Los libreros piden a la Junta que impida a los colegios comprar a las editoriales

Las librerías continúan notando el descenso en la venta de los libros escolares. :: david palma/
Las librerías continúan notando el descenso en la venta de los libros escolares. :: david palma

Denuncian «la competencia desleal» a la que tienen que hacer frente por el «intrusismo» de algunos centros concertados

ANA B. HERNÁNDEZ PLASENCIA.

Un año más la polémica regresa con la llegada del nuevo curso escolar. Porque un año más, dicen los libreros, tienen que enfrentarse a la «competencia desleal» de algunos centros educativos, especialmente concertados.

«Porque no cumplen la normativa de comercio y, sin embargo, pueden vender libros de texto», explica José María Casado, presidente de la Asociación de Libreros de Extremadura.

Es el motivo por el que desde la organización reclaman a la Consejería de Educación que controle el destino de las becas que da para la adquisición de los libros escolares e impida que los centros compren directamente a las editoriales.

Aunque son mayoría los colegios que hoy dedican el dinero que les llega de las becas a la compra de los textos en las librerías de su localidad, como exige la Junta, los libreros mantienen que hay otros que las destinan a adquirirlos de forma directa a las editoriales. «Subastan el dinero con el que cuentan entre la editoriales y optan por los libros que les salen más baratos», señala Casado. «Es un trato de favor a los centros en detrimento de las librerías y estamos indefensos», añade. Además, porque mantiene que las condiciones de venta en unos y otros poco tienen que ver.

«La mayoría no tiene un local abierto al público durante todo el año, ni su actividad empresarial es esa, ni tienen el personal para la misma... No competimos en las mismas condiciones», resume Casado.

Los libreros reconocen que con el sistema de préstamos que posibilitan los bancos de libros escolares la venta de los textos ha ido descendiendo en la región. De tal modo que es el propio colegio el que reparte los libros que va aglutinando entre los alumnos becados y también entre los que no lo están a medida que el banco va contando con fondos suficientes.

«Pero cada curso se tienen que adquirir nuevos libros para ir completando el banco y reponiendo aquellos que ya están muy utilizados», recuerda un librero placentino. Por eso reiteran la necesidad de que la Junta controle el destino de las becas que da para los libros (120 euros en Primaria y 150 en Secundaria), que exija a los centros que las dediquen a adquirir libros en las librerías y no en las editoriales y que retire las ayudas a los centros que no cumplan. «Y si se les deja vender libros, aunque no es su actividad, como está ocurriendo, que se les obligue a hacerlo en las mismas condiciones que tenemos nosotros», zanja el presidente de los libreros extremeños.

En definitiva, que la Administración «ponga orden y que nos respalde en una de las mejores épocas para muchas librerías». A juicio de José María Casado, no hacerlo pondría de manifiesto una «actitud hipócrita» por parte de la Junta. «Dice que hay que ayudarnos como centros de cultura, especialmente en localidades pequeñas, y a la hora de la verdad, cuando se trata del grueso del negocio para muchos establecimientos, no lo hace», argumenta el presidente de un sector que cuenta con cerca de 500 puntos de venta en Extremadura y del que viven más de un millar de familias.

Actividad lucrativa

Sin embargo, la Junta recuerda que, frente a las demandas de los libreros, un informe de los servicios jurídicos de la Consejería de Educación y Empleo resuelve, literalmente, «a favor de la venta de libros por los centros concertados, siempre que se cumplan los requisitos previstos en el ordenamiento jurídico. No obstante, tales actividades y sus cuotas deben ser autorizadas por el Consejo Escolar y comunicadas a la Administración. Lo que nunca podrá efectuar ningún centro concertado es ofrecer libros fuera del ámbito escolar».

En el mismo sentido, añade también la consejería, concluye un informe de una administración local, que señala que no existe competencia desleal ya que «los colegios actúan como consumidores finales, y no como libreros o distribuidores, que adquieren directamente los libros de texto para defender los intereses de los padres de los alumnos evitando intermediarios y consiguiendo un bajo coste».

Pero libreros consultados aseguran que los colegios hacen de intermediarios entre las editoriales y padres de los alumnos y que esta actividad les reporta un beneficio económico aunque puedan poner en algunos casos los libros a menor coste que en una librería. «Pero está claro que es un negocio; los centros que venden libros piden cada curso un buen número de ellos, frente a los que no los venden, que hacen que los padres tengan que adquirir los cuadernillos de trabajo y poco más, porque trabajan para que su banco de libros funcione de verdad en favor de sus alumnos, los becados y los que no lo están».

También desde la federación de asociaciones de padres Freapa se considera que los centros educativos no deberían vender los libros de texto. «Es una competencia desleal a los libreros, porque no cumplen las mismas condiciones que ellos y, por tanto, se trata de una práctica que debería corregirse», valora el presidente Joaquín León.

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