentrarse en un sitio tan deteriorado. El dueño vive en el otro extremo del país y les ha encomendado un lavado de cara a fondo. Tardaron tres días en despejar el lugar.

Un grupo electrógeno se encarga de dar luz a varios focos y una máquina de ozono neutraliza los olores, algo que en muchas ocasiones es indispensable. De momento, no han aparecido ratas ni colonias de insectos, pero todo es cuestión de tiempo. «Suelen refugiarse en donde hay calor. En otras ocasiones yo me he encontrado nidos de cucarachas dentro del mecanismo de una alarma o incluso en el interior de ordenadores y televisores», detalla Sánchez, que antes de este trabajo se ha dedicado al sector porcino, entre otras ocupaciones.

Limpieza en el interior de una casa de la calle Afligidos
Limpieza en el interior de una casa de la calle Afligidos / J.V ARNELAS

Por el interior de la casa de la calle Afligidos sus empleados siguen a lo suyo con un ritmo metódico. Son media docena de trabajadores con mascarillas y gorros y batas blancas que se afanan en llenar sacos y dejarlos ordenados para cuando llegue el vehículo de recogida. Lógicamente van con guantes, que son de mayor o menor grosor según la entidad de la tarea. «Lo primero que preguntamos si ha habido un cadáver es si la persona ha muerto por una enfermedad infecciosa porque esto nos obliga a tomar otro tipo de precauciones», explica el jefe.

Un paso hacia la normalidad

En general, los vecinos cercanos los reciben con los brazos abiertos, si bien una de las consignas que da a sus empleados es la discreción, de ahí que no contesten a preguntas de curiosos cuando están trabajando. Otra regla, añade, es separar los residuos que luego han de ir a un punto limpio o a una planta especializada de reciclaje, como ocurre con los escombros o incluso con restos de sangre o del cuerpo humano, por lo que llevan contenedores biodegradables que luego se queman.

Como es de esperar, en un trabajo tan aleatorio la cuadrilla de Limpiezas Extremas encuentra de todo. «Hemos visto miles de botellas de plástico o de cajetillas de tabaco vacías, otra vez sacamos veinte jamones de una casa que había que tirar y también frigoríficos enteros con cosas dentro, ya que por lo general no hay luz en la casa y la comida se pudre (...). Solo suelen estar presentes algunos familiares cuando esperan que aparezca dinero, pero de momento eso nunca ha ocurrido. Por otro lado, aunque también se usan palas, gran parte del trabajo se hace a mano porque a veces algún familiar nos pide a ver si encontramos algún objeto que tiene valor sentimental. En general, no recomendamos que esté la familia. Lo que sí notamos es que suelen quedar muy agradecidos porque dejar limpia una casa suele ser el primer paso para recuperar la normalidad».